Anuario 2003

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Corea del Norte
Desafío a Estados Unidos
Antecedentes de la crisis nuclear

La República Popular Democrática de Corea (RPDC) fue creada en 1945. Después de la Segunda Guerra Mundial, la península quedó dividida en dos: el norte, territorio comunista protegido por China y Rusia; y el sur, zona capitalista bajo la tutela de Estados Unidos. En 1948, Kim Il Sung, el “gran líder”, fue elegido presidente.

Hasta los años 70, Corea del Norte vivió una época de crecimiento económico, sobre todo en la industria pesada, el sector energético, la minería, la industria armamentística y la construcción, situándose por delante de Corea del Sur.

En 1972, Kim Il Sung redactó la nueva Constitución, que estableció la creación de la única “dinastía comunista” del mundo. Una reinvención del sistema norcoreano llamada “jucheísta”, que personaliza la RPDC en la figura de Kim Il Sung, de manera que la sucesión del poder pasa del padre al hijo, Kim Yong Il, actual presidente de Corea del Norte.

Según los expertos, durante la existencia de otros estados comunistas -como la URSS, China y la República Democrática Alemana- Corea del Norte mantuvo un lugar de relevancia en la política internacional. Pero, en los años ochenta y noventa, el desmantelamiento de estos sistemas provocó para la RPDC la necesidad de demostrar al mundo su capacidad tecnológica y militar, para hacerse presente en un panorama internacional en el que se estaba quedando aislada: solo en Corea del Norte y Cuba se mantenía el comunismo. Empezó entonces una situación de gran tensión, similar a la que estamos viviendo ahora.

Estados Unidos (con Bush “padre” en la presidencia) aumentó, a principios de los años noventa sus efectivos en Corea del Sur como medida disuasoria. Y por su parte, Corea del Norte realizó movimientos de sus tropas en la zona desmilitarizada (la frontera que separa el norte, del sur del país) e incluso realizó pruebas con misiles en el mar de Japón. Se estaba preparando, en toda regla, un enfrentamiento bélico entre Washington y Corea del Norte.

Finalmente la tensión se apaciguó en junio de 1994 (cuando Bill Clinton llegó a la presidencia norteamericana). El premio Nobel de la Paz Jimmy Carter protagonizó un encuentro histórico con Kim Il Sung que estableció las bases de una negociación de paz y la mejora de las relaciones norte-sur. La muerte del “gran líder” norcoreano el mismo año no impidió que su hijo, Kim Yong Il, continuara el entendimiento con Estados Unidos. Éste fructificó con un pacto de desarme tras las llamadas “conversaciones de Ginebra”, ciudad donde se encontraron las dos delegaciones.

El acuerdo establecía que Pyongyang congelaría su programa de energía nuclear, cerrando las instalaciones susceptibles de ser utilizadas para fabricar bombas atómicas. A cambio, Washington se comprometía a un suministro anual de 500.000 toneladas de petróleo y una ayuda alimentaria de un millón de dólares. Además, se pactó crear un consorcio internacional, liderado por Estados Unidos, para construir una moderna planta generadora de energía eléctrica, con un reactor de agua ligera que no podría emplearse con fines armamentísticos. De aquí nació el Consorcio KEDO “Korean Peninsula Energetic Organitzation” (con sede en Nueva York) y del cual forman parte Japón, Corea del Sur, la Unión Europea, Estados Unidos, Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Argentina, Indonesia, Chile, Polonia, República Checa y Uzbequistán. El progresivo empobrecimiento de Corea del Norte, a partir de los años 80, a causa de la falta de divisas y de materias primas, y las sucesivas sequías e inundaciones, obligaron al Estado comunista a dejar a un lado su aislamiento y aceptar la entrada de las ayudas internacionales.

El acuerdo fijaba que, el año 2003, el reactor empezaría a funcionar; sin embargo, la central aún se encuentra en una primera fase de construcción. Por otro lado, el suministro de crudo y ayuda alimentaria por parte de Estados Unidos nunca fue aplicado íntegramente. Los representantes republicanos, estrechamente vinculados a las industrias del sector armamentístico, bloquearon en el Congreso norteamericano estas concesiones. Cuando, a principios de 2001, Bush asumió la presidencia declaró que “no quería saber nada del acuerdo de 1994”, suspendió totalmente los envíos de petróleo y aseguró, en vísperas de una visita oficial a Corea del Sur, Japón y China, la inclusión de Corea del Norte en el “eje del mal”. Estos hechos fueron criticados duramente por los tres países asiáticos, sobre todo por parte de Seúl, que desde finales de los años 90 ha ido estrechando las relaciones con Pyongyang. El acercamiento del norte y el sur de Corea concluyó con la firma del “Acuerdo de Reconciliación de Corea” en el año 2000; un tratado que sentaba las bases para un progresivo acercamiento de las dos partes, con vistas a una posible unificación. El acuerdo tuvo aplicaciones prácticas en seguida: se pusieron en marcha diversas actividades lúdicas y culturales intercoreanas, campeonatos deportivos y exposiciones, entre otros actos. Incluso se consiguió lo más esperado: el reencuentro de cientos de personas con sus familiares del otro lado de la frontera, después de cincuenta años de separación. La declaración de Bush, incluyendo a Pyongyang en el “eje del mal”, perjudicaba los éxitos alcanzados. Por eso, inmediatamente después, Corea del Sur anunció su intención de continuar manteniendo las relaciones con el norte.

Ante este panorama, Pyongyang volvió a poner en marcha su planta nuclear de Yongbyon, que había cerrado nueve años atras, para mantenerse en alerta ante un posible ataque de Estados Unidos. Los retrasos del programa KEDO y el endurecimiento de la política norteamericana fueron sus justificaciones.

A finales del año 2002, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) pidió permiso para inspeccionar las centrales nucleares de Corea del Norte, pero Pyongyang le denegó la entrada acusándola de actuar bajo órdenes de Washington.

Así empieza una escalada nuclear y una tensión general en la zona y en el resto del mundo.

 


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