Anuario 2002

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La agonía de los “Estados Unidos” del Sur
¿Quién tiene la culpa de la actual crisis argentina?

La lucha interna en el Partido Justicialista (PJ) sigue dominando la política argentina. Este conflicto en el sí del peronismo, complica la gestión del gobierno de Duhalde y paraliza el Congreso; y obstaculiza especialmente el día a día del país.

Duhalde continúa sin encontrar el candidato para convertirse en el próximo presidente justicialista que pueda hacer sombra a Menem o a Rodríguez Saá. Este último encabeza las encuestas realizadas para saber quién es el candidato peronista predilecto para convertirse en el próximo presidente argentino, en las elecciones previstas para el 27 d’abril.

De momento, el ex gobernador de San Luis, Rodríguez Saá, que dirigió Argentina durante una semana tras la renuncia de De la Rúa, acusa tanto a Menem como Duhalde de privilegiar los intereses de los grupos económicos más potentes del país: banqueros, empresas concesionarias, multinacionales y a la burguesía.

De momento, todos los candidatos de Duhalde han rehusado la propuesta: el gobernador de Santa Fe y ex piloto de Fórmula 1 Carlos Reutemann, el ex gobernador de Còrdoba, José Manuel de la Debajo, y el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner. Por eso Duhalde intenta postergar el Congreso del partido que primero había convocado para el 11 de diciembre y en principio se debe celebrar el próximo 19 de enero. Duhalde apuesta por tener bajo su control la provincia de Buenos Aires y que un presidente justicialista débil dirija el país hasta el 2007; año en qué el actual presidente querría volverse a presentar.

Actualmente, el Partido Justicialista está dividido en tres sectores: los partidarios de Menem, los de Rodríguez Saá y los de Duhalde. Esta situación divide el partido en las dos cámaras del Congreso, paralizándolo. En estos momentos tan críticos para el país, los gobernadores han convertido en pesos pesados de la política argentina: apoyan y también condicionan al Ejecutivo pero no tienen capacidad de alinearse en el Congreso. Esto hace que exista una pugna entre el gobierno de Duhalde y las cámaras. Entre otros aspectos, el hecho que Duhalde no fuera escogido en unos comicios convierte el actual gobierno en una pieza frágil.

La situación del PJ de Buenos Aires es un ejemplo de la pugna existente en el sí del partido. Hilda Duhalde, esposa del presidente, quiere ser gobernadora de Buenos Aires. Pero el actual gobernador Felipe Solá aspira a la reelección y el candidato Aldo Rico, el “favorito” de Rodríguez Saá es primero en las encuestas. Las elecciones de la provincia de Buenos Aires es probable que se celebren el 27 de abril, como las presidenciales, puesto que el propio Duhalde insiste en qué coincidan porqué cree que hay más posibilidades de imponer la candidatura de su mujer. Solá apuesta por realizarlas en septiembre.

También existe una pugna entre el actual ministro de Economía, Roberto Lavagna y el Presidente del Banco Central, Pignanelli, más partidario de llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que el ministro. El presidente del Banco Central proviene del sector duhaldista dentro el Partido Justicialista; Lavagna, no. El ministro de Economía, tiene una postura enfrentada con los organismos financieros internacionales. Duhalde quiere mantener a los dos funcionarios en su cargo, pero el conflicto permanente hace difícil la convivencia entre los dos máximos responsables de la economía del país.

A la pregunta formulada por varios sondeos: quién es el culpable de la crisis argentina; el 51,9% de los entrevistados acusa directamente al ex presidente peronista Carlos Menem; que había sido el máximo mandatario del país durante ocho años, y que en los comicios de 1995 obtuvo más del 50% de los votos. El actual presidente Eduardo Duhalde, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, es considerado el “causante” de la crisis en un 9,3% y, Rodríguez Saá, con un 6,6% es el que aparentemente es menos responsable a ojos de los argentinos.

Pero posiblemente la respuesta a la pregunta es que es el peronismo, aunque no únicamente, el principal culpable de la crisis.



Orígenes del peronismo

El peronismo es uno movimiento sociopolítico que instauró Juan Domingo Perón en Argentina después de su victoria en las elecciones de 1946. Basado en el justicialismo, un movimiento político y social de características parafascistas; y en la Confederación General del Trabajo (CGT), el peronismo creó un cuerpo de leyes laborales y sociales muy adelantadas. Esto le proporcionó un grande apoyo popular, sobre el cual se montó un populismo que hacía equilibrios entre el capitalismo y el comunismo. Aprovechando la expansión económica de la posguerra, el peronismo proclamó la independencia económica del país y la autarquía, política que fue aplaudida por el proletariado industrial y urbano. La influencia de Eva Duarte, la esposa de Perón sobre las capas populares fue decisiva. El peronismo es en cierto modo una recopilación de experiencias populistas, capitalistas y socialistas. A pesar de las manifestaciones nacionalistas y revolucionarias, producto de las medidas tomadas por el propio Perón, el peronismo no permitió que el poder permaneciera en manos de la burguesía y la oligarquía. El Justicialismo dirigió el país hasta la caída de Perón el 1955, pero se mantuvo aliada de los sectores burgueses como el representado por el presidente Arturo Frondizi.

Durante la dictadura militar (1956-1973), el peronismo se dividió en varias corrientes internas pero todas reivindicaban el regreso de Perón; que después de estar exiliado en Madrid, triunfó en las elecciones del 1973. Pero 11 meses más tarde, el líder, enfermo, murió. Esto agravó el enfrentamiento entre los sectores más jóvenes y revolucionarios dentro del movimiento justicialista, que a posteriori fueron duramente reprimidos por la dictadura de Videla (1976-1983).

Dividido, y bajo la dirección de la tercera esposa de Perón, Maria Estela Martínez, el peronismo fue vencido en las primeras elecciones democráticas, tras la dictadura, por la Unión Cívica Radical (UCR), el 1983, que lideraba Raúl Alfonsín. Después de esta derrota, el Partido Justicialista se dividió en dos alas: la ultraderechista y una renovadora. Esta última fue inicialmente dirigida por Antonio Cafiero, y el 1988, Carlos Menem le tomó el relieve.



La figura de Menem

Con 70 años, Carlos Menem es considerado por muchos argentinos como “un oportunista” que quiere volver a la política y a dirigir Argentina, a pesar de ser el presidente durante dos periodos consecutivos (1989-1995 y 1995-1999); precisamente cuando se tomaron medidas que han llevado al país a la trágica situación que vive ahora. Con Domingo Cavallo como ministro de economía, Menem optó por el Plan de Convertibilidad que estabilizó la moneda en una paridad de un peso igual a un dólar norteamericano. Congeló los salarios públicos y también dinamitó un proceso corrupto de privatizaciones de empresas del Estado. En cierto modo rompió con el camino propuesto por Perón 50 años atrás.

Líneas aéreas, ferrocarriles, agua, gas y teléfonos fueron entregados a grandes empresas locales y extranjeras; una ola privatizadora que provocó la llegada de inversiones extranjeras que provocaron que la economía argentina se estabilizara. Los resultados de estas medidas no fueron distribuidos de manera equitativa, y aumentó de manera notable los contrastes entre ricos y pobres; así como también el número de desempleados. Durante el mandato de Menem, el capital extranjero especulativo se apoderó del sistema bancario y la corrupción de la clase política, que utilizaba los recursos fiscales para sus propios intereses, ha ido complicando la situación hasta llegar al momento actual de tragedia y injusticia.

El gobierno de Menem estuvo marcado desde el inicio por dos escándalos de corrupción: Swiftgate y Yomagate. Un ejemplo de las frivolidades del ex presidente, es el hecho que paseara por Buenos Aires con un Ferrari que le había regalado el empresario italiano, Massimo Dal Lago a altas velocidades

En el segundo mandato de Menem, esta sensación de político frívolo y corrupto aumentó. El 1995 fue reelegido presidente de la Nación, con Carlos Ruckauf como vicepresidente. Domingo Cavallo se separó del gobierno y la corrupción se convirtió en el centro de atención de la actividad política y de los medios de comunicación. Figuras como el empresario Alfredo Yabrán, implicado en el asesinado de un periodista, entraron en escena.

El país dejó de crecer, el paro llegó a niveles alarmantes y la deuda externa llegó a 130.000 millones de dólares. Producto de esta situación nació el Frepaso (Frente del País Solidario) que con alianza con el radicalismo venció al Justicialismo en las elecciones de 1999, con el triunfo de Fernando De la Rúa.

Menem fue procesado, durante el mandat de De la Rúa, por asociación ilícita en la venta ilegal de armas y contrabando en Croacia y Ecuador. El noviembre de 2001 quedó en libertad cuando la Corte Suprema determinó que no había existido tal relación.

Y ahora quiere volver a optar a la presidencia. Antes de ser escogido por el pueblo el 27 de abril, tendrá que medir sus fuerzas dentro del peronismo. La batalla con Duhalde, iniciada tiempo atrás, continúa.



La batalla entre Duhalde y Menem

Duhalde siempre ha intentado hacer un giro ideológico respecto a los ejes básicos del peronismo de Menem. Cuando este último era presidente argentino, y Duhalde era gobernador provincial, optó por un discurso más populista. El actual presidente abogaba por un regreso al peronismo histórico, con orientación socialcristiana y no neoliberal, recagrupando características del sindicalismo ortodoxo.

Menem ha saboteado siempre los esfuerzos políticos de Duhalde. El 1987 Antonio Cafiero despreció a Duhalde como aliado y candidato a vicegovernador. Duhalde, entonces, se unió a Menem, en el aparato político de la denominada Renovación Justicialista. El 1995 la estrategia reeleccionista de Menem, impidió que Duhalde iniciara su camino hacia la Casa Rosada; y este último empezó a tejer un tupido entramado de intereses para concentrar el poder dentro del peronismo en Buenos Aires. Esto le permitió erosionar la figura de Fernando de la Rúa y a dismitificar dentro su partido a Adolfo Rodríguez Saá. Menem, ya desde el gobierno, había saboteado la candidatura presidencial de Duhalde ante Fernando de la Rúa.

A pesar de haber perdido las elecciones ante de la Rúa, el enero del 2002, Duhalde se convirtió en el presidente argentino, por un consenso en el sí la Asamblea legislativa deslegitimada. Una vez en el poder, su pirueta política también ha sido evidente: del populismo a una posición neoliberal para hacer frente a las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI). Cuando llegó al poder, Argentina estaba sumida en el caos, pero la situación ha empeorado durante su mandato. El país está a la deriva. Tan incapaz como De la Rúa, el futuro de Duhalde es incierto.

Ante esta situación de incertidumbre, de lucha entre partidarios de Menem y Duhalde en el sí del peronismo; los asesores del ex presidente (un “cocktel” de ex troskistas, ex izquierda nacional, ex guardia de Hierro, ex servicios de inteligencia…) le aconsejan entrar en una “dialéctica de tensión”: demostrar la incompetencia de Duhalde al frente de la crisis argentina y criticar al actual presidente pública y abiertamente.

Tanto menemistes como duhalistas han optado por una política de crítica sistemática y muy agresiva contra las organizaciones de la izquierda tradicional. Las dos tendencias dentro del peronismo temen que la crisis empeore. No se dan cuenta que son fuerzas anacrónicas ancladas en el pasado que han perdido legitimidad y que se mantienen por carencia de alternativas. Los proyectos de la izquierda no se terminan de articular, y el peronismo se resiste a morir.

La crisis argentina es profunda y la salida del caos, complicada. Pero para que se produzca esta salida se necesitan nuevos protagonistas para enterrar a políticos tercos, corruptos y ciegos.

Las fuerzas de la izquierda no tienen capacidad para aprovechar “el efecto Lula” en las elecciones del 2003. Tras la visita del presidente electo del Brasil a Argentina, Elisa Carrió, de la Coalición de Centro-izquierda ARIO (Argentinos para una República de Iguales); una de las responsables de haber hecho público el informe sobre corrupción y evasión fiscal durante la década de Menem, intentó erigirse como representante del fenómeno Lula. Víctor De Gennaro, líder de los gremios combativos, ha lanzado un movimiento social siguiendo el modelo del Partido de los Trabajadores (PT); tiene la simpatía de Lula pero no se plantea como una alternativa en los comicios del 2003 .

El candidato de la izquierda más tradicional será Luis Zamora, lo cual rompería con el bipartidismo tradicional en el país entre la Unión Cívica Radical (UCR) y el Partido Justicialista (PJ). Parece que la UCR ha perdido todo su capital electoral tras la etapa al frente de Argentina de De la Rúa.

 


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