Anuario 2006

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China
El reto de cambiar el modelo de desarrollo para seguir creciendo
China supera a Francia y a Reino Unido en volumen del PIB

En enero de 2006, el Departamento Nacional de Estadística del Gobierno de China revisó al alza el valor total del producto interior bruto (PIB) del país. Debido a esta revisión estadística, la República Popular China (sin incluir a Hong Kong ni a Macao) adelantó a Italia en la clasificación del Banco Mundial de países por volumen de su PIB y, una vez contabilizado el propio crecimiento del año 2005, de un 10,1%, la economía china rebasó a las de Francia y el Reino Unido, convirtiéndose en la cuarta del mundo, con un producto interior bruto total de 2,26 billones de dólares estadounidenses, sólo por detrás de Estados Unidos, Japón y Alemania. En los últimos cinco años, China ha duplicado el valor de su economía, mientras que desde 1994 su PIB se ha cuadruplicado. En aquel momento, los bienes y servicios del país asiático estaban valorados en 559.000 millones de dólares. Sin embargo, con una población de más de 1.200 millones de habitantes y una renta por cápita de 1.700 dólares, al gigante asiático todavía le queda un largo recorrido para alcanzar la prosperidad de las tres economías más fuertes del planeta, que, en conjunto, representan el 50,4% de la economía mundial.
A principios de año se conocía la noticia de que China había superado al Reino Unido por volumen de PIB, y se quedaba a las puertas del podium de economías mundiales, sólo por detrás de Estados Unidos, Japón y Alemania. En términos de producción, unos meses antes, China ya había superado a Italia y Francia, dos países que el año anterior estaban por delante del gigante asiático en el ranking mundial. Muchos analistas señalaron que esta escalada de posiciones era “anunciada”, y más teniendo en cuenta las dimensiones del país y su extensa población (casi 1.300 millones de habitantes), que en términos relativos restan importancia a las hazañas de la economía del país más poblado del mundo.
El PIB de China en 2004 fue el sexto del mundo (1,6 billones de dólares), por detrás de EE.UU. (11,66 billones), Japón (4,62), Alemania (2,71), Reino Unido (2,14) y Francia (2). A lo largo del 2005 siguió creciendo alrededor del 10% y dejó atrás a Francia y al Reino Unido. Hoy, su PIB es el cuarto del mundo por países y los analistas estiman que en otros cuatro años Alemania será rebasada.

El precio que China está pagando por este rápido crecimiento se manifiesta sobre todo en términos sociales y de consumo de energía. Por un lado, y aunque gran parte de la población vive mucho mejor ahora que hace treinta años, el inevitable desarrollo de las zonas más productivas del país (las denominadas zonas económicas especiales), situadas principalmente en la costa, está generando grandes desigualdades frente a la masa rural que tiene el país asiático. Precisamente, en marzo, la Asamblea Popular Nacional aprobó el XI Plan Quinquenal (2006-2010), un programa de subvenciones, inversiones y ayudas al abandonado sector agrario. El proyecto representa toda una novedad en la política china, que en los últimos planes quinquenales siempre se había preocupado de hacer crecer la economía del país, sin mencionar en ningún caso cómo afrontar el desequilibrio social, cómo asumir la gran masa de campesinado que tendrán que soportar las grandes urbes chinas en los próximos años, o cómo mejorar la escasa preocupación por el medioambiente. En este sentido, el plan representa un punto de inflexión en la retórica de los dirigentes chinos en materia de desarrollo social y medioambiental
Por otro lado, el motor económico chino está creciendo de forma tan acelerada que necesita enormes cantidades de combustible y materias primas para saciar su producción. China es el mayor consumidor del mundo de cemento, carbón, acero, níquel y aluminio, y el segundo importador de petróleo, por detrás de EE.UU. Entre 1995 y 2005 la demanda de petróleo del país se duplicó, alcanzando los 6,8 millones de barriles al día. Esto está llevando a China a tejer una gran red de suministro de energía en el mundo para poder abastecerse y asegurarse ahora y en el futuro el combustible que le permita continuar creciendo como hasta ahora.
El PIB del país asiático en los nueve primeros meses del año alcanzó una cifra estimada de 14,15 billones de yuan (equivalente a 1,79 billones de dólares), un 10,7% más que en el mismo período de 2005. En tasas interanuales, el primer semestre del año la subida fue del 10,9%, y del 11,3% en el segundo, la cifra más alta desde 2004. El crecimiento del producto interior bruto se desaceleró ligeramente en el tercer trimestre del año, período en el que registró un aumento estimado del 10,4% como consecuencia de las medidas adoptadas para frenar el sobrecalentamiento de la economía.
Sobrecalentamiento
A medida que ha ido avanzando este año, en Pequín se ha vuelto a disparar la alarma por el elevado sobrecalentamiento de la economía. A finales de abril aumentaron, por primera vez desde octubre de 2004, el tipo de interés para los préstamos en 27 puntos básicos, hasta el 5,85%. A mediados de agosto, volvió a aumentar el tipo para los préstamos (hasta el 6,12%) y subió el tipo para los depósitos (del 2,25% al 2,52%).
El sobrecalentamiento que padece la economía china no es de carácter general, sino parcial. Este sólo afecta a los sectores de la economía en los que hay fuerte sobreinversión, como podrían ser el del acero, del aluminio, del cemento, de la producción de electricidad, textiles y propiedad inmobiliaria, entre otros. La sobreinversión o sobrecapitalización es la utilización de capital para la puesta en marcha de proyectos empresariales de dudosa o nula viabilidad, debido a la superabundancia de dinero disponible para invertir. A corto plazo produce un estímulo de la economía, pero a la larga, el mantenimiento de los proyectos supone desembolsar nuevo dinero para mantener el negocio abierto. Al final, se hace evidente que prácticamente no habrá retornos positivos para la inversión o que estos van a ser desproporcionadamente bajos. Sin embargo, entonces ya se han gastado cantidades notables de recursos financieros, humanos y materiales. En China, el crecimiento de la inversión es superior al 30% anual, cuando en un país desarrollado estaría sobre  el 15 o 20%, y las exportaciones están creciendo al 25%, cuando para mantener el crecimiento en un país occidental bastaría con el 15% o el 20%. Esos dos componentes de la demanda son los que explican el rápido crecimiento del PIB, ya que el consumo interno es todavía proporcionalmente pequeño y registra incrementos más moderados: las ventas al por menor crecieron el 12,9% en 2005 y el 13,3% en el primer semestre de 2006.
El Ejecutivo de Pekín puso en marcha en 2004 varias medidas administrativas para enfriar la economía. Aparte de las tradicionales acciones de política monetaria para frenar el sobrecalentamiento –es decir, aumentar los coeficientes de reserva y los tipos de interés–, las medidas emprendidas iban desde establecer límites en propiedad inmobiliaria, pasando por controlar de la oferta de suelo o restringir el crédito bancario en los sectores en los que hay sobrecalentamiento, hasta reforzar las inspecciones a los proyectos de inversión.
A pesar de los temores de una desaceleración, China sigue siendo uno de los motores del crecimiento mundial. Se estima que este año la economía registrará una expansión del orden de un 10% a un 10,5%. El impulso provendrá principalmente de las exportaciones, más diversificadas y menos dependientes de la electrónica que otros países de Asia, y del incremento de la demanda doméstica, sobre todo rural, que se ha beneficiado por la creación de empleos y de un alza de los ingresos. Por ello se espera que la demanda china por recursos naturales también siga siendo muy alta.
El intercambio comercial chino aumentó entre enero y septiembre en casi un 25%,
hasta los 1,27 billones de dólares, por lo que el superávit comercial chino subió a 109.850 millones de dólares. La balanza comercial china registró en septiembre, por primera vez en varios meses, un pequeño descenso en el balance mensual que sirvió, sin embargo, para que el valor total del superávit acumulado durante el año haya superado el registrado en 2005 a falta de un trimestre para terminar el curso.
La Administración General de Aduanas informó al final del tercer trimestre que la Unión Europea sigue siendo el mayor socio comercial de China, posición que mantiene desde 2004, después de que el comercio bilateral ha crecido un 23,3% en lo que va de año. Estados Unidos, Japón y los países de la ASEAN siguen a Europa en términos de volumen de comercio con Pekín. En este sentido, el fuerte crecimiento de la República Popular también se ha puesto de manifiesto con el aumento de las exportaciones de los Estados Unidos hacia el gigante asiático, que posiblemente provocará que China se convierta en el tercer mercado del mundo para productos norteamericanos antes de fin de año, pasando por delante de Japón.

El crecimiento imparable de China está teniendo también las primeras consecuencias en los organismos internacionales. El FMI aprobó en septiembre con un 85% de los votos una reforma de la institución para aumentar el peso de economías como la china o la surcoreana, dándoles un mayor poder de voto. Por otra parte, Japón ha propuesto este año que los actuales cinco miembros permanentes y con derecho a veto del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aporten entre el 3 y el 5% del presupuesto de la organización. El aumento de las contribuciones afectaría sólo a dos miembros del Consejo, China que contribuye con el 2,1%, y Rusia, con el 1,1% del presupuesto de Naciones Unidas. El argumento de Japón es que los países con decisión de veto deberían contribuir en función de su responsabilidad y estatus. En el año 2000 Japón ya propuso aumentar las contribuciones, pero es la primera vez que concreta una cuota exacta.

Mirando hacia el futuro, una de las medidas propuestas este año por Pekín, junto con Japón y Corea del Sur, que podrían tener más repercusión, no sólo en la economía del gigante asiático, sino que afectaría a la estabilidad de toda la región y a la economía mundial, sería la creación de una Unidad Monetaria Asiática (UMA). En mayo, los ministros de Finanzas de los tres países se reunieron en el marco del encuentro anual del Banco Asiático del Desarrollo para impulsar la posibilidad de coordinar sus monedas en lo que significaría un paso previo para acabar creando una moneda única. Una propuesta que cuenta con el respaldo del denominado grupo del ASEAN más 3 y pretende crear una nueva divisa similar al euro para garantizar la estabilidad monetaria en la región.

El precio por el desarrollo: precariedad laboral y contaminación
El acelerado desarrollo de la economía china ha repercutido en un alto coste social y ambiental para el país. Para poder atraer inversiones extranjeras, durante muchos años la Administración china ofrecía paquetes de incentivos fiscales y un marco regulatorio sumamente laxo en materia de derechos laborales y de protección ambiental. Además, el bajo coste de inversión inicial y de la mano de obra barata que caracteriza el país han hecho del gigante asiático el primer destino de inversión extranjera directa a nivel mundial. Sin embargo, una gran cantidad de empresas internacionales se han aprovechado de la situación y trabajan bajo condiciones ínfimas de higiene y seguridad laboral.
Las facilidades del Gobierno para la inversión extranjera llevaron en 1980 a la creación de zonas económicas especiales en la zona costera, convirtiendo a China en la mayor productora del mundo, sobre todo en el sector de los electrodomésticos y textiles, debido al bajo coste de la mano de obra, cuyo salario en las regiones industriales ronda los 70 euros mensuales. Se calcula que aproximadamente un 25% de todos los bienes manufacturados del mundo se produce en China. El proceso de apertura iniciado en la costa ha permitido a las regiones costeras un despegue económico vertiginoso con índices medios de crecimiento superiores al 10%. Las regiones interiores, no obstante, han experimentado un despegue económico más moderado, con índices de crecimiento en torno al 7%. Este despegue a dos marchas ha abierto una brecha entre la costa y el interior.
El precio por el desarrollo industrial también se ha pagado a nivel ambiental. China se ha convertido en el segundo país en emisiones de dióxido de carbono y tiene que alimentar a su población (el equivalente a uno de cada cinco seres humanos) con sólo un 7% de su superficie en condiciones de ser empleada para la agricultura. Debido en parte a la meta gubernamental de reubicar a 400 millones de chinos en las ciudades en los próximos 25 años, dicha superficie cultivable disminuye al ritmo de 1 millón de hectáreas al año.
Algunos expertos consideran que el precio ambiental y social que está sufriendo el país más poblado del mundo para mantener su crecimiento es un coste temporal y necesario para llegar al nivel de prosperidad de cualquier país desarrollado. De modo que, cuando China estabilice su economía, contará con suficiente presupuesto para corregir estas suplencias ambientales y sociales. Sin embargo, también hay quien considera que el elevado crecimiento de China no es sostenible a nivel de recursos, materias primas, combustible, medioambiente y exclusión social, y que el gigante asiático no podrá mantener este ritmo de prosperidad económica sin solventar antes sus problemas medioambientales, sociales y energéticos.


 


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