Anuario 2004

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El descrédito de la invasión de Irak copa el protagonismo de un año centrado en las elecciones
Bush insiste en el unilateralismo, aunque tiende la mano a sus aliados

A finales de septiembre de 2002, un año después de los atentados en Nueva York y Washington, George W. Bush presentaba ante el Congreso su nuevo diseño de la política de defensa y de seguridad nacional. En el documento, llamado “Estrategia para la Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América” y conocido más popularmente como “Doctrina Bush”, se establecieron las cuatro líneas teóricas de la política exterior estadounidense. La más importante fue la idea del ataque preventivo. En este sentido, el presidente defendió el uso de la fuerza militar contra los terroristas o estados que intenten utilizar o que dispongan de armas de destrucción masiva. Además, aseguró que EE UU “actuará contra esas amenazas en ciernes, antes de que éstas terminen de concretarse”. El uso preventivo de la fuerza militar frente a ataques inminentes tiene el aval del derecho internacional siempre y cuando la agresión del enemigo sea apremiante y notoria.

Sin embargo, Bush dio un paso más adelante, ya que justificó el ataque militar “aunque exista incertidumbre en cuanto al momento y el ataque del enemigo”

En segundo lugar, la Estrategia de Seguridad Nacional de Bush estableció mantener la supremacía de EE UU como única potencia mundial. En este sentido, el presidente avisaba que se anticiparía a cualquier país o grupo de países que quisieran quitar a EE UU su poder hegemónico. “Nuestras fuerzas serán lo bastante potentes como para disuadir adversarios potenciales de emprender una acumulación de fuerzas militares con la esperanza de sobrepasar o igualar el poderío de EE UU”, reza el informe. No obstante, son muchos los que creen que es bueno para la estabilidad mundial que se mantenga una hegemonía estadounidense. Prueba de ello es que, según el documento, en muchos países, las tropas norteamericanas son bien recibidas.

En tercer lugar, la Doctrina Bush declara que “también nos guía la convicción de que ninguna nación puede, por sí sola, crear un mundo mejor, más seguro. Las alianzas y las instituciones multilaterales pueden multiplicar la fuerza de las naciones amantes de la libertad. EE UU está comprometido con las instituciones perdurables”. A pesar de tender la mano a las decisiones multilaterales, Bush aseguró que “no dudaremos en actuar solos”. Esta máxima fue la misma que utilizó el presidente en su discurso dos días después de vencer las elecciones de 2004. Por este motivo, el multilateralismo que anunció Bush para su segundo mandato queda en entredicho a tenor de lo sucedido los meses anteriores a la invasión de Irak. En aquellas semanas, el presidente estadounidense no esperó las conclusiones de los informes de la ONU que debían aclarar si Sadam tenía, o no, armas de destrucción masiva, y lanzó su ataque en solitario. De ahí que sean muchos los que recelen del presidente cuando afirma que buscará la connivencia de la comunidad internacional para lanzar un ataque contra otro país.

Por último, el cuarto punto establecía que la misión de EE UU era la de extender la democracia en todo el mundo y la promoción del desarrollo de “sociedades libres y abiertas en todos los continentes”. En este sentido, en la Estrategia de Seguridad Nacional se hace un llamamiento sobre todo al mundo musulmán para que sepa sobre EE UU y aprenda de él. Y de Norteamérica, lo que se debe aprender, según el documento, es “la libertad y la justicia porque estos principios son justos y verdaderos para los pueblos de todas partes”. Con esta enseñanza, EE UU pretende, aparte de democratizar todos los confines del planeta, mejorar su seguridad nacional ya que las situaciones de paz hacen menos probables los ataques a intereses estadounidenses, sobre todo los que se hallan en el interior de las fronteras de Norteamérica. Este punto recuerda al plan que EE UU ha previsto para Oriente Próximo -desde Marruecos hasta Pakistán- en su llamado proyecto para el “Gran Oriente Próximo”.

Con estas líneas maestras de la política exterior de Bush puede entenderse cuál ha sido el desarrollo de estos últimos cuatro años y cómo pueden ser los años venideros. Para su segundo mandato, aquél en el que, tradicionalmente, el presidente de EE UU se juega pasar a la posteridad o quedar como un nombre más en una lista de 42, Bush prometió seguir con su política unilateralista, aunque intentó restablecer relaciones con la comunidad internacional después de las disputas derivadas de la guerra de Irak. Países como Canadá, Alemania o México se mostraron contrarios a la intervención militar en el país árabe, aunque durante 2004, antes y después de la reelección de Bush, mantuvieron encuentros con el presidente estadounidense para limar asperezas, y poco menos que disculparse por haber sido, durante un breve lapso de tiempo, díscolos con el mayor y único imperio del mundo. Algo similar pasará recién estrenado 2005, ya que está prevista una reunión entre Bush y el primer ministro francés, Jacques Chirac.

El primer destino de Bush después de ganar las elecciones fue Canadá. En Ottawa, el presidente estadounidense lanzó un mensaje a la ONU y a la OTAN: “Mi país está determinado a trabajar al máximo dentro del marco de las organizaciones internacionales y esperamos que otras naciones trabajarán con nosotros para hacer esas instituciones más relevantes y más efectivas”.


 


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