Anuario 2006

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La justicia agita los fantasmas del pasado
Portillo, el ex presidente que se siente perseguido


México aceptó, en noviembre de 2006, extraditar al ex presidente de Guatemala Alfonso Portillo, del mismo partido político que Ríos Montt, el Frente Republicano Guatemalteco (FRG). Huyó de la justicia de su país, que lo acusó de malversación de fondos públicos, y se fue a México en 2004, un día después de que los jueces le retiraran su inmunidad (derivada de su condición de diputado del Parlamento Centroamericano) y poco antes de que le prohibiesen salir del país. Se supone que hoy sigue en México, en paradero desconocido.  Explicó, poco antes de escapar, que era “un perseguido político”. Su esposa, Evelyn Morataya, aseguró que Portillo regresaría a su país, y que estaba siendo acosada por funcionarios de la Secretaría de Asuntos Administrativos y Seguridad Presidencial (SAAS). Alfonso Portillo había gobernado el país desde 2000.
Portillo aplicó una política neoliberal, de creación de infraestructuras, y de acercamiento a las economías mexicana y estadounidense. También prometió integrar a Guatemala en el área de libre comercio centroamericana (objetivo cumplido en 2006). Este año también se cumplió otro de los objetivos que propuso al asumir la presidencia: aumentar los ingresos del Estado por la vía de un mayor control de la evasión de impuestos sin aumentarlos. Se comprometió a continuar aplicando los acuerdos de paz. Pero la parte referente a la reinserción económica y al acceso a servicios sociales brilló por su ausencia.
 Decretó el “estado de calamidad pública” en Guatemala debido a la escasez de alimentos, en septiembre de 2001, pero según la prensa guatemalteca, la verdadera ruina del país era él, ya que sus delitos de corrupción superaron los 500 millones de dólares. La Fiscalía de Guatemala, lo acusó del desvío de 120 millones de quetzales (casi 16 millones de dólares) de las arcas del Estado, de una partida que se esfumó después de transferida al Ministerio de Defensa. En uno de los momentos de más tensión de su mandato, el 16 de marzo de 2002, fue asesinado el dirigente del Partido Patriota Jorge Rosales. Este partido había exigido la renuncia de Portillo.

 


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