Anuario 2004

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El descrédito de la invasión de Irak copa el protagonismo de un año centrado en las elecciones
Muchas caras nuevas para cuatro años más de Bush

El Gobierno de EE UU consta de 15 departamentos, dirigidos cada uno de ellos por otros tantos secretarios. Con la victoria de Bush en noviembre, se han contabilizado nueve dimisiones, entre las que destacan, por encima del resto, las del secretario de Estado, Colin Powell, y la del secretario de Justicia y Fiscal General, John Ashcroft. Con todos estos cambios, Bush empezará su segundo mandato, el próximo 20 de enero, con uno de los Gabinetes más reformados de la historia de EEUU.

Uno de los relevos más importantes, y que pueden tener más peso en los próximos cuatro años, es el del secretario de Estado. Hasta ahora, el cargo lo desempeñaba Colin Powell, uno de los miembros más moderados del Gabinete de Bush. Esta moderación le llevó a mantener continuas disputas con los “halcones” de la Casa Blanca, sobre todo, en los más de cuarenta días que duró la guerra oficial en Irak -entre el 20 de marzo y el 2 de mayo de 2003-. Tras su renuncia, Bush definió al que ha sido jefe de la diplomacia estadounidense como una “de las grandes figuras del servicio público de nuestra época”. El presidente, además, afirmó que lo “añoraría”. Pero la pena le durará poco a Bush, ya que en lugar de Powell entra una de sus más fieles colaboradores, la que dicen es la primera mujer con la que habla cada mañana, y la última con que departe antes de acostarse, y, todo ello, sin provocar los celos de Laura. Después de plantearse el volver a la docencia en la Universidad de Stanford, Condoleezza Rice acudió a los cantos de sirena de Bush y aceptó ocupar la cartera de Estado. Con este nombramiento, una figura fiel a Bush, y más acorde con la ideología conservadora, será la encargada de lidiar con la política exterior norteamericana. Sus retos serán, de nuevo, Irak, así como Irán, Siria, o incluso Corea del Norte, países que, según la Administración estadounidense, forman el “eje del mal”. En este sentido, Rice declaró que su objetivo será la guerra contra el terrorismo, la paz en Oriente Próximo y el control de la proliferación de las armas de destrucción masiva. El cargo de Rice como asesora de Seguridad Nacional lo ocupará su hasta ahora mano derecha, Stephen Hadley.

El otro relevo de trascendencia es el que se producirá en el seno del Departamento de Justicia, donde su director es también fiscal general de EE UU. Su titular hasta la fecha, John Ashcroft, presentó, mediante una carta escrita a Bush para evitar filtraciones a la prensa, su dimisión. Ashcroft pasa por ser uno de los “halcones” más afines a la ideología neocon predominante en Washington durante el último mandato. Suya es la promulgación de la Patriot Act, polémica ley con la que se autorizaban las escuchas telefónicas; se endurecían las normas de inmigración; y se podían vigilar los mensajes enviados por correo electrónico. Todo ello destinado a fortalecer la lucha antiterrorista. Su sustituto será el ex juez de Texas, el conservador Alberto Gonzales. Con esta nominación, Bush mata dos pájaros de un tiro: por un lado, modera la imagen, en ocasiones de extrema derecha, de Ashcroft; por el otro, coloca a un hispano, por primera vez en la historia, al frente de Justicia, con lo que lanza un guiño a esta comunidad, tradicionalmente demócrata, que, sin embargo, en los comicios de noviembre le votó en mayor cantidad que otros años. En este sentido, Gonzales agradeció a Bush su nombramiento y manifestó que “los hispanos comparten la esperanza de que se les ofrezca la posibilidad de mostrar de qué son capaces”.

Una de los departamentos importantes, aún sin dueño, es el de Seguridad Nacional. Su anterior titular, Tom Ridge, presentó su renuncia al cargo en una decisión por todos esperada, máxime teniendo en cuenta que el propio Ridge había comentado su voluntad de dejar el cargo. El departamento de Seguridad Nacional, creado ex novo después de los atentados del 11-S, no sólo es uno de los de mayor presión dentro del Gobierno de EE UU, sino que es uno de los que cuenta con mayor número de empleados, más de 180.000. Después de la obligatoria quiniela para saber quién sustituiría a Ridge, el puesto se adjudicó a Bernard Kerik. No obstante, el ex jefe de policía de Nueva York durante los atentados tendrá el dudoso honor de ser el secretario con un servicio más breve. Una semana después de ser nombrado por Bush, se supo que había empleado como niñera a una mexicana sin papeles. Automáticamente, Kerik, de quien la productora Miramax prepara una película sobre su vida, renunció al cargo.

Ante tanto cambio en departamentos de enjundia, la Casa Blanca confirmó que al frente de la secretaría de Defensa seguirá uno de sus viejos “halcones”, Donald Rumsfeld. Con su continuidad, Bush confirma que la política de Washington seguirá escorada a la derecha más extrema. Y es que un relevo de Rumsfeld como jefe del Pentágono supondría, implícitamente, un reconocimiento de los innumerables errores cometidos en Irak. En este sentido, Bush se afanó en manifestar que el “halcón”, de 72 años, es “el hombre correcto para estos tiempos de desafíos especiales”.

Liderando la modestísima recuperación económica que vive el país estará de nuevo John Snow, secretario del Tesoro desde 2000. Su reelección fue la más cuestionada, ya que a pesar de contar con el respaldo de Bush, muchos sectores republicanos ya habían empezado a moverse para buscarle un sustituto. El Departamento del Tesoro tendrá en los próximos meses trabajo extra, puesto que deben tirar para adelante reformas como las del sistema fiscal y la de la seguridad social, ambas prometidas por Bush durante la campaña.

Otros secretarios que seguirán en el Gabinete de Bush son Alphonso Jackson, en Desarrollo Urbano; Gale Norton, en Interior; Elaine Chao, en Trabajo; y el único demócrata del Gobierno, Norman Mineta, en Transporte. Con la incorporación de Mineta, Bush cumple su objetivo de integrar en su Gabinete a un demócrata moderado, dando, de este modo, una imagen integradora en un país más polarizado que nunca.

Las nuevas carteras serán para Mike Johans, en Agricultura; Carlos Gutiérrez, en Comercio; Samb Bodman, en Energía; Margaret Spellings, en Educación; Mike Leavitt en Sanidad; y el ex embajador de EE UU en el Vaticano, James Nicholson, que coge la cartera de Veteranos de Guerra.


 


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