Anuario 2008

Afganistán
Alemania
Angola
Arabia Saudí
Argentina
Bolivia
Bulgaria
Canadá
China
Congo
Corea del Norte
Corea del Sur
Ecuador
Egipto
Estados Unidos
Francia
Gran Bretaña
India
Irak
Irán
Israel
Japón
Kuwait
Letonia
Líbano
Nepal
Nigeria
Pakistán
Paraguay
Polonia
República Checa
Rumania
Rusia
Siria
Sudáfrica
Taiwán
Ucrania
Venezuela
Zimbabue
Estados Unidos
Obama llega al rescate de un país en crisis y desencantado
¿Dónde estaba Bush?

Los días previos a las elecciones presidenciales y el mismo día, todos los medios de comunicación se preguntaban dónde estaba Bush. Durante cinco días el presidente de Estados Unidos suspendió todos los actos oficiales e incluso prefirió votar por correo al candidato de su partido, John McCain, para evitar que su imagen en los medios lastrase todavía más las opciones del senador de Arizona.
Este confinamiento de su figura a un segundo plano fue la tónica del último año de su mandato. Bush era ya historia, y el protagonismo lo acapararon sus posibles sustitutos.  Empezó el año con la popularidad por los suelos: un 28%, el mismo porcentaje que Richard Nixon en 1972 después del escándalo del Watergate. El último discurso del estado de la nación, que pronunció en enero, pasaba prácticamente inadvertido en medio de las primarias. Y lo acabó peor: su popularidad en la semana de las elecciones marcó un mínimo histórico, el 24% de aprobación.
En plena crisis financiera, cada vez que Bush hablaba para recuperar la confianza de los ciudadanos en los mercados, estos se desplomaban. El mismo efecto tenía su figura sobre la intención de voto a McCain.
Sus políticas internas destacaban por sus consecuencias negativas. Una de ellas fue la reforma inmigratoria, aprobada en 2007, que se volvió excesivamente estricta (multas a los empresarios que contraten trabajadores ilegales, refuerzo policial en la frontera, así como la construcción del muro que separa EE.UU. y México). Los ciudadanos estadounidenses de origen latinoamericano, contrarios a las medidas, cambiaron su voto, tradicionalmente republicano, al azul demócrata.
Por otro lado, a pesar de la imagen que dejó el “Katrina” del deterioro de las construcciones de la primera potencia mundial, no se aumentaron las inversiones en infraestructuras. La reparación de puentes, la ampliación de aeropuertos o la modernización del sistema de tratamiento de aguas residuales son algunas de las obras que más urgencia requieren, y para las que Obama prometió dinero y puestos de trabajo para llevarlas a cabo.
En materia energética, no hubo ningún plan para reducir la dependencia de las importaciones de petróleo. Ante la escalada de los precios del combustible, que parecía que no tocaban techo, sobrepasando los 150 dólares el barril de Texas (precio de referencia en Estados Unidos), Bush no consiguió que sus amigos de la OPEP, como Arabia Saudí, aumentasen la producción.
La oposición que le brindó el Congreso contribuyó todavía más a su inacción gubernamental. Quedaron pendientes la renovación del plan educativo “Que ningún niño se quede atrás” (No child left behind), que premia a las escuelas que fomenten un alto progreso de sus alumnos, especialmente cuando estos proceden de sectores minoritarios o con más dificultades; o del  Tratado de Libre Comercio con Colombia, cuya discusión quedó suspendida indefinidamente.
En general, a nivel gubernamental, se vivió un clima de espera por el cambio de gobierno. Lo único que interesaba eran las propuestas de la nueva Administración, y olvidar lo antes posible a la última.


 


Periodismo Internacional © 2022 | Créditos
Facultat de Comunicació Blanquerna - Universitat Ramon Llull
Aviso legal | Política de protección de datos | Política de Cookies