Anuario 2003

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Pánico mundial

El llamado Síndrome Agudo Respiratorio Severo (SARS) es un misterioso virus que ha paralizado la vida social, económica y política de China a principios de este año. De causas aún hoy desconocidas, se reconoció por primera vez a finales del pasado mes de febrero en Hanoi, Vietnam. Según las investigaciones, el virus empezó a propagarse a partir de un extraño y aislado caso: un médico que se hospedó en febrero en un hotel de Hong Kong y que contagió a 16 personas que habían estado en el mismo piso del edificio. En poco tiempo la enfermedad se difundió por toda China y a otros 32 países, afectando a un total de 8.445 personas y produciendo la muerte a casi 800 personas, según datos oficiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cuatro meses más tarde, el 31 de mayo, el Gobierno de China asegura tener la epidemia bajo control y finalmente el 29 de julio reciben el alta los últimos pacientes del SARS. Los resultados en China, el país más perjudicado por el virus, ascienden a 5.327 infecciones y 349 muertes.

Casi un año después de aparecer el primer caso de neumonía atípica, la OMS aún no puede determinar que el virus se haya erradicado por completo. La transmisión de persona a persona ha quedado, de momento, interrumpida, pero parece que existe una especie animal portadora del virus, que está siendo estudiada. Los científicos creen que originariamente la enfermedad habría pasado de algún animal exótico a un ser humano. Los murciélagos, los simios, los perros salvajes o los hurones podrían estar al principio de la cadena de transmisión. Todos estos animales, que forman parte de los autóctonos menús alimentarios, fueron retirados de los mercados al aparecer la enfermedad. Sin embargo, el Gobierno chino levantó estas restricciones el pasado mes de mayo.

Durante las primeras semanas de la aparición del SARS, Pekín mantuvo absoluto secretismo y no fue hasta principios de abril cuando permitió la entrada de la OMS al país. A finales de este mes, el mismo día en que fueron destituidos el alcalde de la capital y el ministro de Sanidad chino, Pekín admitió haber ocultado datos sobre el virus y no haber actuado a tiempo.

La rápida propagación del virus y las duras medidas de aislamiento de la enfermedad llevadas a cabo por el Gobierno (por ejemplo, poner en cuarentena un hospital con 2.000 personas y el aislamiento de un campus lleno de universitarios) provocaron una absoluta situación de pánico entre la población del país asiático y también al resto de la población mundial. Entre los meses de abril y mayo, un total de 124 países tenían limitada la entrada de ciudadanos chinos a su territorio y la OMS aconsejaba no viajar a Canadá y Pekín. La situación de pánico y miedo a contraer la enfermedad se propagó por todo el mundo a una gran velocidad, reflejando la actual interconexión mundial. Pero gracias también a esta interconexión, una vez reconocido el SARS como amenaza para la salud internacional, las alertas dadas por la OMS y amplificadas por los medios dieron como resultado un alto nivel de conciencia global y vigilancia que fue muy importante a la hora de cortar la cadena de transmisión del virus. Gracias al poder de las comunicaciones se estableció una red virtual de trabajo entre investigadores, epidemiólogos y médicos de todo el mundo que lograron resultados en tiempo récord: tan sólo un mes después de que la OMS diera la alerta internacional, se publicó la secuencia del genoma del virus de la neumonía atípica, mientras que se han necesitado tres años para identificar las causas del virus del SIDA y dos años más para determinar la secuencia del genoma. Algunos sectores de la sociedad mundial critican que no se haya dado la misma reacción internacional ante las tres grandes enfermedades que afectan los países más pobres del planeta: el SIDA, la tuberculosis y la malaria. Según ellos, la explicación a esta inmediata respuesta frente al SARS se encuentra en la economía global. El virus causó unas pérdidas de 50 millones de dólares a escala mundial. En Asia, las perdidas alcanzaban la cifra de 10.600 millones de dólares. Unas cifras que volvieron a sus niveles normales cuando los organismos sociales y políticos se pusieron en marcha. Por ejemplo, en el primer semestre del año 2003, la economía china creció un 9,9%; a causa del SARS el crecimiento se situó en el segundo semestre del mismo año en el 6,7% y en el tercer semestre, cuando la crisis estaba ya controlada, el crecimiento chino volvió a situarse en el 9,1%.

De momento, la OMS señala la importancia de continuar investigando. El pasado mes de noviembre, medio centenar de investigadores de quince países, especializados en este virus, se reunieron coordinados por la OMS y concluyeron que se podrá llegar a una vacuna “segura y efectiva” contra la enfermedad en un plazo de cuatro años. Aunque la OMS asegura que podría estar lista en dos años si reaparece un brote importante del virus este invierno. De hecho, se teme la reaparición de nuevos casos de neumonía atípica. Las frías temperaturas del país asiático podrían despertar el virus en su reserva natural. De ser así, la OMS señala que se deberá combatir la enfermedad con el método tradicional de contención para evitar el contagio: la identificación rápida y el aislamiento de los pacientes, el seguimiento de los contactos, las medidas estrictas contra la infección hospitalaria y las alertas internacionales.

 


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