Anuario 2005

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Castro recentraliza la economía cubana para luchar contra los “nuevos ricos” y “el despilfarro”
El papel de la disidencia cubana y de Estados Unidos en el futuro de la Cuba poscastrista

La avanzada edad de Fidel Castro, que el próximo agosto cumplirá 80 años, cuestiona el futuro de una Cuba sin su figura al mando del Gobierno. A pesar de que él mismo ha designado a su hermano Raúl como su sucesor y ha emprendido numerosas medidas para evitar “sorpresas”, la duda se cierne sobre la continuidad del régimen más allá de su muerte y la posible transición hacia un sistema democrático. Lo que está claro es que cualquier intento de cambio vendrá desde la disidencia, tanto la que permanece en el país como la que ha logrado exiliarse, sobre todo a Estados Unidos. Pero contará con la firme oposición de los sectores defensores de la revolución, que se han convertido en la gran esperanza de Fidel Castro para que su proyecto socialista se afiance y continúe más allá de su muerte.

Estados Unidos tampoco ignora la edad del líder cubano, por lo que a mediados de 2005 el Departamento de Estado norteamericano creó una oficina especial para la “reconstrucción” del país caribeño con el objetivo de planificar y garantizar una transición pacífica después de la muerte de Fidel Castro. Pero sobre todo su misión sería ayudar a que, tras la muerte del comandante, Cuba tenga un gobierno democrático y una economía de mercado. Una transición en la que, según el coordinador del proyecto, Caleb McCarry, la comunidad de exiliados en Estados Unidos, cerca de dos millones de cubanos, tendrá un papel decisivo pues “ellos son los que definen el futuro democrático para Cuba”.

En el pasado año 2005, la represión del régimen castrista contra la disidencia ha ido en aumento y cada vez es mayor el peligro de ser denunciado por miembros del Partido Comunista por actividades u opiniones “contrarrevolucionarias”. De este modo, el poder del comandante no sucumbe a los años y continúa movilizando a miles de cubanos a favor de los ideales de la revolución. Conocidos como “trabajadores sociales”, estos jóvenes integran las llamadas Brigadas de Respuesta Rápida, es decir, grupos organizados y dirigidos por la policía política del régimen que, vestidos de civiles, controlan que los cubanos no se salten los dictámenes gubernamentales. Con la ayuda de estos civiles oficialistas, las autoridades pueden localizar focos de disidencia, identificar sus activistas y proceder de forma consecuente.

 


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