Anuario 2006

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El partido republicano pierde su mayoría en el legislativo y Rumsfeld renuncia
La Casa Blanca se plantea un cambio de estrategia en Irak


Bush se vio obligado, en 2006, a reflexionar sobre cómo resolver, de una vez por todas, el rompecabezas iraquí y barajó diversas estrategias posibles. El toque de atención más duro, aparte del derramamiento de sangre en el que se haya el país árabe, fue el castigo electoral en las urnas. Tras el vuelco electoral de los republicanos en las elecciones legislativas, “Midterm elections”, de noviembre de 2006, llegó el relevo de un veterano “halcón”, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, que se convirtió en cabeza de turco por los errores cometidos en la estrategia seguida en Irak. El 18 de diciembre, el ex director de la CIA Robert Gates fue nombrado nuevo secretario de Defensa. Gates, de 63 años, sirvió durante 26 años en la CIA y en el Consejo Nacional de Seguridad, y dirigió la inteligencia estadounidense bajo la presidencia de George H. Bush. El 20 de diciembre, un par de días después de haber sido nombrado, viajó a Irak para ver, sobre el terreno, la trágica situación que vive el país árabe.
El mismo año en que se ponía punto y final, el 30 de diciembre, a la vida del ex jefe de Estado iraquí Sadam Hussein en la horca, EE.UU. tuvo que afrontar unos datos que hablaban por sí solos del alto precio pagado para derrocar al dictador. Y es que, a una semana de cumplirse el primer lustro de los atentados contra el World Trade Centre en Nueva York y el Pentágono en Washington, se llegó a los 2.974 soldados estadounidenses fallecidos en Irak. Esta cifra rebasaba el número de víctimas del 11-S. En cuanto a los soldados estadounidenses heridos, el número ascendió a 22.565. En 2006, según la ONU, han sido masacrados 34.452 civiles a causa de la violencia sectaria. Además, 36.685 iraquíes fueron heridos. La muerte del líder de Al Qaeda en Iraq, Al Zarqawi, fue una anécdota en el clima de guerra civil que vive Irak, pero empujó al presidente a realizar una visita a sus tropas el 14 de junio, para rentabilizarla. La violencia se había intensificado de forma alarmante desde el bombardeo a la mezquita de Askariya, en Samarra (situada a 100 Km de Bagdad, en el margen este del río Tigris), el 22 de febrero de 2006. Era la mayor ofensiva aérea de EE.UU. en Irak desde 2003. Los recortes que aplicó Bush este año al presupuesto para la reconstrucción del país y la retirada de las tropas de las calles de las grandes ciudades empeoró la situación y supuso el recrudecimiento de la insurgencia.
Haciendo balance del desastre iraquí, en su discurso de despedida, el secretario general saliente de la ONU, Kofi Annan, criticó en Independence, Missouri, la invasión de Iraq. Annan explicó que Bush había destruido el esfuerzo que históricamente llevó a cabo EE.UU. para promover los derechos humanos. Pero el reproche más duro llegó en la última semana del año. Tras la muerte, el 27 de diciembre, del ex presidente republicano, Gerard Ford, por la que EE.UU. decretó cuatro días de duelo, “The Washington Post” publicó una entrevista póstuma, hecha en 2004, en la que calificaba la ocupación del país árabe como un “gran error” y en la que explicaba que él hubiera agotado las demás vías, como la de maximizar las sanciones.

Un rompecabezas difícil de resolver
La situación tiene todos los ingredientes para ser definida como un rompecabezas. Si EE.UU. se queda en Irak, la insurgencia seguirá teniendo un argumento para luchar contra el invasor, y, a no ser que se produjera un importante aumento de tropas, el insuficiente número de soldados estadounidenses seguiría siendo incapaz de hacer frente a la situación. Si, por el contrario, EE.UU. se retirase, probablemente acabaría de estallar la incipiente guerra civil entre chiíes, suníes y kurdos, e Irak se hallaría ante un desastre humanitario de proporciones indeterminables. Por otro lado, el hecho de que la mayoría de la población iraquí es chií hace que sea esta comunidad la que vaya a gobernar de ahora en adelante a este país. En otras palabras, se EE.UU. quitó el poder a los suníes para dárselo a los chiíes. Y ahora Bush ve como el propio Gobierno de Irak se ensaña con la comunidad suní, como demostró la ejecución de Sadam Hussein, escenificada como un acto de venganza. La hipótesis de la retirada cobró fuerza en 2006, pese a no ser del agrado de Bush, y a que no quedó claro si se acabaría llevando a cabo de manera inmediata o no.
Una comisión del Congreso formada por demócratas y republicanos elaboró un informe sobre la situación de Irak y sobre qué debía hacer EE.UU. al respecto. Esta comisión del Congreso creada el 15 de marzo de 2006, estaba compuesta por diez congresistas y también era conocida como la comisión Baker-Hamilton o la Comisión Bipartita, en la que la mitad de sus miembros eran demócratas y la otra mitad republicanos, y que estaba coliderada por el republicano Baker y por el demócrata Lee Hamilton. Gates había formado parte del Grupo de Estudios sobre Irak. La iniciativa había surgido hacía 10 meses a sugerencia del embajador de EE.UU. en Irak, Zalmay Khalilzad. La comisión se reunió con el presidente el 13 de noviembre de 2006 para poner en común puntos de vista sobre el plan a trazar. Las conclusiones a las que llegó el Grupo de Estudios fueron publicadas en diciembre.
Una retirada progresiva de los 140.000 soldados estadounidenses, estableciendo un calendario, fue la principal de un total de 79 recomendaciones y advertencias. El informe también recomendó aumentar las tropas en Irak dedicadas a entrenar a las fuerzas de seguridad iraquíes para poder acelerar el traspaso de responsabilidades a las mismas. Además, la comisión recomendó iniciar un diálogo con Irán y Siria para lograr su colaboración en la pacificación de Irak. El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Manouchehr Mottaki, explicó que su país ayudaría a EE.UU si se comprometía a retirar todas sus tropas. Por su parte, Bush dijo, el 7 de diciembre, en una reunión con el primer ministro británico, Tony Blair, que Irán y Siria debían dejar de apoyar a los extremistas islámicos, y comprometerse a no apoyar a un Irak sectario si querían formar parte de las conversaciones sobre el futuro del país árabe.
 
Los contenciosos nucleares
Mientras la secretaria de Estado, Condoleeza Rice, igual que el Grupo de Estudios, parecía partidaria del acercamiento con Irán, el núcleo duro de los “halcones”, con el vicepresidente Dick Cheney a la cabeza, se opuso a ello. Lo cierto es que EE.UU. ya dio muestras durante el año de querer sentarse con Irán para encontrar una salida al contencioso nuclear. El 10 de enero Irán reanudaba su programa nuclear pese a las advertencias de la UE y de EE.UU. Tres días después, Bush y la canciller alemana, Angela Merkel, se reunían y presionaban al régimen de los ayatolás a que abandonara el programa nuclear. Pero el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, seguía sosteniendo que pese a que Irán era firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear, esto no le impedía desarrollar un programa de energía nuclear para uso civil. Pocos meses después, EE.UU. anunciaba que estaba dispuesto a negociar con Irán.
El analista Ignacio Ramonet explica en su artículo “Irán Atómico”, publicado en “Le Monde Diplomatique” de julio de 2006 las posibles causas del replanteamiento que EE.UU. ha hecho con respecto a los iraníes. Se trata de un “viraje espectacular”, en palabras de Ramonet. Las razones serían la lógica misma de la realidad iraní: es normal que un Estado con 66 millones de habitantes que además es uno de los máximos productores mundiales de hidrocarburos, y que no ignora que en el futuro el petróleo tendirá a agotarse, se preocupe precisamente de su futuro energético. Añadido a esto, tras más de 10.000 inspecciones realizadas en territorio iraní desde 2003 por la Agencia Internacional de la Energía Atómica, AIEA, no se hallaron indicios de que Irán persiga un programa nuclear con fines militares, que sería el único motivo que entraría en conflicto con el Tratado de No Proliferación. China y Rusia apoyaron el derecho que tiene Irán a disponer de energía atómica para uso civil, pero pidieron a Ahmadinejad que hiciera un esfuerzo para crear un clima de confianza. Además, ambos países dijeron que usarían su derecho a veto en contra de imponer sanciones a Irán si el asunto llegaba a las Naciones Unidas. Por otro lado, los chiíes, proiraníes, son los mayores aliados de EE.UU. en Irak. Además, de ser atacado por EE.UU, Irán amenazó con bloquear el estrecho de Ormuz, por donde pasa un 20 % de la producción mundial de crudo. En este sentido, el 5 de junio, Ahmadinejad amenazaba a EE.UU. con cortar el suministro de petróleo en el Golfo. Y podría cumplirlo, como hizo con la amenaza de exigir el pago del petróleo en euros. El 18 de diciembre, el portavoz del Gobierno de Teherán, Golam Husein Elham, anunció que Irán sustituirá, a partir de marzo, el dólar por el euro en los intercambios comerciales de crudo. Teherán ya había convertido, unas semanas antes, gran parte de sus reservas de divisas en la moneda europea y es muy consciente de que el dólar es un punto débil de EE.UU. Quedaban lejos las intenciones de los halcones de la Administración Bush, con Cheney y Rumsfeld al frente, que planteaban, a principios de 2006, realizar ataques aéreos selectivos contra el complejo de Natanz, a 250 Km de Teherán, donde hay una turbina para enriquecer uranio.
Así pues, el primero de junio los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania se reunían en Viena para formular un documento de tono conciliador y desprovisto de amenazas para iniciar las negociaciones con Teherán. EE.UU. estaba dispuesto, por primera vez, a entablar un diálogo con Irán. El discurso de Bush sobre el estado de la Unión de 2006, en el que convocó al mundo para enfrentar la amenaza iraní, se alejó, sin embargo, de sus primeros discursos en los que aseguraba que EE.UU. era capaz de lidiar con uno de los países del Eje del Mal.
Pese a la voluntad de encontrar una solución dialogada al contencioso nuclear iraquí, el año termino con una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, hecha pública el 24 de diciembre, en la que se prohibía que cualquier país proveyera a Irán con tecnología para producir energía nuclear, entre otras cosas. También advertía que si en dos meses no detenía el programa, habría medidas más drásticas. Irán está construyendo su primera planta atómica en la localidad de Busher y podría estar operativa a finales de 2007. El otro armamento nuclear no deseado por la comunidad internacional que ya está activo es el de Corea del Norte.
El país asiático llevó a cabo en otoño un ensayo nuclear. Esto hizo enfurecer más a EE.UU. que vio como el régimen de Pyongyang retomaba su pulso con la Comunidad Internacional. En 2002, Bush acusó al régimen de Pyongyang de estar desarrollando un programa de armamento nuclear. Lo cierto es que, cuatro años después, ya es demasiado tarde para evitarlo, y EE.UU. debe afrontar el hecho consumado de la llegada de un nuevo país poseedor de la bomba atómica. La principal preocupación de EE.UU. es que Corea del Norte exporte misiles o tecnología nuclear a terceros países. Parece ser que el país asiático usará este armamento como medida de presión para recibir ayudas económicas y un pacto de no agresión con EE.UU. En 2005 ya se llegó a un acuerdo entre ambos países, pero quedó sin concretar qué se iba a hacer con los reactores de enriquecimiento de uranio que ya existían en el país. Tampoco se llegó a un acuerdo sobre las inspecciones. La crisis se remonta a 1993, cuando a Corea del norte se le suministró combustible y dos reactores generadores de electricidad a cambio de parar su programa nuclear.
    Más de una década después, EE.UU., Corea del Sur, China, Japón y Rusia dialogan con Corea del Norte para conseguir que desmantele sus instalaciones nucleares a cambio de ayudas y de acuerdos de seguridad. Corea del Norte también pide a EE.UU. que se levante el bloqueo de cuentas bancarias que pesa sobre el país, ya que fue acusado de lavar dinero y falsificar dólares. En 2005, se le embargó al Gobierno norcoreano una cuenta en un banco de Macao de 24 millones de dólares. El jefe de los negociadores estadounidenses, Christopher Hill, dijo en diciembre que a EE.UU. se le estaba acabando la paciencia, y que Corea del Norte tenía mucho que perder en su ya de por sí empobrecida economía. Mientras, el representante del régimen de Pyongyang, Kim Kye Gwan, reiteraba que a su Corea del Norte no le importaba que hubiera países opuestos a su programa de armamento nuclear.
    Mientras se negociaba tanto con Irán, como con Corea del Norte, el Congreso de EE.UU. aprobó el 9 de diciembre una ley para permitir la exportación a India de combustible y tecnología nuclear a cambio de que ese país se sometiera a inspecciones. La ley tuvo 330 votos a favor y 59 en contra. Los que se opusieron a ella dijeron que, con ella, se estaba mandando un mensaje erróneo a Irán y a Corea del Norte, ya que el acuerdo podría aumentar el arsenal nuclear indio. Lo que hubiese podido incrementar el peligro nuclear mundial fue una esperpéntica web oficial estadounidense.
    El Gobierno de EE.UU. cerró a principios de noviembre una página web donde había publicado documentos incautados en Irak durante la invasión. El sitio se llamaba “Iraquí Freedom Document Portal”, y se había abierto en marzo. “The New York Times” reveló que el portal fue cerrado inmediatamente después de que expertos en materia nuclear de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) se quedasen boquiabiertos porque en la web había información detallada sobre, ¡cómo fabricar una bomba atómica!
 
Una política exterior más multilateral
La polémica surgida en septiembre cuando el presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, reveló que en 2001 su país recibió amenazas de ser atacado por EE.UU. si no colaboraba en la “War on Terror” recordó tiempos pasados de unilateralismo estadounidense. Bush, que dijo estar sorprendido por esta información, ha dado un giro a su política exterior un lustro después. Por ejemplo, el aumento de protagonismo de la OTAN, en 2006, es una muestra de una política exterior estadounidense más multilateral. Las fuerzas de la Alianza Atlántica substituyeron a EE.UU. en el mando de las tropas estadounidenses e internacionales que permanecen en Afganistán. La OTAN cuenta en este momento en este país con 32.000 efectivos. Pero murieron 4.000 personas, en 2006, en el año más sangriento desde que empezara la invasión estadounidense, a causa de la insurgencia talibana y los comandantes de la OTAN han pedido refuerzos adicionales para hacer frente a un recrudecimiento de la violencia en 2007. El diálogo de EE.UU. con la UE también continuó, pese a la todavía reciente crisis ocasionada por los vuelos de la CIA y las cárceles secretas. La mejora de la diplomacia transatlántica fue puesta en escena por Condoleeza Rice. Se llegó a un acuerdo, con Bruselas, para compartir la información personal de los pasajeros que volasen de Europa a EE.UU. La secretaria de Estado, además, jugó un papel importante en la salida de la crisis entre Israel y Hezbolá en el Líbano. Rice también trabajó para resucitar la “Hoja de Ruta” y volver a encaminar, de cara a 2007, a Israel y a los palestinos hacia un nuevo proceso de paz. La secretaria de Estado hizo una gira por Oriente Medio para reactivar las negociaciones. Apoyó al presidente palestino Mahmoud Abbas. EE.UU. y la UE habían cortado las ayudas económicas a la ANP desde que Hamás ganara las elecciones al Parlamento en mayo. EE.UU. defendió el embargo económico hasta que Hamás no diera muestras de aceptar la existencia de Israel y de abandonar la violencia. En otro asunto internacional crítico, Rice prometió intensificar la presión sobre Sudán para aceptar una fuerza de paz de la ONU en Darfur en 2007, y amenazó de adoptar medidas drásticas en caso de un rechazo del país africano. Este mayor esfuerzo multilateral formó parte de los replanteamientos de la estrategia exterior de Bush y de un giro hacia la realpolitik.
 En marzo de 2006, el presidente hizo pública la nueva Estrategia de Seguridad Nacional. La anterior era de 2002 y contenía los tres principios de lo que se conoció como “doctrina Bush”: para garantizar su seguridad, EE.UU. había de dejar de someterse a las instituciones internacionales. También debía aplicar la guerra preventiva contra los estados que diesen cobertura al terrorismo o que supusieran un peligro por disponer de armas de destrucción masiva. Por último, EE.UU debía extender la democracia en Oriente Medio. Según el profesor de la Universidad de Harvard Joseph S. Nye Jr., la “doctrina Bush” se tambaleó en Irak por la incapacidad de encontrar armas de destrucción masiva ni conexión alguna entre Sadam Hussein y Bin Laden. En septiembre de 2006, un informe de la CIA reveló que nunca hubo relación alguna entre Sadam y Al Qaeda.
En cambio, en la nueva Estrategia de Seguridad de 2006, el presidente puso más énfasis en el tercer pilar: en el documento aparecían las palabras democracia y libertad 200 veces, el triple que en la de 2002. Según explica el profesor de política exterior Philip H. Gordon en su artículo “El fin de la revolución de Bush”, publicado en la revista “Foreign Affairs” de Octubre-Diciembre, uno se sentiría muy apremiado a la hora de encontrar muchas pruebas de que el presidente se ha alejado de su doctrina en su nueva estrategia. En el documento hay frases como “América está en guerra” o “combatiremos a nuestros enemigos en el exterior en vez de que ellos lleguen a nuestro país”. Gordon sostiene que la retórica del presidente mantiene la “doctrina Bush”, pero que la realidad no le permitirá llevarla a cabo porque carece de una reserva de legitimidad internacional, de recursos y de apoyo interno. Además, el esfuerzo económico realizado en los últimos años se convirtió en otro obstáculo para Bush: de la situación de superávit anual de 200.000 millones de dólares heredada de la era Clinton  se pasó a un déficit de 400.000 dólares anuales, provocado por el enorme gasto militar. Un informe de inteligencia filtrado a la prensa, en septiembre, reveló que la guerra contra el terror había aumentado el terrorismo. Sin embargo, en 2006, la retórica del presidente siguió defendiendo la “doctrina Bush”. Por ejemplo, en su discurso ante la 61ª Asamblea General de Naciones Unidas, donde defendió su política en Oriente Medio y aseguró que la democracia estaba avanzando en la región.
    A pesar del mayor multilateralismo estadounidense de 2006, un buen ejemplo no retórico de que EE.UU. continuará tomando decisiones al margen de la Comunidad Internacional fue su apuesta en política espacial lanzada en octubre. En ella se hizo pública la decisión de EE.UU. de relanzar su carrera espacial tanto para fines científicos, como comerciales y militares. En este punto, Washington rechazó someterse a ninguna normativa internacional que regule el uso del espacio exterior. Explicó que desarrollaría la tecnología militar espacial sin límite alguno y que consideraría una amenaza para sus intereses y su seguridad el uso militar del espacio por parte de naciones extranjeras.                                                                        

 


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