Anuario 2006

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El partido republicano pierde su mayoría en el legislativo y Rumsfeld renuncia
El fallo de Rumsfeld


El ex secretario de defensa Donald Rumsfeld recibió duras críticas por su gestión en la posguerra iraquí. El profesor de Harvard Joseph S. Nye Jr. explica en el artículo “El liderazgo transformador y la gran estrategia estadounidense”, publicado por la revista “Foreign Affairs” de Octubre-Diciembre de 2006, que un ex funcionario del Pentágono le dijo que Bush creyó que sus comandantes militares tenían suficientes tropas en Irak, en gran parte, porque no era consciente del clima de miedo que había en el Pentágono de Donald Rumsfeld. Esto impedía que las preguntas tuviesen respuestas francas.   
Como relatan los periodistas del diario “Le Monde” Alain Frachon y Daniel Venet en su libro “La América Mesiánica”, Rumsfeld creía, y quería demostrar al Estado mayor, que las guerras modernas se hacen con pocas tropas. Efectivamente, los generales más experimentados dijeron a Rumsfeld que la conquista de Irak no requeriría más de un centenar de miles de soldados. Pero también trataron de hacerle entender, en vano, que el control del país exigiría muchos más. El entonces jefe del Estado Mayor, Eric Shinseki, con su experiencia de los Balcanes en mano, calculó que la posguerra obligaría a triplicar los 140.000 soldados que habían invadido Irak. Rumsfeld, exasperado, le obligó a retirarse anticipadamente. En abril de 2006, Bush salió en defensa de su secretario de Defensa por las críticas que éste recibió de generales retirados y del antiguo jefe de la OTAN, el general Clark. El presidente también confió a ciegas en la todopoderosa aviación estadounidense para las campañas de contrainsurgencia en Irak y Afganistán. Pero, en realidad, estas exigían aumentar el número de soldados en el terreno. A Rumsfeld le precedieron más cabezas de turco por los errores en Irak.
El entorno “neocón” del presidente ya fue apartado de la Administración en el giro hacia la realpolitik del segundo mandato. El ex subsecretario del departamento de Defensa, y ahora presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, el ex subsecretario de Defensa Douglas Feith o el ex subsecretario de Estado y, hasta su renuncia del 4 de diciembre, embajador de EE.UU. ante la ONU, John Bolton, también creyeron ingenuamente que EE.UU sería acogido como un liberador en Irak y que rápidamente estaría en pie un nuevo Gobierno iraquí, lo que permitiría a las tropas estadounidenses retirarse pronto. Estos caídos en desgracia, además, prestaron poca o ninguna atención a las evaluaciones prebélicas de la CIA, que todavía dirigía George Tennet, que advertían sobre los importantes obstáculos culturales y políticos para la estabilidad del Irak de la posguerra.

 


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