Anuario 2003

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Kirchner convence a los argentinos e intenta confirmar la recuperación del país
El fenómeno “piquetero”

Es increíble pensar que hace tan solo un año, la sociedad argentina ha dejado la protesta a un lado y se ha dispuesto a esperar los primeros resultados de la legislatura que ha empezado Kirchner. En algunos sectores se ha llegado a hablar del “factor K”, para intentar dar una explicación del giro que ha dado el país, que ha pasado del “Que se vayan todos, que no quede ni uno” a la elección de otro presidente peronista.

De hecho, el presidente también ha cambiado la postura del Ejecutivo, muy diferente a la que tenía Eduardo Duhalde. Cuando llegó al poder, lo primero que afirmó fue que no quería ningún tipo de represión contra las protestas sociales, incluidas las de los piqueteros. Los grupos piqueteros son organizaciones que empezaron a emerger a mediados de los noventa, dirigidas por miembros de partidos de extrema izquierda y que están formadas, en su mayoría, por los beneficiarios de los subsidios gubernamentales. Estos grupos son los que han continuado las protestas desde que el país empezó a estabilizarse. Pero estas organizaciones no forman un bloque compacto, dentro de ellas encontramos a los “blandos” y los “duros”. Los primeros han llegado a acuerdos con el Gobierno, mientras que los duros siguen en su dinámica de protesta. Los piqueteros tienen mucha fuerza en los suburbios de Buenos Aires, así como en las provincias más pobres del resto del país.

La actuación contra los piqueteros ha sido la razón constante del enfrentamiento entre Kirchner y Duhalde, partidario de una dura represión contra este movimiento. En los últimos meses, y pese a las nuevas acciones de los piqueteros, Kirchner se ha mantenido en sus trece. Duhalde ha utilizado en estos últimos meses al piqueterismo para cuestionar las iniciativas de “su” candidato. Pero el legislativo ha dado su apoyo a Kirchner. Por otra parte, las protestas se han ido repitiendo hasta el mes de noviembre. El dia 10 de este mes, 200 personas, formadas por militantes de grupos anarquistas, trostkistas y leninistas-guevaristas, ocuparon el Ministerio de Trabajo.

Los líderes piqueteros locales se encargan de distribuir a los beneficiarios del Plan de Jefes y Jefas del Hogar Desocupados más de 200.000 subsidios, un 10% del total de estas ayudas. Este plan, que consiste en un subsidio mensual de 150 dólares, ayudó a calmar las protestas sociales durante la crisis del 2002. Pero los desempleados piden que se les aumente el subsidio. Ahora ya no piden un cambio de estructura política, sino un aumento de las ayudas que da el Gobierno. Hay que añadir que muchos de los beneficiarios no realizan las 20 horas de servicio social que el Ejecutivo marcó como contraprestación. Además, la tercera parte de los aproximadamente dos millones y medio de argentinos que reciben este subsidio no reúnen las condiciones que se requieren para recibirlo, según ha declarado el Banco Mundial.

Pero los piqueteros no han sido los únicos que han protestado en estos dos últimos años. En 2002, Argentina se hizo famosa por su “cacerolazos”, que se extendieron por todo el país. La pregunta que mucha gente se hace es si la situación ha mejorado tanto como para que una parte significativa de los 37 millones de argentinos hayan abandonado las protestas.

Parece que a los argentinos no les importa quién les gobierne y no saben cómo salir de este sistema en el que el peronismo lleva la batuta, una batuta manchada por la corrupción y la inestabilidad económica. Los argentinos se han desvinculado de sus gobernantes, les resulta indiferentes, han dejado de creer en el peronismo y en el radicalismo.

A mediados de 2002, una encuesta del Latinobarómetro reflejaba que el 85% de la población estaba insatisfecha con la forma de funcionar de su democracia, y un 92% pensaba que la situación económica era muy mala. Los niveles e desconfianza hacia el Gobierno llegaban a más del 80%. Dos meses después de la elección de Kirchner, los datos de una encuesta de la Universidad Torcuato Di Tella de Buenos Aires, tampoco son nada buenos: sólo un 22% tenía una imagen positiva del Gobierno, mientras que el 81% no pensaba que se gobernase para el bien del pueblo, sino por los intereses particulares. De hecho, y sobre todo desde el segundo mandato de Menem, la gente asoció la corrupción y el clientelismo a las clases dirigentes y a las élites que las apoyaban.


 


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