Anuario 2003

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La oposición destituye a Sheverdnadze
EE.UU. empieza la construcción de la nueva ruta para el petroleo

Los conflictos sobre la posesión y extracción del petróleo son una garantía de tensión continúa en las regiones de Asia Central, el golfo Arábigo, Extremo Oriente y el Cáucaso. Aun cuando Georgia no es una gran productora de petróleo, sí que es un país dónde Estados Unidos ha puesto los ojos para construir la nueva ruta de tuberies para exportar el crudo. Pero porque Estados Unidos ha escogido esta ruta? La respuesta es bastante complicada. Antiguamente, la ya desaparecida Unión Soviética tenía una serie de tuberies construidas para exportar el petróleo a Europa. Todas las rutas rusas, tanto las que salían de Siberia como las que atravesaban el noroeste de la actual Rusia, pasaban por Ucrania para acabarlas distribuyendo a Europa occidental. Pero, hoy por hoy, una vez la URSS ya ha caído y el interés de EE.UU. por el petróleo asiático crece exponencialmente, estas viejas rutas ya tan sólo las quiere hacer servir Rusia. A Estados Unidos no le interesa usar unas tuberies que no controla directamente, y menos si quien está detrás es un país como Rusia, que aunque no se haya recuperado de la crisis post-soviética, su influencia en toda la región de Asia Central y del Cáucaso es notable. Es más, su interés para recuperar el poder fáctico de la zona crece día a día, hasta el punto que la rivalidad entre las dos potencias hace que los países de esta área tengan que dar su apoyo a una de las dos. De alguna manera esta situación recuerda a las viejas peleas de la guerra fría.

Como que EE.UU. no quiere hacer servir las tuberies rusas, tiene que construir una ruta que esté bajo su dominio. La opción más barata, fácil y directa es la que, saliendo desde Kazajstán, baja por Turkmenistán, atraviesa todo Irán y desemboca en el Golfo Arábigo. Pero las malas relaciones de EE.UU. con Irán y la grande importancia de este país como productor de petróleo y como miembro de la OPEP, descartan automáticamente esta ruta. Por lo tanto, EE.UU. ha propuesto dos alternativas. La primera sería la que bajando desde Turkmenistán, bajaría por Afganistán y desembocaría en la ciudad paquistaní de Karachi. Esta opción explica, en parte, la reciente invasión de EE.UU. a Afganistán. El problema de esta ruta es que la situación de Pakistán y sobre todo de Afganistán es extremadamente inestable, y no se tiene ninguna base por creer que esta situación canvie en los próximos años. Sobre todo porque las fuerzas taliban están protagonizando cada vez más atentados, y no parece que los estadounidencs puedan controlar la situación. Y Turkmenistán, por su parte, está gobernada por un tirano que está conduciendo el país a la ruina.

Ante esta situación, EE.UU. se está decantando por la segunda ruta, que es la que afecta a Georgia. Esta nueva canalización del petróleo (nominada BTC) saldría de Kazajstán, cruzaría el mar Caspio para retomar la ruta en Azerbaidjan, y con el objetivo de evitar la conflictiva Armenia, se desviaría hasta atravesar Georgia, bajando por Turquía para acabar desembocando en el mar mediterráneo, en la ciudad turca de Ceyhan, fronteriza con Síria. El problema de esta ruta es que la zona del Cáucaso también es una mina de conflictos. Armenia y Azerbaidjan se pelean a raiz del conflicto con la república no reconocida de Alto-Karabakh. Por otro lado, Georgia tiene graves problemas con la República de Abjazia y con el territorio ruso de Ossetia del Norte. Aparte, que los tres países (y en especial Georgia) tienen un dominio muy relativo de su territorio. Los norteamericanos han sopesado estos problemas, y aun cuando no pueden asegurar una estabilidad en la zona en los próximos 20 años han considerado que esta es preferible a la que atraviesa Afganistán y Paquistan.


 


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