Anuario 2004

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Palestina
El pueblo sin Estado se queda sin líder
40 años al frente de los palestinos

Arafat se encumbró como líder de los palestinos en 1967, durante la Guerra de los Seis Días, después de ser el primero que pudo infringir una pequeña derrota a Israel. Hizo recular a las tropas israelís en Al Karameh, una población de Jordania; y aunque no fue una gran victoria, a los ojos de los palestinos Arafat se encumbró como el líder de la resistencia. Esta acción permitió a Arafat hacerse cargo de la OLP que hasta entonces controlada por otros países arabes y, oficiosamente, por Egipto. En un principio, Arafat solo concebía un Estado palestino asociado a la desaparición de Israel, y por eso utilizó durante años el terrorismo como la única herramienta posible para conseguir que su pueblo lograra algún día ser un Estado. Pese a ser durante cuatro décadas el símbolo de la búsqueda de la libertad del pueblo palestino, Arafat no pudo dirigir a su pueblo sobre el terreno ya que estuvo exiliado durante décadas. Fue un inquilino incómodo para Jordania y para el resto de países árabes que criticaban su intromisión en la política de Líbano y Siria. Arafat siempre consideró que Palestina no debía estar ligada a ideologías, religiones o a la “protección” de ningún vecino árabe, y esto le creo muchas enemistades.

Paralela al terrorismo, Arafat comenzó su carrera de “relaciones públicas” para convencer a la opinión internacional de que la vía armada que llevaba a cabo la OLP tenía una justificación lo suficientemente potente. En 1974 compareció ante la Asamblea General de la ONU ofreciendo “la paz de los valientes” a Israel, que en la práctica suponía un Estado conjunto palestino-israelí, en el que, claro está, siempre habrían mandado los palestinos debido a su superioridad demográfica. Pero en 1974 ni Arafat ni el primer ministro israelí, Isaac Rabin, tenían la más mínima intención de convivir en Oriente Próximo. Ese mismo año la ONU reconoció a la OLP como la única representante del pueblo palestino. A finales de los 80 la intifada estalló en Palestina y Arafat vio la necesidad imperiosa de volver a los territorios si no quería que alguien le arrebatara el liderazgo de “su pueblo”. Estados Unidos le brindó la oportunidad de sentarse a negociar: la Casa Blanca no quería que la inestabilidad de esta zona pudiera contagiarse a Irak, Arabia Saudí e Irán (dado su interés estratégico por los yacimientos de petróleo), y presionó a Israel amenazándole con retirarle las cuantiosas ayudas económicas que recibía. El rais no desperdició la llave que le haría volver a su pueblo. En 1993 Arafat y Isaac Rabin firman los acuerdos de Oslo por los que ambos se reconocían mutuamente y se comprometían a negociar la paz. Para los sectores árabes más radicales los acuerdos fueron como una traición de Arafat: reconocer los derechos de Israel sobre “la tierra prometida” a cambio de la jurisdicción sobre el 10% de los territorios ocupados era como enseñar las bazas en una partida de cartas. Pero a cambio Arafat pudo volver a la Palestina que, dos años después (en 1996), dio el primer paso para lograr ser reconocida como Estado con la aparición de de la ANP de la que el rais fue elegido presidente.

A partir de entonces todo se torna gris y la salida al conflicto se esfuma. En las conversaciones de Camp David del año 2000 entre Yasser Arafat y Ehud Barak, propiciadas por Bill Clinton, el presidente palestino se niega a firmar un acuerdo que no satisface las pretensiones soberanistas de los palestinos. Ehud Barak ofrece a Arafat la plena soberanía sobre la Franja de Gaza y sobre el 90% de Cisjordania, y la posibilidad de fijar la futura capital de un estado palestino en Jerusalén este. Pero a cambio Israel se anexiona el 10% de Cisjordania (justamente las zonas donde se encuentran los recursos hídricos) y no se permite el regreso de los refugiados palestinos desplazados por las guerras desde 1948. Arafat era consciente de que si firmaba los acuerdos, el pueblo palestino no lo habría aceptado. Y los últimos cuatro años de Arafat son de aislamiento. Ariel Sharon es nombrado primer ministro en el año 2000, y esto complica aún más la situación de Arafat: aislado, y sin ejercer su autoridad en Palestina es, durante cuatro años, un cadáver político.

Durante cuarenta años no permitió que nadie le hiciera la más mínima sombra, ni gente de su propio partido, Al Fatah, ni otros grupos como Hamas. Los cargos más importantes que acumulaba eran presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y presidente de Al Fatah en Palestina.

Arafat era la piedra angular mediante la que permanecía unido Al Fatah; la OLP no tenía sentido sin este partido, y el cargo de la Autoridad Nacional Palestina necesitaba un líder cuyo poder no fuera cuestionado. Por eso, con la muerte del rais, el castillo de naipes amenaza con desmoronarse.

 


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