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El conflicto de Darfur empaña el proceso de paz entre el norte y el sur de Sudán
Turabi sigue en prisión acusado de instigar la revuelta de Darfur

En marzo pasado, el Gobierno sudanés detuvo a Hassan al Turabi, considerado el padre del islamismo político y uno de los principales actores de la historia reciente del país, acusándole de fomentar la revuelta de Darfur. Y es que, según asegura el régimen de Omar Hassan al Bashir, por las filas del Movimiento por la Igualdad y la Justicia (JEM), uno de los grupos rebeldes de Darfur, han pasado numerosos militantes del partido de Turabi, el Congreso Nacional Popular (CNP). Una acusación que han avalado organizaciones como Human Rights Watch (HRW).

Cuatro meses después de la detención, el 27 de julio, el ministro de Agricultura, Majsub al Jalifa Ahmed, anunció que el Gobierno de Sudán iba a liberar “tan pronto como sea posible” a Turabi. Pero la liberación se fue posponiendo y el 25 de septiembre Jartum aseguró haber frustrado un golpe de Estado, además de acusar al CNP de organizarlo. “Las acusaciones del Gobierno contra el CNP de apoyar al JEM se mantienen y el Gobierno cuenta con pruebas de que ayuda a los rebeldes”, reiteró en diciembre el secretario de Estado para Interior, Ahmed Moharem Harun. “El juicio a los sospechosos de la reciente tentativa subversiva revelará aún más pruebas”, añadió Harun.

Turabi, sin embargo, ha negado reiteradamente estas acusaciones. Ya a finales de diciembre de 2003, por ejemplo, el líder islamista aseguró que su partido no tiene nada que ver con los rebeldes de Darfur. “Los miembros del CNP que han apoyado a los hombres armados de Darfur lo han hecho sin el consentimiento del partido”, afirmó Turabi. “Todos los partidos, incluido el partido en el poder, tiene miembros que han entrado en los grupos armados de allí”, añadió. Pero el líder islamista ha dejado una puerta abierta a la especulación, pues en los últimos meses ha reiterado en diversas ocasiones que apoya la causa de los rebeldes de la región.

En cualquier caso, las últimas acciones de Jartum contra el líder islamista bien podrían servir para ilustrar la evolución del Gobierno de Omar al Bashir. Porque Turabi fue, ni más ni menos, quien estuvo detrás del golpe de Estado que, en 1989, llevó al actual presidente al poder. Juntos instauraron un duro régimen islamista que convirtió al país africano en la bestia negra por antonomasia de Estados Unidos. De hecho, Osama bin Laden llegó a vivir en Jartum a principios de los años noventa, invitado por Turabi, trasladó al grueso de sus fuerzas allí y contribuyó a la financiación de varias obras públicas de gran envergadura.

Pero ahora el régimen sudanés ha abandonado las veleidades extremistas y el antiguo aliado político de Al Bashir se ha convertido en la principal amenaza para el Gobierno. De hecho, el pragmatismo del que ha hecho gala el actual presidente sudanés en los últimos años -sobre todo durante el proceso de paz con los rebeldes del sur- ha sorprendido a propios y extraños. Quizá Al Bashir se haya dado cuenta de que sólo la paz y la estabilidad permitirán que Sudán se convierta en un importante país exportador -es rico en petróleo, gas y oro, sin olvidar las aguas del Nilo- y, sobre todo, que para ello necesita el beneplácito de la comunidad internacional, con Estados Unidos al frente.

 


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