Anuario 2003

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La guerra en Irak, el “caso Kelly” y el euro llevan la crisis al Gobierno británico
El “caso Kelly”

En junio de 2003, la BBC se unió al carro de los detractores del Ejecutivo británico y denunció intimidaciones del Gobierno de Blair para que la cadena de televisión desvelara quién era el miembro del servicio secreto que había acusado al Gobierno. Éste estuvo investigando quién podría ser el delator, hasta que descubrió que era David Kelly, experto británico en armas químicas y colaborador en la elaboración del informe sobre el arsenal de Irak. Kelly, sin embargo, nunca había sido miembro del espionaje británico, como defendía la cadena de televisión, por lo que cabe la hipótesis de que el Gobierno de Blair hubiera permitido la difusión del nombre del científico para desprestigiar a la BBC por dar una información falsa. Esta hipótesis, sin embargo, ha sido difícil de comprobar ya que nadie quería confesar quién había autorizado la publicación del nombre del científico. Una vez que salió a la luz, Kelly compareció ante sus superiores y les confesó que había mantenido algunas conversaciones con el periodista de la BBC Andrew Gilligan, pero negó que fuera su fuente principal de información, y reiteró que las acusaciones que había difundido el periodista no se correspondían con el contenido de la entrevista que habían mantenido. El ministro de Defensa británico, Geof Hoon, apoyado por Tony Blair, exigió que Kelly compareciera ante el Comité de Asuntos Exteriores, que le sometió a un duro interrogatorio. Dos días más tarde, el 17 de julio, el científico apareció muerto. Se había suicidado.

David Kelly era un reconocido experto en armas químicas que había formado parte del grupo de inspectores de Naciones Unidas de 1997 a 2001. En abril de 2002, el Gobierno británico le pidió que colaborara con un informe que estaban preparando sobre las armas de destrucción masiva que podía tener Irak. El informe salió publicado en septiembre de ese mismo año con algunas afirmaciones bastante discutibles, según ha salido a la luz en 2003. La muerte de Kelly abrió un debate sobre el papel que desempeñan los medios de comunicación pero, sobre todo, puso en entredicho los argumentos del Gobierno británico a favor de la guerra en Irak.

El 12 de agosto se inició el juicio a cargo del juez Hutton, quien dejó claro desde un principio que era él quien dirigía la investigación y que, por lo tanto, él decidiría hasta dónde quería llegar con la misma. Como hecho histórico y para ofrecer la mayor transparencia posible en la investigación, Hutton pidió que se publicasen los documentos confidenciales utilizados en el juicio, unos documentos que, en cualquier otro caso, no habrían salido a la luz pública hasta que no hubieran pasado cerca de 30 años. La confesión de altos funcionarios del espionaje británico de que tenían serias dudas sobre el informe, y el hallazgo de unos correos electrónicos entre los asesores de Blair en los que dicen no tener pruebas suficientes para atacar Irak, pusieron las bases de la difícil investigación, que sentó en el banquillo a más de 70 testigos e implicados, pasando por los más altos cargos del Gobierno británico.

El periodista Andrew Gilligan aseguró haberse basado en las revelaciones de Kelly para dar la noticia. Afirmó también haber intentado contrastar la información con dos contactos en el Gobierno que ni corroboraron ni desmintieron la información. Gilligan reconoció haberse anticipado en la publicación de la noticia y haber errado al decir que la fuente era de los servicios secretos. Pero, por encima de todo, defendió que el conjunto de la información era cierta. Su testimonio, sin embargo, contrasta con el que dio Kelly en el interrogatorio ante el Comité de Asuntos Exteriores, donde dijo no reconocer en las acusaciones que hacía Gilligan lo que él le había dicho en la entrevista. El periodista era famoso por su presentación de historias originales pero, a su vez, por la utilización de métodos poco habituales como eran el no tomar notas en las entrevistas o, en este caso, no haber contrastado la información con Downing Street para analizar de qué manera hubiera reaccionado el Gobierno británico ante las acusaciones de las que se había hecho eco el periodista. La credibilidad de la BBC ha sufrido una fuerte caída con este caso, ya que, entre otras cosas, ha publicado una información con una fuente anónima y sin contrastarla.

Alastair Campbell era el director de comunicaciones de Blair y, como tal, colaboró en la presentación del informe. Campbell estaba acusado de exagerar el informe, de “hacerlo más sexy”, diciendo que Sadam podía lanzar un ataque con armas de destrucción masiva “en 45 minutos”. En el juicio negó categóricamente su responsabilidad sobre el informe de Irak, y acusó a los servicios secretos de ser los últimos responsables de la elaboración del polémico informe. El 29 de agosto, sólo diez días después de su comparecencia, Alastair presentó su dimisión.

Geof Hoon, ministro de Defensa, estaba acusado de haber permitido que se hiciera público el nombre de Kelly. Hoon negó toda responsabilidad en la identificación pública del científico e incluso aseguró que se había tratado a Kelly de una manera “justa y apropiada”. Poco más de diez días después, el 9 de septiembre, el Comité de Inteligencia y Seguridad de los Comunes acusó a Hoon de haber engañado en su comparecencia, y al poco tiempo, el mismo ministro de Defensa confesó, por primera vez, haber autorizado desvelar la identidad de Kelly. Tras esta acusación la oposición pidió su cabeza, pero Blair prefirió mantenerlo en su equipo hasta que se hicieran públicas las conclusiones del caso.

La comparecencia de Tony Blair ya tenía un precedente. Su predecesor en el cargo como primer ministro, el ex líder conservador John Major, tuvo que comparecer ante un tribunal en 1994 por la presunta venta de armas al régimen de Sadam. Blair fue contundente al decir que “la acusación de la BBC, de ser cierta, hubiera merecido mi dimisión”. El primer ministro británico se mostró seguro de que las investigaciones le darían la razón y de que las decisiones que había tomado eran las correctas. Además, destacó que el informe sobre Irak no era la razón inmediata para entablar el conflicto. Las investigaciones demostraron que Blair había presidido la reunión en la que se decidió hacer público el nombre de Kelly.

La investigación se cerró a finales de septiembre con malos augurios para el Gobierno de Blair, ya que tras el análisis de todas las comparecencias estaba bastante claro que el Gobierno había exagerado el informe sobre Irak. El juez Hutton decidió tomarse su tiempo para redactar el dictamen, y hasta la fecha aún no lo ha resuelto.


 


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