Anuario 2004

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Recrudecimiento de la rebelión musulmana en el sur del país
Los conflictos separatistas

El antiguo reino de Siam, el único país de la zona que no ha formado parte de ningún imperio europeo, posee una población de 65 millones de habitantes y el 95% profesan la religión budista. En el sur del país, en la frontera con Malasia, se encuentran tres provincias en las que los conflictos se suceden. En las regiones de Yala, Narathiwat y Pattani habitan gran parte del 4% de musulmanes que viven en Tailandia. La población musulmana que vive en la zona no desea formar parte del Estado porque consideran que desde Bangkok se les tiene abandonados y, por eso, reclaman la independencia de los territorios que ocupan. Los datos parecen avalarles. Por ejemplo, en Narathiwat, los años de escolarización media son la mitad que en la capital tailandesa y los salarios son muy inferiores.

Pero el conflicto viene de atrás. Durante siglos estas tres regiones formaron el sultanado de Pattani, hasta que, en 1902, Tailandia se anexionó los territorios sin tener en cuenta que los habitantes de estas zonas tenían más en común con sus vecinos de Malasia. Desde esa anexión, los ciudadanos tailandeses pero de religión musulmana han sido tratados como ciudadanos de segunda y nunca han gozado de las mismas oportunidades que el resto de habitantes del antiguo Siam. Su cultura y su religión nunca han sido respetadas por el Estado tailandés, que se declara oficialmente budista theravada. Los ciudadanos de estas regiones hablan Yawi, que es un dialecto malayo, pero en las escuelas les obligan a hablar tailandés. Además, los líderes religiosos de la población musulmana son designados por Bangkok.

Aparte de los conflictos religiosos y sociales, parece que lo más importante es que esta zona es la más pobre del país, por lo que, además de las reivindicaciones culturales y religiosas, los separatistas también demandan ayudas económicas para potenciar su desarrollo económico.

Esta situación ha provocado la proliferación de escuelas coránicas a las que acuden más de 3.000 chicos que no tienen la posibilidad de trabajo y que pueden ser pasto fácil para determinadas organizaciones.


 


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