Anuario 2002

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Lenta y caótica transición en el Afganistán postalibán
Opio, el oro afgano

Desde la caída en noviembre del régimen de los talibán, Afganistán ha visto renacer el cultivo de la flor de adormidera, cultivo que, pese la promoción inicial que había realizado el gobierno integrista afgano durante el periodo 1996-2000 (se consideraba que la heroína sólo era consumida por “infieles”), había sido casi erradicado durante el 2001. El estudio de la agencia de la Naciones Unidas para el Control de las Drogas y la Prevención del Crimen (UNODCCP) ha constatado que durante 2002, el cultivo de adormidera, de donde se sacará el opio para hacer la heroína, ha crecido un 17% respecto a 2001, y ha vuelto a contaminar a la economía afgana y a las vecinas repúblicas asiáticas.

El cultivo del opio en Afganistán, promocionado por el Imperio británico (al igual que en Myanmar, antigua Birmania) en el siglo XVIII para debilitar a China, es uno de los grandes problemas que debe afrontar el país. Después de un año de represión por parte de los talibán, en busca de ayudas de la ONU y de legitimación internacional para su régimen -el Gobierno talibán solamente estaba reconocido por Pakistán, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos-, Afganistán ha vuelto a ponerse a la cabeza de la producción mundial, y actualmente se calcula que el 70% de la heroína que se consume a nivel mundial está producida con opio afgano (22% Myanmar, 3% Laos, 5% otros). Esta producción abastece a unos nueve millones de consumidores en el mundo, lo que supone dos terceras partes del total, según el estudio de la UNODCCP.

En 2002 se calcula que los campos afganos producirán unas 3.500 toneladas de opio, lo que significa un espectacular crecimiento respecto a 2001 (tan sólo 200 toneladas), aunque aún está lejos de la mayor cosecha contabilizada en el momento de mayor estímulo talibán al cultivo de adormidera, en 1999 (4.500 toneladas). El estudio de la UNODCCP calcula que el cultivo, la producción y el tráfico de droga afgana da trabajo a medio millón de personas y genera a su alrededor un negocio de unos 25.000 millones de dólares al año.

Los precios de este opio también han sufrido las consecuencias de la evolución política del país. Tradicionalmente, según el informe de la ONU, el quilo de opio se pagaba en el mercado negro a unos 50 dólares, precios que fluctuaban según la cosecha, aunque creció hasta los 200 dólares el quilo cuando los talibán quisieron adueñarse del negocio como fuente de ingresos. En la mitad del año 2000 el quilo de opio ya se pagaba a 300 dólares y llegó a su punto máximo en septiembre de 2001, cuando la prohibición de los talibán del cultivo, y el temor a que el inminente ataque estadounidense imposibilitara el comercio hicieron que los precios alcanzaran un máximo histórico, que iba de los 700 dólares el quilo antes del 11-S a los 1.000 dólares el quilo durante los bombardeos de EE.UU. Actualmente el estado de caos en Afganistán –que ha posibilitado la vuelta al cultivo de flor de adormidera- y la salida al mercado de los stocks almacenados durante el 2001 han provocado un descenso de precios hasta los 350 dólares el quilo.

Hoy en día se calcula que el cultivo de opio ocupa unas 74.000 hectáreas de terreno, el 37% de la tierra cultivable en Afganistán (91.000 hectáreas en 1999, 82.000 en el 2000 y 8.000 el 2001). Los campos de adormidera producen unos 46 kilogramos de opio por hectárea, más si los campos disponen de sistema de irrigación, una constante en los campos del opio aunque el país está azotado por la sequía desde hace años-, y se calcula que un total de 24 de las 32 provincias afganas cultivan opio, aunque el 95% de la producción se realiza en cinco provincias: Helmand (30.000 hectáreas), Nangarhar (20.000 h), Badakshar (8.000 h), Uruzgan (5.000 h) y Kandahar (4.000 h). Para 2003 existe una previsión de aumento de opio afgano en el mercado ya que las cosecha del 2002 tuvo que realizarse muy tarde a causa de los bombardeos norteamericanos. Normalmente la adormidera se planta en octubre y noviembre para cosecharse en agosto mientras que en 2002 la cosecha no se empezó a realizar hasta finales de septiembre.

El cultivo del opio es en la actualidad uno de los mayores problemas del Gobierno afgano para su legitimación internacional. A la prohibición que el Gobierno interino de Afganistán hizo en enero, se le suman las ayudas prometidas por el presidente Karzai a los agricultores que abandonasen su cultivo. La dificultad en la erradicación de este cultivo recae en que las mafias que controlan su tráfico cuentan, en muchos casos, con la protección de los “señores de la guerra” afganos o de la guerrilla islámica del MIU (Movimiento Islámico de Uzbekistán), con base en Tayikistán, que se aprovechan de los ingresos del narcotráfico. Una vez cultivado y cosechado el opio, una parte de éste se traslada a los laboratorios clandestinos del mismo Afganistán y de Pakistán, donde se transformará en heroína. Una vez hechos los fardos con la droga, ésta, o se traslada al sur de Pakistán, donde es distribuida por mar, principalmente a Australia y Estados Unidos, o vuelve de los laboratorios pakistaníes a Afganistán desde donde se llevará a Europa, el mayor mercado de la heroína afgana. Las rutas que sigue la heroína afgana son las mismas que durante siglos han usado los comerciantes de la conocida Ruta de la Seda, aunque si aquella mítica ruta descrita por el veneciano Marco Polo se hacía con caravanas de camellos, esta usa los camiones de las mafias. Los narcotraficantes siguen dos rutas diferentes para hacer llegar la heroína a Europa. La primera, más rápida pero quizá más peligrosa, lleva la heroína por Irán (que ha perdido unos 3.000 guardas fronterizos en las luchas con los narcotraficantes en los últimos 10 años, pero que castiga con la pena de muerte el narcotráfico) hacia Turquía –pasando por el poco controlado Kurdistán- para acabar entrando en Europa a través de los Balcanes. El segundo itinerario, más largo pero más seguro, pasa por las permeables fronteras tayicas, donde durante 2002 se han producido constantes incidentes entre las tropas rusas destacadas en Tayikistán, pasando por Kirguistán (se calcula que este país tiene unos 50.000 adictos a la heroína, la mitad de ellos oficialmente contagiados por el virus del sida) hacia la inmensa y deshabitada estepa kazaja, de donde se dirigirá a Europa atravesando el Cáucaso, Ucraina y Europa del Este. Todos estos trayectos están repletos de funcionarios corruptos que hacen la vista gorda ante el ir y venir de camiones, mafias y una infrastructura montada exclusivamente para este fin.




 


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