Anuario 2005

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Bush inicia su segundo mandato asediado por los problemas
Nubarrones sobre un paisaje económico en crecimiento

Si nos ceñimos a lo que dicen los datos económicos en Estados Unidos, podemos decir que 2005 ha sido un año positivo. En su discurso semanal por radio del el 31 de diciembre, el presidente del país se enorgulleció de la política económica llevada a cabo por su Gobierno. Si bien es cierto que la economía estadounidense sigue siendo la envidia de la mayoría de países del mundo, los motivos que esgrime Bush del porqué de este liderazgo en 2005 son discutidos por muchos dentro de su propio partido. En dicha alocución radiofónica, Bush señaló que la razón de la buena marcha de la economía americana es la reforma tributaria que pusieron en marcha en 2003; la moderación de gastos; un fuerte ritmo en el crecimiento, del 4,1% en el tercer trimestre, que se mantiene en tasas superiores al 3% por décimo periodo consecutivo; una inflación controlada; un ascenso de 4'1% de la productividad, muy por encima de la estimación inicial del 2'5% y la creación de más de cuatro millones y medio de empleos desde mayo de 2003 (dos millones en los últimos doce meses), que ha hecho que el índice de paro se sitúe en el 4'9% a finales de año.

Parece que Bush, en su tradicional discurso, no tuvo en cuenta el gran gasto militar que supone el mantenimiento de sus casi 150.000 efectivos que aún dispone en Irak. Por ello, a principios de año pidió una partida al Senado de 80.000 millones de dólares adicionales para gastos militares. Esta cantidad fue reducida, considerablemente, por la parte conservadora de la Cámara en casi un 45 por ciento. Y es que la realidad económica presenta algunos riesgos: la constante subida de los tipos de interés en los últimos meses, que la Reserva Federal ha colocado en el 4,25% (a mediados de año estaban un punto más bajo), ha empezado a enfriar el sector inmobiliario, que ha sido uno de los motores de la economía. Tampoco parece que el presidente haya tenido en cuenta el paso de los devastadores huracanes Rita y Katrina. Aparte de las cuantiosas pérdidas que dejaron ambos, dañaron muy gravemente una de las mayores reservas energéticas que tiene el país, situada en el golfo de Lousiana. El temor a un desabastecimiento, sumado a la subida del petróleo, causó la alarma en la nación norteamericana. El todavía presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, reconoció la inquietud de su país por la tendencia al alza de los precios del crudo, pero disipó dudas sobre posibles efectos similares a la crisis de la década de los 70. Greenspan mostró su preocupación por la producción y la venta de refinado por debajo del acuerdo internacional -es decir, por debajo de un precio mínimo acordado por los países productores- y pidió a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) que amplíe sus inversiones en la extracción de crudo para satisfacer la demanda creciente, sobre todo de China y de otras economías emergentes de Asia, que no hacen más que influir en la demanda norteamericana encareciendo los precios del crudo.

Se calcula que los dos huracanes podrían costarle a Estados Unidos más de un punto del PIB y más de 400.000 empleos. En muchas de las áreas afectadas, incluida la ciudad de Nueva Orleans, se prevén trastornos en la actividad económica “sustanciales y prolongados”. Pese a no ser comparable por su naturaleza, son inevitables las equiparaciones con las consecuencias que tuvieron los atentados del 11-S. Y es que después de esa fatídica fecha de 2001, el crecimiento en EE.UU. del año siguiente cayó un 0'5%. Inicialmente, el vaticinio de las consecuencias económicas de los huracanes era mucho más demoledor, debido a la incertidumbre del alcance de la catástrofe. Las expectativas cambiaron a un cierto optimismo al saber que algunas refinerías y oleoductos se habían salvado de la catástrofe. A mediados de octubre, Bush pidió una partida extraordinaria al Congreso de 51.800 millones de dólares para la ayuda de primera necesidad a los damnificados por los huracanes. Anteriormente ya se había aprobado la concesión de 10.500 millones para ayuda de urgencia. Todas estas cantidades influyen directamente a la balanza fiscal de Estados Unidos. Si bien es cierto que las catástrofes naturales no ocurren por expreso deseo de nadie, éstas han sucedido cuando el Gobierno norteamericano más necesitaba una política de gastos austera.

Aún no se conocen las cifras del déficit comercial ni fiscal de Estados Unidos para todo el año 2005. Pero si se analiza lo que fue el primer semestre del año, fechas en las que los huracanes aún no habían azotado el país, las previsiones económicas a este respecto no parecen muy halagüeñas. Los seis primeros meses del año reflejan que el déficit comercial del país se disparó al 6,4% del PIB, un nivel sin precedente en los últimos 25 años. Otra cifra de este periodo es el aumento del déficit por cuenta corriente, que creció un 3,6% en el primer trimestre y alcanzó los 195.100 millones de dólares, la cifra más alta en la historia de este indicador. Gran parte de la culpa de estos desequilibrios la tiene la subida del precio del petróleo. Según el Departamento de Comercio, las importaciones registradas hasta abril crecieron un 4,1%, muy por encima del 3% de alza experimentada por las exportaciones. Tan sólo en octubre, la balanza comercial de bienes y servicios aumentó su saldo negativo en un 4,4% y alcanzó la cifra de 68.900 millones de dólares. Un dato muy revelador es que en el periodo entre enero y octubre de este año, Estados Unidos ha acumulado un déficit comercial de 598.331 millones de dólares, 100.000 millones más que en el mismo periodo de 2004. ¿Qué consecuencias puede tener esto? Los más apocalípticos señalan que el endeudamiento de EE.UU. puede comportar que llegue un momento en que el crédito inagotable de dinero, esa es la sensación que el país da con la constante dotación de partidas extra presupuestarias por parte del Congreso, se acabe y repercuta tanto en la economía nacional como en la internacional.

Pero es que los huracanes han hecho cambiar las previsiones para 2006. Si las estimaciones iniciales situaban el déficit fiscal en 341.000 millones de dólares, después de los fatídicos meses de septiembre y octubre, esta previsión ha situado el déficit previsto para el próximo año en más 400.000 millones de dólares. Para el director de la Administración y Presupuesto de la Casa Blanca, Joel Kaplan, este hecho es transitorio. “Volveremos a una disminuición del déficit y nos mantendremos en la senda de reducirlo a la mitad para 2009”, pronosticó Kaplan

En opinión de los demócratas, George Bush tan sólo se ha centrado en la creación de empleo -la mayor parte, contratos temporales- y en bajar los impuestos -que afecta mayoritariamente a las rentas más altas-. Entre 2001 y 2003 su Gobierno aprobó un recorte de impuestos especial por un periodo de cinco años. Dicho recorte hizo que las protestas por todo el país se generalizaran. Ahora, en vista del buen resultado obtenido con dicha rebaja, el presidente quiere volver a la carga en su propósito. Bush presiona al Congreso, en este final de 2005, para que extienda con carácter permanente los recortes de impuestos aprobados en 2001 y en 2003, al tiempo que intenta que se frene el gasto en programas sociales como Medicaid y Medicare -la asistencia médica a pobres y ancianos- y en becas estudiantiles. Los recortes puestos en marcha entre hace tres y cinco años tienen que ver con las exenciones por hijos y por matrimonio, la rebaja de los impuestos sobre los dividendos y sobre los beneficios de capital, y las ventajas tributarias para pequeñas empresas.

“Para mantener nuestra economía fuerte y asegurar el sueño americano para las futuras generaciones, los líderes de Washington deberían tomar decisiones sanas. Y una de las mejores decisiones que tomamos desde que accedí al cargo fue la de recortar los impuestos para que ustedes puedan quedarse mayor parte del dinero que tanto les ha costado ganar y, gastarlo en lo que quieran”. Ante tal discurso, la respuesta de la oposición demócrata nos se hizo esperar: su líder en el Senado, Harry Reid, acusó a la Administración Bush de impulsar una agenda radical y ultraderechista, a expensas de una clase media cada vez más castigada.

Pese a la insistencia de la Casa Blanca, el Congreso no ha accedido aún a aprobar la prorroga de dicha rebaja impositiva ya que varios senadores republicanos moderados se oponen a ello. Esgrimen que es demasiado arriesgado seguir la línea de rebaja de impuestos mientras se libra una guerra muy costosa para el país, se tiene que reconstruir toda la zona devastada por los huracanes y el déficit público es astronómico.

El ya habitual crítico del presidente Bush, “The New York Times”, no ha querido dejar pasar la oportunidad ante tal panorama. En un editorial acusó al presidente de ser muy selectivo en la lectura de los datos económicos, de “escoger las cerezas” que más le gustan y presentar así un escenario en exceso optimista. “The Times” criticaba el estancamiento o la caída de los sueldos por hora en los últimos años y el excesivo endeudamiento de los norteamericanos. Para el “Times” la existencia de trabajos bien pagados y el aumento de los salarios son esenciales para garantizar una prosperidad general a largo plazo. Sin ellos el crecimiento económico se concentrará cada vez más en las grandes empresas, los accionistas y el sector, del 20%, de gente con los ingresos más altos.

 


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