Anuario 2006

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Rusia
La sustitución de Putin tensiona la vida política rusa
El bloqueo energético,  arma de la Rusia del siglo XXI

Vladímir Putin ha convertido la amenaza de sanciones económicas en una arma muy efectiva para conseguir alterar la visión de Rusia en el mundo occidental. Enero del 2006 empezó con el corte del suministro de gas por uno de los dos gasoductos que abastecen Ucrania y reduciendo el bombeo de combustible por el otro, medida tomada por Gazprom, monopolio del gas ruso, ante la falta de acuerdo para establecer un nuevo precio del gas. Esta acción provocó la reducción de las cantidades de gas recibidas por países miembros de la Unión Europea como Alemania, Francia, Austria, Hungría, Polonia y Eslovaquia; el 80% de gas ruso exportado a los países europeos pasa por Ucrania. Sergei Kupriyanov, portavoz de la empresa Gazprom, empresa privada con un accionista mayoritario que resulta ser el Gobierno ruso, encargada de la extracción y la distribución de dicha materia energética, culpó al Gobierno de Kiev de la situación: “Tenemos información que demuestra que Ucrania ha comenzado a desviar ilegalmente el gas ruso destinado a los consumidores europeos”. El hecho es que Ucrania no poseía recursos suficientes con que pagar los más de 200 dólares por metro cúbico de gas fijado por Gazprom como precio para sus clientes de la UE (incluyéndose Ucrania entre estos), y en pleno invierno la disminución del consumo de energía procedente de los hidrocarburos resultó inviable. Por lo tanto, la reducción del suministro de gas por parte de Rusia afectó colateralmente a los países occidentales destinatarios finales de estos recursos energéticos. Algunos politólogos expertos en la zona interpretaron la crisis energética como una declaración de principios de Putin, recordando a la Unión Europea su frágil situación al depender estrechamente de los suministros energéticos rusos. Además de castigar a Ucrania y a su nuevo presidente, Víctor Yuschenko, por la llamada “Revolución Naranja”, que derrocó al proruso Víctor Yanukovich. Una muestra de la discrepancia de valoraciones provocada por la figura de Putin y sus actuaciones internacionales dentro y fuera de la Federación Rusa es el estudio realizado poco después de dicha crisis: El Centro Panruso para el Estudio de la Opinión Pública, VTSIOM, publicó una encuesta en la que cerca del 80% del pueblo ruso se mostró de acuerdo con la actuación de Gazprom durante todo el conflicto. Si bien han surgido algunas voces dudando de la independencia de dicha institución. El VTSIOM es el centro de investigación de la opinión pública rusa más antiguo, fundado en 1987, y depende directamente de la Administración central en Moscú.

Para entender cómo es posible esgrimir una presión semejante por parte de Rusia sobre tantos países, primero es necesario aclarar que nos encontramos ante una de las naciones con mayor riqueza en materias primas del mundo. Según un análisis de 2005 del profesor de la Universidad de Cambridge Allen C. Lynch, Rusia es poseedora de al menos el 13% de las reservas petroleras del mundo, cifradas en 60.000 millones de barriles; de cerca del 35% de las de gas, lo que vendría a ser 45,6 billones de metros cúbicos, superando en más del doble al segundo país del ranking, que es Irán; 32% de las de hierro, algo menos del 31% de las de níquel, así como cerca de un 30% de las de carbón, 21% de cobalto, 16% de zinc, 14% de uranio; entre un 5% y un 30% de oro, platino y diamantes, 11% de los recursos hídricos, y casi un 65% de todos los bosques no tropicales del planeta. A esta ingente cantidad de recursos se ha de añadir el hecho de tratarse del segundo productor mundial de carbón, tercero en madera, cuarto en energía eléctrica, acero, carne y cereales y el quinto en fertilizantes. Con todo resulta sorprendente observar que el producto interior ruso es menor que el de un país como Holanda, mientras la evolución del comercio exterior se asemeja a otro de dimensiones tan reducidas como Dinamarca. Con todo, Rusia resulta el primer exportador de gas del mundo y el tercero en petróleo, después de Arabia Saudí.
La paradoja radica en que la bonanza económica experimentada durante la segunda etapa de la era Putin se basa en el alza de los precios de su principal fuente de ingresos, las anteriormente nombradas materias primas. James M. Millar, en su trabajo “Putin and the economy”, apunta al brutal despegue del precio del petróleo como uno de los pilares fundamentales de la estabilización del régimen putiniano: mientras en 1998 el precio internacional del barril era de 10 dólares, en 2004 ascendía a 45 y finalmente a mediados de 2006 ya alcanzaba la cifra de 70 dólares. Este fenómeno ha provocado la entrada de gran número de divisas fuertes en un país históricamente desprovisto de ellas, situación no experimentada por los anteriores gobiernos de Gorbachov en los 80, cierto es que se trataba de una época bien distinta, ni Yeltsin en los 90.
Tampoco se puede olvidar la participación del comercio del gas. Hasta 2006, la explotación ha recaído en la compañía monopolística Gazprom, la cual extrae cerca del 85% del gas y proporciona casi el 25% de los ingresos federales, la mayoría de ellos en divisas extranjeras. Aunque, eso sí, Gazprom está obligada por el Gobierno ruso, que tiene participación accionarial del conglomerado gasístico, a vender al mercado interior a un precio sensiblemente más bajo que al exterior.

Según “The Economist”, el constante flujo comercial entre Rusia y los países demandantes de materias primas, junto con la constante devaluación del rublo es la clave para entender la evolución ascendente de la economía. Sin embargo, también existen versiones sensiblemente diferentes, como la de la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (OSCE). Esta asociación sostiene que tan sólo un tercio del crecimiento ruso en la última década, bajo gobierno de Putin, debe atribuírsele a la comercialización de materias primas, sobre todo gas y petróleo. Y añade que los dos tercios restantes son debidos a los efectos positivos de una “reestructuración pasiva”, aquella que sustentan su implementación en mecanismos de mercado y libre juego entre actores y corporaciones de grandes empresas: esta operación consistiría en el despido de un gran número de trabajadores para aligerar las plantillas y evitar el cierre de éstas. Sin embargo, la afirmación de la OSCE parece tambalearse cuando se conocen los resultados del Banco Mundial, que establece en un 25% la aportación real del gas y el petróleo al producto interior bruto ruso. Las autoridades de Moscú discrepan en la suma final y tan sólo le otorgan un 9% de participación en el producto interior bruto a los beneficios originados por el comercio de estas materias. Las previsiones de ingresos por exportaciones de materias primas de 2006 han supuesto el 81, 5% del total de Rusia, según cifras del Fondo Monetario Internacional. Como consecuencia de esta relativa bonanza económica el país empieza a mostrar, en las zonas más industrializadas, síntomas del nacimiento de una clase media en Rusia, desaparecida desde la primera etapa de Yeltsin, que posee un alto poder adquisitivo y un gran apetito consumista.

Rusia parece presentar para el futuro una franca expansión: el producto interior bruto ha crecido una media del 6,8% entre los años 1999-2004. Los déficit presupuestarios de la era Yeltsin se han convertido en superávit. Así, por ejemplo, en 2004 se alcanzaron los 40.000 millones dólares de superávit. La deuda pública, establecida alrededor del 90% del producto interior bruto al principio de la era Putin, a finales de 1999, es ahora de un manejable 33%, todo ello según los estudios del historiador ruso Boris Kagarlitsky y la periodista italiana Orietta Moscatelli. El manejo de grandes cantidades de divisas extranjeras se ha visto reflejado en el alivio de la acuciante deuda externa de la que era víctima el país desde la época Yeltsin: ha pasado del 68% del producto interior bruto en 1998 a un 40% en 2002. Asimismo, las reserva de divisas en el Banco Central ha pasado de 60.000 millones de dólares a principios de los 90 a los más de 82.000 millones de dólares en la actualidad. Al tiempo, Rusia dejaba de demandar créditos al Fondo Monetario Internacional.

Sin embargo, pese a que los precios en el mercado internacional de materias primas continúan aumentado, el período 2005-2006 presenta cierta desaceleración provocada por el pesado arrastre de una serie de problemas sin aparente solución inmediata.
Los bancos no están suficientemente capitalizados, carecen de un nivel de liquidez que asegure la recuperación del dinero depositado en sus cuentas ante una crisis económica inesperada.
 Rusia cuenta con miles de entidades bancarias en su extenso territorio. Sin embargo, según el analista Steve Rosefiel, tan sólo uno, el Sberbank, posee el 60% del mercado de ventas al por menor. Además, menos de un 10% de las inversiones en territorio ruso corren a cargo de los bancos. Estas situaciones son reflejo del primitivo estado en el que se encuentra el mercado bancario ruso. Consecuencia directa de la poca confianza que generan las entidades bancarias en la población: la agencia oficial de información “interfax” aventuró que cada familia rusa se guardaba unos 223 dólares de media en su propio hogar.
Por otro lado, la buena marcha de la industria parece concentrarse en todo aquello relacionado con las materias primeras. El resto de dimensiones productoras del país continúa en la situación ineficaz de principios de los años noventa debido, en la mayoría de casos, a una obsoleta infraestructura de la época soviética: la industria del automóvil se ve incapaz de competir en igualdad de condiciones con las firmas extranjeras; en cuanto a la informática, en contra de lo que se puede creer debido a la gran cantidad de expertos en el país, su rendimiento es muy bajo debido a una estrategia de comercialización errónea, una falta de conexiones con el mercado exterior y una gran flexibilidad, abiertamente delictiva en muchos casos, en cuanto a la ley de propiedad intelectual. Los fabricantes rusos concentran su actuación en el ensamblaje de componentes de bajo coste en Asia, mercado donde la mayoría de los programas utilizados son pirateados, motivo por el cual Rusia ha encontrado problemas para ingresar en la Organización Mundial del Comercio. Por el contrario, la telefonía móvil ha alcanzado un nivel productivo bastante importante en comparación con el resto de productos manufacturados pese a las dificultades físicas del territorio ruso. Dos tercios del país presenta serías dificultades de accesibilidad ya sea por tierra, mar o aire; su inmensa extensión provoca complejos problemas para mantener una infraestructura de servicios destinados a la población alejada de las grandes urbes y el rigor del clima no ayuda a desarrollar un efectivo sistema de comunicaciones. En febrero del 2006 se contaban 129 millones de abonados a servicios de telefonía móvil, lo que ha supuesto pasar de un índice de penetración de un 30% a un 89% en sólo dos años. Más concretamente, en Moscú dicha índice índice en torno al 136%, cifras equivalentes a las de cualquier nación occidental. Las grandes ciudades industrializadas, como San Petersburgo, Kaliningrado o la propia Moscú, son lugares de concentración de dinero, por tanto, lugares de concentración tecnológica. En cambio, en el resto de territorio la implantación de la telefonía móvil, así como de los productos tecnológicos en general, continúa siendo más baja que la de los países de la Unión Europea.
En cuanto a la agricultura, da empleo a un 12% de la población. Al mismo tiempo, las propiedades privadas contiguas a las dachas, casas de campo, son responsables de la mitad de la producción, según las cifras facilitadas por Carlos Taibo, profesor en Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Madrid, en su análisis “Rusia en la era Putin”. En el ámbito empresarial, destaca el escaso peso de las pequeñas y medianas empresas agrícolas, a favor de las grandes corporaciones dependientes de oligarcas. Si en Rusia hay seis empresas por cada 1.000 habitantes, en Estados Unidos encontramos 74 y en la UE 45. Polonia, con un cuarto de población que Rusia, posee un nivel cuatro veces superior de este tipo de empresas.
Uno de los mayores problemas estructurales de la Federación Rusa es la desigualdad entre territorios. Actualmente, el mayor índice de riqueza y desarrollo se encuentra situado en Moscú, San Petersburgo, en la región de Samara, y el distrito de Yamal-Nenets. Todos ellos enclaves occidentales. Entre tanto, la mayor pobreza se concentra en las repúblicas de Komí, Mari, también territorios occidentales y la república de Tuvá, una región próxima a las repúblicas ex soviéticas del Cáucaso. Si la media del salario ruso se encuentra en 4.996 rublos, en algunas de las zonas de mayor desarrollo podía llegar a cerca de los 16.000 rublos; por el contrario, en las más desfavorecidas apenas superaban los 2.500 rublos. Estos datos han sido aportados por Guilles Favarel-Garrigues y Kathy Rousselet, analistas del prestigioso Instituto de Estudios Políticos de París. Aunque estas desigualdades resultan de difícil solución, ante un país basado en la explotación de materias primas, el desarrollo de una zona u otra viene determinado por la riqueza natural del lugar. Así se dan ejemplos como el de Siberia, donde se encuentran cerca del 80% los recursos petroleros de la federación, el 85% de gas natural, casi el 80% de carbón, porcentajes similares de diamantes y metales precisos además de aproximadamente el 40% de las reservas madereras. Todas estas fuentes de riqueza, sólo comparables a Moscú y al área industrial de Samara, se encuentran a más de 9.000 kilómetros del centro administrativo del país. Circunstancia que dificulta su gestión directa desde Moscú ante la política centralizadora llevada a cabo por el Gobierno de Putin.

Finalmente, Rusia ingresa en la OMC
    A mediados de noviembre, Washigton y Moscú llegaban a un acuerdo para la entrada de Rusia en la Organización Mundial del Comercio (OMC) que se efectuará, según las expectativas oficiales, a mediados de 2007. El acuerdo bilateral permitiría a las exportaciones rusas beneficiarse de las tarifas arancelarias de los países miembros de la OMC. Asimismo, obligaba a Rusia a seguir las reglas comerciales establecidas por este organismo internacional. Para su entrada en vigor será necesario suprimir la enmienda Jackson-Vanik por parte del Congreso de Estados Unidos. Dicha enmienda, aprobada en 1974, se opone a la concesión de nación más favorecida a la URSS, o, en su defecto, a los países que formaban parte de ella, hasta que terminase con sus restricciones a la emigración. Era una iniciativa de la comunidad judía pues la Unión Soviética impedía su emigración. Fuentes oficiales rusas han señalado que la entrada en la OMC tendrá efectos positivos directos sobre 30 de las 89 unidades en las que está dividida la federación. Rusia ha sido durante 2006 el décimo país por producto interior bruto y la economía más importante fuerza de la OMC.

 


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