Anuario 2008

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Estados Unidos
Obama llega al rescate de un país en crisis y desencantado
El “sueño americano” del primer presidente negro


Soñaron. Pudieron. Estados Unidos de América ha vuelto a reinventarse en 2008 al escoger como presidente a Barack Hussein Obama. La primera familia de raza negra en la Casa Blanca; el presidente de internet; la encarnación del ascensor social; el renacer de la política; la unificación de un pueblo dividido; la ruptura de la última barrera racial; el cambio. Un hecho histórico. Sí, el candidato demócrata Barack Obama hizo historia, rompió moldes, y así se vio ante los ojos de todo el planeta, tanto por sus seguidores como sus detractores, como un líder universal.
“El cambio ha llegado a América”: lo anunciaba el presidente electo, la noche del 4 de noviembre, en su discurso de celebración en Grant Park (Chicago), tras conocer su victoria, ante más de cien mil seguidores. Una victoria contundente: 364 votos electorales y el 52% de los votos populares (62.992.553 ciudadanos), frente a los 174 escaños y a las 55.796.823 personas que votaron al candidato republicano, el senador por Arizona John McCain. Obama es el primer demócrata desde Jimmy Carter que consigue más del 50% de los votos (Carter había obtenido el 50,1%).
“Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de Estados rojos y azules. Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América”, proclamó Obama.
Y no se equivocaba mucho. Ese mensaje de unión, de dar cabida a cualquier color, edad y opción política fue su lema de campaña, y así se reflejó en la macroencuesta a pie de urna, hecha por National Election Pool para las televisiones ABC, CBS, CNN, FOX, NBC, y la agencia de noticias Associated Press. En especial, los jóvenes, las mujeres, los negros y los hispanos se decantaron por el “Yes, we can”, el lema que condujo al senador por Illinois a la Casa Blanca.
Obama obtuvo el 95% de los votos de la minoría negra, el 66% de la hispana; el también 66% de los jóvenes entre 18 y 29 años; y el 68% de los que podían votar por primera vez; el 56% de las mujeres; el 73% de los que ganan menos de 15.000 dólares al año (el 6% del electorado); el 53% de los católicos y el 74% de los judíos.
Mientras, los votantes republicanos respondieron al perfil de varón de raza blanca (un 55% frente al 43% de Obama) y creyente, con estudios superiores (el 48% graduado en la universidad), valores patrióticos y en edad de jubilación (no hay que olvidarse que McCain, a sus 72 años, podría haberse convertido en el presidente más viejo de la historia de Estados Unidos).
Este héroe de la guerra de Vietnam mantuvo el liderazgo en sus feudos electorales de Texas, Georgia, Tenessee, Arizona (su estado natal), y en especial, en Alaska, de donde es gobernadora Sarah Palin, la candidata a vicepresidenta. Sin embargo, sufrió un duro revés en Estados clave como Ohio y Florida. En total, fueron nueve los Estados que se cambiaron de bando respecto a las elecciones ganadas por el republicano George Bush en 2004 (Carolina del Norte, Indiana, Virginia, Colorado, Iowa, Nevada y Nuevo México).
La clave: los hispanos. El mismo grupo étnico que aupó al presidente saliente decantó en esta ocasión la balanza hacia el lado demócrata. El 80% de los 45 millones de latinos ya se anunciaba a favor de Obama antes de las elecciones. El motivo: el derrumbe de la economía y la reforma migratoria de Bush. A principios de año, el senador de Illinois incluso tenía serias dificultades en las primarias en Estados como California, pero la agudización de la crisis, entre otros elementos, fue un factor determinante en el vuelco electoral.
     En Florida, con un récord de participación del 71,5%, el voto de los jóvenes y de los hispanos fue decisivo. En este Estado, dominado por el exilio cubano, se dio un salto generacional, de forma que los hijos de los inmigrantes vieron la situación con una perspectiva distinta, y se sumaron al ideal de cambio. Podría decirse que la comunidad hispana ve en Obama un reflejo de hasta dónde pueden llegar ellos, la minoría más numerosa del país.
Asimismo, destacan Ohio y Virginia. El primero es considerado un “swing state” o Estado oscilante, de ahí que recibiese cientos de visitas de ambos candidatos a lo largo de todo el año. Las de Obama cosecharon un claro éxito gracias a los jóvenes. Pero, sin duda, destaca Virginia, donde el azul demócrata no brillaba desde 1964.
También fue muy significativo el dato de participación: aproximadamente 130 millones de personas, es decir, el 66% del electorado, ejerció su derecho al voto. Atrás quedaba la media estadounidense del 54%. Esta movilización y la victoria de Obama se produjeron gracias a una excelente campaña electoral demócrata.
David Plouffe y David Axelrod, enemigos de las cámaras, trabajaron en la sombra, forjando el triunfo en las urnas. Pouffle, el director de la campaña, ideó una estrategia específica para cada Estado. Para ello se rodeó de asesores expertos en cada uno de ellos.  Destacó el caso de Iowa, donde consiguió la colaboración del veterano senador Tom Harkin, con el que había iniciado su carrera política. Juntos descubrieron cómo derrotar en las primarias a Hillary Clinton en su propio bastión electoral.
Por su parte, a Axelrod, bautizado por el diario The New York Times como “el narrador”, se le considera el responsable del éxito mediático y político de Obama. Consiguió presentar al candidato como un hombre de centro, el hombre que debería liderar el cambio y que no iba a cambiar.
La movilización que lograron estos dos “arquitectos electorales”, como se les conoce en Estados Unidos, no se podía haber conseguido sin dinero. Fueron los aproximadamente 454  millones de dólares recaudados por el candidato demócrata los que permitieron hacer una campaña de calidad y tan extensiva geográficamente (anuncios, mítines de costa a costa, multiplicación de oficinas electorales), frente a los 316 millones conseguidos por McCain.
En las primarias también había batido récords: Obama recaudó 265 millones de dólares procedentes de más de dos millones de personas frente a los 215 de Clinton, recibidos de donantes acaudalados que hacían la máxima contribución legal.
Para ello renunció al sistema de fondos públicos que se había establecido en los años 70, y apostó por combinar las nuevas tecnologías junto a los medios tradicionales. A través de su página web consiguió que personas de todas las clases hiciesen contribuciones. Ahí radicó su éxito: conseguir muchos donativos aunque fuesen de cantidades pequeñas. El 70% de la recaudación procedió de donaciones voluntarias de menos de 50 dólares cada una (lo que confiere al presidente electo cierta independencia de los lobbies, hasta ahora impensable en Estados Unidos).
La estrategia digital marcó una nueva forma de hacer campañas en el futuro. Obama se convirtió en el  primer presidente que se aprovechó de los beneficios de Internet, así como Kennedy lo hizo con el poder de la televisión, y Roosevelt con la radio.  Los vídeos de Obama en Youtube recibieron solo en octubre 77 millones de visitas, mientras que los de McCain, 22 millones. La campaña demócrata había volcado en la red hasta 20 vídeos al día en las semanas previas a las elecciones.
La explicación son las redes sociales como Facebook, que impulsan sobremanera el marketing viral, es decir, el boca a oreja, a través de la red, y cuyos mayores consumidores son los jóvenes. Además, en su página web www.barackobama.com se informaba diariamente de las actividades del candidato, y se reclutaban seguidores para colaborar con su causa.
La comunidad demócrata se empleó a fondo para involucrar al electorado: llamadas telefónicas, envío masivo de correos electrónicos, mensajes de texto a móviles, e incluso visitas puerta a puerta, mientras que desde la dirección de la campaña no se escatimó en gastos: 230 millones para anuncios de televisión que barren los 180 empleados por Bush en 2004. En especial, destacó la compra de un espacio televisivo de 30 minutos en las principales cadenas estadounidenses (CBS, NBC y Fox, y también por la cadena hispana Univisión, MSNBC, la cadena negra BET y TV One) en horario de máxima audiencia por valor de cuatro millones de dólares en la semana anterior al 4 de noviembre.
Detrás de este producto de marketing había contenido: las promesas de cambio de Obama convencieron al electorado, cuyas prioridades a la hora de votar fueron, en primer lugar, la economía y, en segundo lugar, la guerra de Iraq, dos asuntos en los que la Administración de George Bush había fracasado estrepitosamente.
En materia económica, dos fueron sus propuestas clave: una moratoria de 90 días para la ejecución de los embargos de viviendas a aquellos que se mostraban dispuestos a pagar su deuda; y la rebaja fiscal a los ciudadanos con unos ingresos inferiores a 250.000 dólares al año (el 95% de la población), mientras que se los subiría al resto.
En la esfera internacional, prometió la retirada de tropas de Iraq, y el cambio de estrategia en la guerra de Afganistán para reconducir el recrudecimiento de la violencia.

Los errores de McCain
Más allá de los aciertos de Obama, el candidato republicano le allanó el camino con ciertos errores insalvables, como la elección de Sarah Palin como candidata a vicepresidenta. Además de las constantes meteduras de pata en sus declaraciones, que dejaron patente su ignorancia en política internacional y nacional, la escasa experiencia política de la gobernadora de Alaska (dos años en el cargo) privó a McCain de utilizar ese argumento frente a su rival.
También su equipo contribuyó a la falta de una estrategia electoral claramente definida. Su campaña fue sometida a continuas remodelaciones y cambios de directores. Esta inestabilidad se plasmó en su discurso, cuyo foco de atención se desviaba de la economía a la seguridad nacional de manera vacilante.
Ante su falta de protagonismo y con las encuestas desfavorables, el candidato optó por la estrategia del desprestigio del contrario y los mensajes pesimistas y negativos. Perdió más tiempo intentando convencer de que no votasen a Obama que de que lo escogiesen a él.
Además también tuvo que invertir demasiado tiempo en desmarcarse de la era Bush. El entonces presidente fue el mayor lastre de McCain. Una encuesta elaborada por el periódico The New York Times y la cadena televisiva CBS señalaba que cuatro de cada cinco estadounidenses consideraba que su país llevaba un 'rumbo completamente equivocado” y dos tercios de la población desaprobaba la gestión de George Bush.

La sorpresa de las primarias
Barack Obama también hizo historia en las primarias al conseguir derrotar a la candidata del aparato del Partido Demócrata, Hillary Clinton. Fueron unas elecciones muy reñidas: hasta las últimas votaciones no se decidió el ganador. Este alargamiento de los “caucus” puso en peligro al propio Partido Demócrata, que se desgastaba y daba una imagen de división, sin un liderazgo fuerte. Los dos compañeros de partido, incluso, tuvieron que acordar un cese de las acusaciones verbales recíprocas, que sólo dañaban la imagen de ambos.
La victoria de Obama el 3 de enero en Iowa cogió por sorpresa al equipo de Hillary Clinton. Los estrategas de la senadora de Nueva York se equivocaron al infravalorar las opciones del senador de Illinois y centrarse en desbancar al ex candidato a presidente en el año 2000, Al Gore.  
    Se desencadenó entonces una lucha fratricida por el poder dentro del equipo. Mark Penn, estratega de la campaña de Hillary, quería hacerse con la dirección plena y desbancar a los asesores que habían acompañado a la senadora de Nueva York desde que esta había sido primera dama.
Sus estrategas también se equivocaron en el mensaje: quisieron jugar la baza de la experiencia y esta no tenía la suficiente fuerza para combatir la capacidad de cambio y esperanza que ofrecía Obama.
Sin embargo, la victoria del senador no se producía hasta julio, cuando alcanzó el número de delegados suficientes para alzarse con la candidatura oficial en la Convención Demócrata de agosto.
También sorprendió la victoria de McCain por el partido republicano en las primarias. Como candidato independiente dentro del partido, no partía como favorito cuando presentó su candidatura el 25 de abril de 2005.  El gobernador de Massachusetts, Mitt Romney, y el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, le superaban en fondos recaudados. Sin embargo, a medida que avanzaban las primarias fue ganando posiciones: el 29 de enero, en Florida, uno de los Estados clave, que se sumaba a New Hampshire y a Carolina del Sur, tradicionalmente el Estado de donde sale el candidato del partido de los elefantes.
Después llegaba el “supermartes” del 5 de febrero, cuando se impuso en número de Estados y de delegados. De esta forma el camino se le despejaba en el resto de votaciones, y era en la Convención Republicana de agosto cuando aceptaba oficialmente su candidatura.

Obama, en marcha para afrontar la difícil situación económica
Barack Obama sabía, cuando fue elegido presidente de Estados Unidos, que tendría por delante una legislatura complicada tanto en política exterior como, principalmente, en el panorama económico. Con esta premisa, se puso manos a las obra desde el primer día y, en menos de un mes, había configurado su equipo de gobierno con el objetivo de  que estuviese listo para actuar desde el próximo 20 de enero de 2009, día en el que asumirá el cargo oficialmente.
Sin abandonar su papel de presidente electo, tomó todo el protagonismo posible para hacer ver al pueblo estadounidense que estaba trabajando para hacer frente a la crisis económica que azotaba el país. Las prioridades absolutas fueron la designación del equipo económico y el desarrollo de un plan económico a punto para ponerlo en marcha en los primeros días de su gobierno.
Timothy Geithner, entonces presidente de la FED de Nueva York, fue designado secretario del Tesoro. Este profesional de gran prestigio, que había trabajado para tres gobiernos distintos y para cuatro presidentes de la Reserva Federal, destaca por su gran experiencia para afrontar crisis, como demostró en la solución de la mexicana y de la  asiática en los años noventa.
Otro peso pesado, Lawrence Summers, dirigirá el Consejo Nacional Económico (organismo de la Casa Blanca). Este ex secretario del Tesoro con Bill Clinton será el encargado de preparar los informes económicos para el presidente. Su excelente trayectoria avalan la confianza depositada en su figura: además de haber sido reconocido como uno de los economistas menores de 40 años que más habían contribuido a la economía, también ocupó puestos como el de presidente de Harvard entre 2001 y 2006.
Desde el prestigioso puesto de presidente de la Oficina de Presupuestos del Congreso, el presidente electo incorporó a su equipo a Peter Orszag. Este doctor en Economía deberá manejar los Presupuestos de la Presidencia. Una de las tareas inmediatas será administrar el gigantesco déficit con el que se cerró 2008.
Pero además de los cargos habituales, Obama creó un nuevo departamento económico: el Consejo Asesor  para la Recuperación Económica. El ex presidente de la FED entre 1979 y 1987 dirigirá a un equipo de 16 personas entre las que destaca Austan Goolbee, que desempeñará el cargo de economista jefe del Consejo. Goolbee fue uno de los asesores económicos de Obama desde 2004.
Este pragmatismo en los nombramientos (apostando por lo práctico y seguro, es decir, sin arriesgar) empezó a levantar sospechas sobre el cambio prometido. Obama defendió firmemente su apuesta por la experiencia y la competencia a la hora de designar a los miembros de su Gabinete. El cambio dijo que vendría de él mismo, y sería él quien marcase el rumbo de la embarcación, pero a bordo quería a la mejor tripulación y la más capacitada para enfrentarse al vendaval económico.
El mismo principio marcó la formación de su equipo de defensa nacional. El mayor revuelo lo produjo el nombramiento de Hillary Clinton, su rival acérrima en  las primarias y peso pesado del Partido Demócrata, como secretaria de Estado, el puesto de mayor relevancia pública después del de la presidencia. Su currículum (abogada de prestigio, primera dama durante ocho años y senadora desde el año 2000) respaldaba fuertemente su elección para el puesto. Hillary tendrá el encargo de restaurar la imagen de Estados Unidos en el mundo, renovar la diplomacia americana y buscar soluciones a la amenaza del terrorismo.
Además de la competencia, la segunda característica del equipo fue su bipartidismo y centrismo. La ideología quedó relegada, y se pudo ver a varios republicanos ocupando puestos de gran trascendencia, como Robert Gates y James Jones. El primero permanecerá un año más como secretario de Defensa, cargo que ocupaba desde hacía dos años, cuando sustituyó a Ronald Rumsfeld, el máximo promotor de la guerra de Iraq. Durante la nueva legislatura, Gates tendrá el cometido de retirar a las tropas de Iraq, mientras que hasta 2008 su objetivo era conseguir la victoria.
Por su parte, el general de cuatro estrellas retirado James Jones será el consejero Nacional de Seguridad. Jones también cuenta con una larga trayectoria a sus espaldas, en la que, entre otras cosas, fue comandante supremo de la OTAN en Europa entre 2003 y 2006.
Janet Napolitano cierra el equipo de defensa como secretaria de Seguridad Nacional. La hasta entonces gobernadora de Arizona fue la primera en implantar, desde ese cargo, una estrategia de seguridad estatal; y también fue la primera que pidió ayuda la Guardia Nacional mexicana para colaborar en la frontera, y  además, lidera un movimiento nacional por una reforma migratoria más comprensiva.                   
La tercera característica destacada de la futura Administración fue el pasado “clintoniano” de muchos de sus miembros. Geithner, Summers o Bill Richardson, entre muchos otros, trabajaron en alguno de los mandatos de Bill Clinton. El gobernador latino de Nuevo México desde 2002, Bill Richardson, había sido secretario de Energía y embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas con Clinton. Obama le encomendó la secretaría de Comercio, a quien había sido un apoyo fundamental en la campaña presidencial entre la comunidad latina.
Con esta designación, quedaban enmarcados dentro del nuevo gobierno los tres ex rivales de Obama en las primarias (Bill Richardson, Hillary Clinton y el vicepresidente Joe Biden). Un gesto más del carácter conciliador y dialogante del presidente electo.
También accedieron a puestos relevantes destacadas figuras de su campaña, como el estratega de esta, David Axelrod, quien será el asesor del presidente; Rahm Emanuel, encargado de la victoria demócrata de 2006 en las elecciones legislativas, que ocupará el puesto de jefe de Gabinete de la Casa Blanca; y, por su parte, Susan E. Rice, una de las personas más cercanas a Obama y su consejera de política exterior hasta entonces, quien asumirá la representación de Estados Unidos ante la ONU.
El pragmatismo, la experiencia y el centrismo de su equipo perfilaron una Administración plural e independiente que evitará que la Casa Blanca sea rehén del Capitolio, con mayoría demócrata en las dos Cámaras y más a la izquierda que Obama.

 


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