Anuario 2006

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Guatemala
La justicia agita los fantasmas del pasado
Promesas incumplidas tras diez años de paz


La guerra civil de Guatemala fue una de las más violentas que hubo en Latinoamérica. Varios generales gobernaron el país en las últimas cuatro décadas del siglo XX, y llevaron a cabo brutales represiones. La insurgencia estaba formada por varios grupos guerrilleros, que en 1982 se unieron y crearon la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca. El conflicto estaba enmarcado en la inestabilidad latinoamericana que hubo durante la Guerra Fría. Duró 36 años, de 1960 a 1996, y dejó un saldo de 200.000 fallecidos, 50.000 desaparecidos y 600 comunidades destruidas. El fin del mundo bipolar, junto con un mayor interés de la comunidad internacional por el largo derramamiento de sangre guatemalteco, propiciaron que las partes enfrentadas firmasen la paz en 1996.  
Los 13 acuerdos de paz firmados hace una década tenían varios objetivos. Uno de ellos consistía en reformar el Ejército y el aparato político guatemalteco. También se diseñó una redistribución de tierras. Se avanzó en materia de derechos humanos y se creó una Comisión de la Verdad de Naciones Unidas para averiguar los crímenes de lesa humanidad cometidos. Se desmovilizó a la guerrilla y se preparó su reincorporación a la sociedad. Pero las ayudas económicas pactadas para reinsertarlos nunca llegaron.
El 29 de diciembre de 2006, Óscar Berger planteó, durante el discurso de conmemoración de los diez años de paz, una reforma de la Constitución que retomara dichos acuerdos. Se trataba de que el Ejército se ocupara tan sólo de la seguridad exterior. También de que el Estado reconociese la realidad pluricultural de su sociedad, el multilingüismo y la variedad étnica: en Guatemala hay 24 etnias. El 41 por ciento de los guatemaltecos son indígenas: cuatro millones, de origen maya; 16.000, de origen xinca, y 5.000, de origen garifuna. Pese a tan importante presencia de población indígena, los diputados de estas etnias no llegan al 10 por ciento del total del Congreso. Por último, se debía crear un poder judicial más independiente.
En el planteamiento de Berger de retomar los acuerdos de paz, había el reconocimiento implícito de que, diez años después, no se habían cumplido las expectativas. Entre otras cosas, continuó la impunidad de los dirigentes genocidas, las reparaciones económicas no llegaron, dificultando la reincorporación a la sociedad de los guerrilleros, y una sanguinaria ola de asesinatos se convirtió en lacra. “Uno de los países más violentos de la tierra.” Con esta contundente frase describió la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Louise Arbou, el 27 de mayo de 2006, la situación de caos criminal y de ola de asesinatos en la que está inmersa la población guatemalteca.

 


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