Anuario 2003

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Sudán vislumbra la paz tras 20 años de guerra
Darfur, un genocidio encubierto con la guerra

Durante muchos años, la región de Darfur, en el oeste de Sudán, ha sido escenario de sangrientos enfrentamientos protagonizados por las milicias árabes nómadas, alineadas con el Gobierno sudanés, que asesinan cada año a cientos de civiles pertenecientes a grupos sedentarios que viven de la agricultura en Darfur, tales como los grupos fur, zaghawa y masalit, incendiando sus hogares y despojándolos de su ganado. La masacre que se lleva a cabo en la región ha impulsado en varias ocasiones al principal grupo armado de la oposición, el Ejército Popular de Liberación de Sudán, a tomar las armas en protesta por lo que considera una falta de protección estatal frente a los ataques contra grupos sedentarios y la marginación y el subdesarrollo en Darfur. Este hecho ha permitido al Gobierno sudanés endurecer su represión contra los habitantes de la región utilizando como excusa la lucha contra el grupo rebelde.

Esta “limpieza étnica” que queda camuflada bajo la guerra que azota el país, se está convirtiendo en un genocidio, según denunció a principios del 2003 Ahmed M. Abdalla, representante de la Asociación Sudanesa de Activistas de Derechos Humanos de Darfur en Toronto (Canadá). “En la región de Darfur está cerca de producirse una "limpieza étnica" del mismo tipo que la ocurrió en Ruanda, tras la que se escondió un genocidio y una justificada pasividad internacional hasta que llegó a ser demasiado tarde”. Además, la asociación afirma que gobierno de Jartum apoya a las milicias árabes en la masacre de la población fur y otros pueblos indígenas.

Durante este 2003, Darfur ha seguido siendo una gran masacre olvidada en los medios de comunicación. Sólo las ONG recuerdan de vez en cuando a la comunidad internacional lo que está sucediendo en esta región sudanesa. La última noticia de la zona devastada vino de parte de Amnistía Internacional, que a finales de noviembre denunció que “el Gobierno sudanés es responsable en gran medida de la crisis humanitaria y de derechos humanos que azota la región de Darfur”, en el oeste de Sudán, donde, además, sólo desde abril se han desplazado unos 500.000 refugiados que huyen de las milicias árabes nómadas, alineadas con el Gobierno, y conocidas por los sudaneses como “árabes” o jinjawid (jinetes armados).

Las autoridades de Jartum, sin embargo, gozan de una gran impunidad internacional, y ante estas acusaciones, siempre han reafirmado su neutralidad y han asegurado estar luchando contra los "bandidos" que operan en la región sudanesa. Unas declaraciones que son aceptadas por el resto de países, que colaboran a esconder el tema bajo la guerra que ahoga el país africano porque no les interesa meterse en este conflicto y estropear unas buenas relaciones con Jartum y un fácil acceso al petróleo sudanés.


 


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