Anuario 2005

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Bangladesh
Crece el hostigamiento de los grupos integristas islámicos
Entre la violencia religiosa y la lucha étnica

El importante ascenso del movimiento islamista parece ser el principal motivo de prácticamente todas las tensiones que se viven actualmente en Bangladesh. Los partidos islamistas bangladeshíes, pese a haber apoyado en muchas ocasiones a otros partidos políticos que han estado frente al Ejecutivo de Bangladesh, nunca ha ocultado su intención de instaurar un modelo de Estado basado en la ley islámica.

Bangladesh es oficialmente un país laico, aunque casi el 90% de su población es musulmana. En los años cuarenta surgió una organización estudiantil (Islamic Chhatra Shibir) que buscaba entroncar el movimiento estudiantil con la ideología islamista, aunque será a partir de los noventa cuando las organizaciones islamistas cobrarán peso y protagonismo. También cabe destacar que hasta los años cuarenta el 30% de la población era hindú, pero debido a los movimientos de población que siguieron a la independencia de la colonia británica y a la posterior partición de la India, este porcentaje se ha reducido hasta llegar al 10% actual.

Durante los noventa, y con una importante influencia del movimiento talibán afgano y de la ideología de Osama Bin Laden, se formó el Harkat-ul-Jehad-al-Islami (HuJI), que buscaba el establecimiento de la ley Hukumat islámica (es decir, instaurar un régimen de islamismo radical). Otra organización, Jagrata Muslim Janata Bangladesh (JMJB), que en ocasiones actúa bajo el nombre de Jammat-ul-Mujahideen, también ha cobrado protagonismo en estos últimos años. Se ha especulado, además que este grupo puede contra con el apoyo de mandos policiales, e incluso de algunos miembros del Partido Nacionalista de Bangladesh (BNP), que actualmente es el principal partido de la coalición gubernamental.

Muchos analistas se preguntan qué hay detrás de estos atentados. Los objetivos no sólo han sido intelectuales y portavoces de ideologías contrarias el Gobierno, sino que también han sido algunas instituciones y edificios gubernamentales, al tiempo que han demostrado que estos grupos tienen una alta coordinación y pueden disponer de la colaboración de cientos de personas para llevar a cabo una operación de tales dimensiones.

Otro de los conflictos que más han condicionado al país se sitúa en torno a las colinas de Chittagong Hills Tracts, distrito ubicado en el sudeste del país y rico en recursos forestales y minerales (petróleo, gas, cobre y uranio). Hasta mediados de los años setenta, en la región vivían una docena de grupos étnicos con cultura, religión y lengua diferentes. Sin embargo, con la llegada masiva de colonos bengalíes musulmanes, favorecidos por la legislación centralista y cuya intención era ocupar tierras en las montañas, han sido fuente de importantes tensiones en la zona. Diferentes movimientos en defensa de los derechos de las etnias locales se han enfrentado al Gobierno central, quien no dudó en recurrir a la fuerza y la represión para acallar las protestas. La firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno de Bangladesh y los representantes de las tribus en diciembre de 1997 pareció asegurar que los derechos civiles y políticos de éstas serían respetados, así como sus derechos económicos, sociales y culturales. Sin embargo, ocho años después de su firma, el gobierno de Bangladesh no ha conseguido hacer cumplir en su totalidad las disposiciones más cruciales del acuerdo, incluidas la rehabilitación de todos los refugiados, la colonización de las tierras confiscadas a los pueblos tribales durante el conflicto, la retirada de los campamentos del ejército de Chittagong Hill Tracts y la transferencia del poder a las autoridades locales de la región.

El pasado mes de mayo se celebró Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas, donde Amnistía Internacional pidió al Gobierno de Bangladesh que garantizase a los cuatro dirigentes de los pueblos tribales (Mangal Kumar Chakma, Mrinal Kanti Tripura, Ina Hume y Albert Mankin) que no serían sometidos a hostigamiento e intimidación. De momento, esta petición ha serenado en cierta medida la situación. No obstante, las demandas de los grupos autónomos permanecen sobre la mesa, y en cualquier momento se pueden volver a desatar las tensiones en las colinas de Chittagong.

 


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