Anuario 2006

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El déficit fiscal se reduce por segundo año consecutivo


El déficit fiscal estadounidense se redujo por segundo año consecutivo y llegó, en 2006, a los 247.700 millones de dólares, el nivel más bajo de los últimos cuatro años. Esta cifra significaba una reducción del 22 por ciento con respecto al año anterior. La bajada se logró gracias a que los ingresos del Estado crecieron más que sus gastos. La recaudación aumentó un 11,8 por ciento. Sobre todo vino de los impuestos de personas adineradas y de empresas, gracias al aumento de sus beneficios en 2006. Mientras, los gastos subieron un 7,3 por ciento. Entre otras medidas para frenar los gastos de la Administración estuvo la de reducir la financiación de distintas agencias gubernamentales. Pero el déficit sigue lejos del superávit que caracterizó los mandatos de Clinton. El coste de la “War on Terror”, la invasión de Irak y el recorte de impuestos hicieron que EE.UU. gastara más que lo que ingresaba durante los últimos años. Sin ir más lejos, el 10 de octubre, el presidente promulgó la Ley de Asignación Presupuestaria para el Departamento de Seguridad Nacional para el año fiscal 2007, en el que se gastarán nada menos que 33.000 millones de dólares, incluyendo el muro de la frontera con México, que costará 1200 millones de dólares. Y es que sólo el gasto del Estado en control fronterizo asciende a más de 3.000 millones de dólares anuales. Según un informe del Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz (SIPRI), EE.UU. es el responsable de casi la mitad del gasto militar anual de todo el planeta. En 2006, el gasto militar aumentó en un 5 por ciento con respecto al año anterior, y alcanzó los 419.000 millones de dólares.
La déficit exterior de EE.UU., en 2006, ascendió a 765.400 millones de dólares, y batió su récord por quinto año consecutivo. El déficit en la balanza de pagos fue de un 6,8 por ciento del PIB. Los altos precios que alcanzó el petróleo, marcando su récord en agosto con un precio por encima de los 78 dólares por barril, aumentaron el coste de las importaciones y por eso el déficit comercial fue más alto. De todas formas, el fuerte abaratamiento del petróleo de septiembre hizo que se registrase la mejora más importante de este indicador en cinco años, y lo rebajó un siete por ciento. Las importaciones de los tres primeros cuatrimestres sumaron 480.700 millones de dólares, mientras que las exportaciones fueron de 262.100 millones de dólares. Esto arrojó un déficit en bienes de 218.600 millones de dólares. De la demanda exterior de EE.UU. depende el 16,5 por ciento de las importaciones mundiales de mercancías y el 12,2 por ciento de los servicios. Mientras que los estadounidenses se benefician de productos importados a bajo precio, a la vez pierden puestos de trabajo en el sector industrial, incapaz de competir con los productos que vienen de fuera. Por otro lado, el aumento del precio del dinero encarece la deuda contraída por EE.UU. para financiar el déficit exterior.
La subida de los tipos de interés, que pasaron del 1 por ciento de 2004 al 5,25 por ciento en 2006, provoca que se pague más rendimientos a los que invierten en bonos y letras del Estado. Esto, sumado a la continuación de la tendencia de gran endeudamiento del Estado, ha provocado que por primera vez en 90 años, lo que EE.UU. paga a sus acreedores extranjeros supera a lo que ingresa por sus inversiones en el exterior. El déficit de cuenta corriente de EE.UU. acumulado desde finales de 2001 casi llegó a los tres billones de dólares. Aun así, la deuda externa neta estadounidense asciende al 20 por ciento de su PIB. Todavía entra dentro de los parámetros de normalidad si se compara con el 15 por ciento de deuda media de los países de la zona euro. Pero si la tendencia a una mayor acumulación de deuda continúa, podría haber inquietud entre los inversores sobre la capacidad de EE.UU. de cumplir sus compromisos, y esto podría aumentar la presión sobre la moneda estadounidense.
El doble déficit de EE.UU. es la principal causa de la bajada de la cotización del dólar de los últimos años. En diciembre, el dólar llegó a cotizarse a 1,32 frente el euro. Durante todo 2006, el dólar perdió un cuatro por ciento de su valor frente al promedio de las monedas de sus principales socios comerciales. Precisamente, el récord de déficit comercial hizo que hubiera más dólares que nunca en los mercados internacionales. El motivo es que para pagar las importaciones, EE.UU. debe cambiar dólares por la moneda nacional del país donde compra productos. El hecho de que hubiese más dólares en el exterior, influyó en que la moneda estadounidense se depreciara.
Desaceleración del crecimiento
El crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) de EE.UU. perdió impulso y fue de un 3,4 por ciento en 2006, según el FMI. El motivo de la frenada, según el Departamento de Comercio, fue la desaceleración del mercado inmobiliario, que cayó un 20 por ciento en los últimos meses de 2006. Los estadounidenses compraron un 17,4 por ciento menos de viviendas nuevas. Era la mayor caída en más de 15 años. Desde septiembre de 2005, el crecimiento del mercado de la vivienda de EE.UU se ha reducido a la mitad. El año acabó con un aumento del 14 por ciento de las casas terminadas sin vender. Desde octubre de 2004, el comienzo de obras de nuevas casas o apartamentos ha caído casi un cuarto. Según la OCDE, este  sector continuará bajando hasta finales de 2007. La subida del precio del dinero contribuyó a que se vendieran menos casas.
Ben S. Bernanke, el nuevo “chairman” de la Reserva Federal (Fed) sustituía a Alan Greenspan. Nada más llegar, Bernanke elevó el precio del dinero hasta un 5 por ciento para frenar la inflación. A finales de 2006, todavía aumentó los tipos un cuarto de punto más, hasta el 5,25 por ciento. La inflación fue nueve décimas más baja que la del año anterior: 2,5 por ciento. Era el mejor resultado desde que 2003, cuando fue de 1,9 por ciento. La principal causa de la bajada de casi un punto del indicador fue que la energía se encareció un 2,9 por ciento en 2006, muy por debajo del 17, 1 por ciento del año anterior. La subida de los tipos de interés de la Fed para contener la inflación jugó en contra del mercado inmobiliario porque encareció las condiciones hipotecarias y redujo el impulso de la demanda de los últimos años.
Desde mediados de los noventa, la construcción ha sido el motor de la economía de EE.UU. También fue clave para dejar atrás la recesión de 2001. En los últimos años el sector inmobiliario ha sido responsable de un 80 por ciento de la subida del empleo y de casi dos terceras partes del incremento del PIB. La bajada de la construcción provocó que se despidiera a 3.000 obreros sólo en diciembre. Uno de los colectivos más afectados es el de los inmigrantes latinos, tres cuartas partes de los cuales son empleados de la construcción.


Aumenta el empleo, pero también las desigualdades
La bajada de empleos en la construcción, en la manufactura y en la industria fue compensada por el gran numero de contratados en el sector servicios: 420.000. En el global de la economía estadounidense, hubo 1,84 millones de contratos nuevos. Se trataba de un promedio de 153.000 nuevos trabajadores incorporados cada mes, que hicieron posible la tasa más baja de desempleo de los últimos 6 años. La tasa de paro de EE.UU. fue de un 4,5 por ciento en 2006, cuatro décimas menos que la del año anterior.  En la actualidad, hay 6,8 millones de estadounidenses parados y casi 146 millones trabajando. Sus salarios subieron un 4,2 por ciento. Pese a ello, el desequilibrio de riqueza de los estadounidenses es cada vez mayor.
 La primera potencia económica mundial ocupaba en 2006 la posición número ocho del Índice de Desarrollo Humano (IDH) y tenía un coeficiente de 0,95. La esperanza de vida de los estadounidenses era de 77 años y su renta per cápita, según los datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), ascendía, en 2006, a 44.315 dólares anuales. A mediados de octubre, EE.UU. alcanzó los 300 millones de habitantes. La población del país se dobló en los últimos cuarenta años. La responsable, en gran parte, de este incremento de ciudadanos la ha tenido la inmigración latina de los últimos años. Pero lo cierto es que un 13,3 por ciento de su población vive por debajo del umbral de pobreza. Mississipi es el estado que tenía un mayor porcentaje de pobres: el 21,3 por ciento de su población.
El analista de “Le Monde Diplomatique” Serge Halimi daba unas cifras que resultaban reveladoras para entender el aumento de las desigualdades económicas de la sociedad estadounidense: en 1976, los directivos de las principales firmas del país ganaban, de media, 36 veces más que sus empleados. 17 años después, cuando Clinton llegó a la presidencia, la diferencia había aumentado hasta 131 veces más. En 2006, los directivos de las empresas ganan de media: ¡369 veces el salario de sus empleados! Halimi también destacaba que, en 2006, la mitad de la población de EE.UU. disfrutaba de un 2,5 por ciento de la riqueza total que generaba la Unión. Sin embargo, el 10 por ciento más rico de la población acumula nada menos que el 70 por ciento de la riqueza nacional. Por primera vez en la historia, según la revista “Forbes” los 400 más ricos de EE.UU. tienen una riqueza de más de 1.000 millones de dólares. Bill Gates, el gran magnate de Microsoft, encabeza el ránquing mundial con una fortuna de 53.000 millones de dólares. Por otro lado, muchos inversionistas se han enriquecido aún más, en 2006, con un espléndido crecimiento de la Bolsa.

Un buen año para Wall Street
La Bolsa de Nueva York volvió a pisar el acelerador en 2006, como lo hiciera tres años atrás, y superó su techo histórico de cotización. El principal índice de Wall Street, el Dow Jones de Industriales, salió del estancamiento de los dos últimos años y pasó de los 10.500 puntos, al cierre en 2005, a los 12.471 en 2006. La Bolsa se revalorizó un 16 por ciento desde enero y completó la recuperación iniciada en 2003, después de la fuerte caída de 2001 y 2002. Ese último desplome bursátil neoyorquino fue consecuencia de la fuerte ralentización económica que se vivía en ese momento; de la desconfianza que generó en los inversores el estallido de lo que se conoció como la burbuja tecnológica (gran caída del índice Nasdaq); de los escándalos contables en empresas como Enron, y del ataque terrorista de 2001 al World Trade Centre. Pese a que durante los meses siguientes a los atentados del 11-S, la Bolsa de Nueva York se recuperó con relativa rapidez, en 2002 cayó hasta el nivel de 1997: 7.200 puntos. Tras un lustro, la Bolsa volvió a estar más alta que nunca. El índice de la bolsa tecnológica estadounidense “Nasdaq 100” tuvo un comportamiento similar al del Dow Jones en el segundo semestre.

 


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