Anuario 2004

Afganistán
Albania
Alemania
Arabia Saudí
Argelia
Argentina
Armenia
Azerbaiyán
Bielorrusia
Birmania
Bolivia
Bosnia-Herzegovina
Brasil
Camboya
Canadá
China
Colombia
Corea del Sur
Croacia
Eslovenia
Estados Unidos
Francia
Georgia
Gran Bretaña
India
Indonesia
Irak
Irán
Israel
Italia
Japón
Kazajstán
Kosovo
Líbano
Libia
Macedonia
Malasia
Marruecos
México
Nepal
Pakistán
Palestina
Polonia
Rumania
Rusia
Sáhara Occidental
Serbia
Siria
Sri Lanka
Sudán
Tailandia
Taiwán
Túnez
Ucrania
Uruguay
Uzbekistán
Venezuela
Indonesia
Un terrible maremoto cierra un año marcado por las luchas separatistas
Las dificultades para mantener unido el país

El inmenso tamaño de un país como Indonesia, el archipiélago más grande del mundo, ha provocado diversos problemas para mantener la unión del país y los sigue creando. En un país heterogéneo, como es el caso de éste, la soberanía de determinadas zonas que están alejadas del centro administrativo, la capital Yakarta, se les puede ir de las manos a los gobernantes en cualquier momento. En estos territorios conflictivos hay un enorme resentimiento contra Yakarta por expoliar el país.

En la actualidad, además del conflicto de Aceh, hay diversos frentes abiertos como son los de Irian Jaya, las islas Molucas, Sulawesi y Kalimantán.

El conflicto de Irian Jaya se inició en 1963 cuando la autoridad de la provincia, que formaba parte de las Indias holandesas, fue transferida a Indonesia. Desde entonces, los enfrentamientos se han sucedido y en los últimos tiempos el mayor problema ha sido el de la tierra y los recursos naturales. En teoría, en Indonesia los bosques y los recursos naturales son controlados por el estado, por lo que los ciudadanos de Irian Jaya no poseen ningún tipo de control sobre su tierra. En realidad, la gestión de los bosques se encuentra en manos de compañías mineras o madereras privadas que prohíben a los indígenas el acceso a sus propias tierras. El conflicto empeoró a raíz de la PT Freeport Indonesia Mine de Tembagapura, de capital norteamericano, que explota la riqueza en recursos naturales de la zona pero que, al igual que en Aceh, las ganancias no revierten en la población local. Desde julio de 1994 la oposición a la mina ha aumentado y se han producido enfrentamientos armados con el ejército indonesio, al que la Comisión Nacional de Derechos Humanos acusó de llevar a cabo ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, torturas y arrestos arbitrarios. A diferencia del conflicto de Aceh, éste es un movimiento mayoritariamente pacífico y civil pero que también exige la independencia de la región.

El conflicto de las Molucas ha sido provocado, al igual que el de Aceh, porque tras la descolonización de la zona, Indonesia no aceptó la independencia que el territorio había elegido y decidió anexionarlo al país por la fuerza. El pueblo se resistió a esta decisión y optó por iniciar la lucha armada. Durante los años 50 y 60 hubo disturbios generalizados. A raíz de estos enfrentamientos las autoridades indonesias iniciaron un asentamiento de colonos a gran escala. Las actuales olas de violencia en las Molucas están teniendo como protagonistas a los colonos javaneses (musulmanes) y a los autóctonos (cristianos). Desde febrero de 2003 hay un acuerdo de paz firmado por ambas partes. Recientemente, las autoridades indonesias han quebrantado esa paz al conceder a los javaneses mejores puestos de trabajo y tierras confiscadas a la población autóctona. Hay una tendencia a atacar los lugares de culto de cada religión para exacerbar la violencia comunitaria. Estos enfrentamientos ya se han cobrado más de 10.000 víctimas.

El conflicto de las Molucas se ha extendido hasta Sulawesi, en las islas Célebes, a través de las decenas de miles de refugiados cristianos que huyeron de la violencia hasta la isla vecina. Esta situación ha llevado a que en la región haya también enfrentamientos entre musulmanes y cristianos. En diciembre de 2001 se firmó el acuerdo de paz.

En Kalimantán, región perteneciente a la isla de Borneo, también se observa un enfrentamiento civil entre dos etnias los madurenses, que profesan la fe musulmana, y los dayaks, que son animistas cristianizados. Los dayaks eran los ciudadanos originarios de la zona, mientras que los madurenses provienen de la Isla de Maduro y fueron llevados a Kalimantán durante el gobierno de Suharto. Los madurenses se adaptaron rápidamente a su nuevo hogar y prosperaron económicamente al dedicarse a actividades comerciales y forestales. Mientras, los dayaks seguían dedicándose a las actividades tradicionales. Así, mientras unos han progresado y se han enriquecido, los otros permanecen sin poder prosperar y con unas pobres condiciones de vida. Los madurenses nunca han respetado las tradiciones de los dayaks y eso creó una animadversión que ha llevado a los ciudadanos autóctonos a atacar a los colonos en lo que algunas ONG describen como una “limpieza étnica”.

 


Periodismo Internacional © 2022 | Créditos
Facultat de Comunicació Blanquerna - Universitat Ramon Llull
Aviso legal | Política de protección de datos | Política de Cookies