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Tras la tragedia del “Kursk” Putin reconoce el pésimo estado del país
El eterno retraso

La demografía en Rusia desciende vertiginosamente. Este año hay 800.000 habitantes menos que el año pasado, porque el índice de natalidad es cada vez más bajo, y ha aumentado la mortalidad por el alcohol que causa enfermedades cardiovasculares o muertes violentas como accidentes de coche, homicidios y suicidios.

Los jóvenes cada vez consumen más drogas por no ver cómo se derrumba todo a su alrededor, y esto hace que se incremente considerablemente la criminalidad. La dureza del clima y la falta de recursos arrebata la vida a muchas personas que viven en la extrema pobreza. La degradación del sistema sanitario también ha contribuido a que la esperanza de vida sea de 58 años para los hombres y de 68 para las mujeres, cuatro años menos que el año pasado.

Hay 50 millones de rusos que viven por debajo del índice de pobreza, la pensión de jubilación media está por debajo del ingreso mínimo vital, los médicos, maestros y militares reciben salarios ridículos, o sufren impagos o retrasos, o ambas cosas a la vez. Y un 14% de la población está en paro, según datos oficiales, aunque hay más gente.

Los rusos se han acostumbrado a carecer de todo, han aprendido a valorar la tierra y a sobrevivir desarrollando una solidaridad familiar y una ayuda mutua basada en criterios no mercantiles. Hoy en día, un 80% de las transacciones comerciales interiores son mediante el trueque. Esto no es una economía liberal ni comunista, sino tradicional y comunitaria.

La eterna conciencia de carencia, la falta de incentivos, y la necesidad de un Estado protector han condenado a Rusia al retraso y a la debilidad generando personas resignadas, sumisas, escépticas y acríticas.

 


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