Anuario 2008

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La puesta de largo del gran gigante asiático
El camino hacia la “sociedad armoniosa”

El régimen comunista ha abogado por la necesidad de que el desarrollo chino no se base en el crecimiento a cualquier precio, sino que tenga en cuenta sus consecuencias sociales, medioambientales y culturales. El extraordinario crecimiento económico chino ha generado una clase media urbana formada por unos 400 millones de personas y ha creado 320.000 millonarios. No obstante, el Banco Mundial calculó en abril que más de 318 millones de chinos viven con menos de dos dólares al día.  Con el fin de acabar con tan peligrosas desigualdades, que amenazan a la estabilidad del régimen comunista, y de avanzar hacia la «sociedad armoniosa» que el partido preconiza, el presidente de la República, Hu Jintao, ha apostado por «modificar de forma significativa el modelo de desarrollo», de acuerdo con la declaración del XVII congreso del partido Comunista, celebrado a finales del pasado año. En dicha reunión, que celebra cada cinco años el partido, se propuso un programa político en el que se aspiraba a “construir una sociedad modestamente acomodada”, con promesas de acceso igualitario a la enseñanza, el empleo, y la seguridad. No obstante, el Gobierno Chino, debe recorrer aún un largo camino para lograr alcanzar todos estos propósitos. “·Hu Jintao se diferencia de su predecesor, Jiang Zemin, en que se permite hablar de brechas y desequilibrios, pero su actuación es marginal. El Gobierno carece de programas sociales. La inmensa mayoría de la población no tiene seguridad social, ni atención médica, ni educación gratuita. Sin preocuparse por los ciudadanos, sin invertir en la población, no existe sociedad armónica. Hay que elevar el gasto social y ello exige que los ricos paguen impuestos, que no los pagan, y cambiar las inversiones en infraestructuras -en aeropuertos y autopistas que nadie usa- por inversiones en programas sociales”, explica Minxin Pei, Director del Programa de China en la Fundación Carniagie.
Dado que la brecha social más evidente en el país es la que se establece entre la población urbana y la rural, y con el fin de avanzar en esta problemática, los dirigentes chinos han tomado nuevas medidas estructurales encaminadas hacia la anhelada armonía: se ha impulsado una reforma agraria, se ha abolido el permiso de residencia houkou y se ha flexibilizado la política del hijo único.
Por otra parte, se ha apostado por un modelo de “desarrollo científico”  lo que significa que el desarrollo del país debe concebirse, teniendo como prioridad  la preservación del medio ambiente.
Finalmente, el Partido, destacó asimismo, la necesidad de “construir una política socialista democrática” en la que se promoviera un sistema gubernamental transparente y eficaz y en el que se fortaleciera el sistema de congresos populares y de la participación popular, desde las bases, en la política. Aso propuso también, que en las elecciones de las asambleas populares, contribuyeran la misma proporción de diputados de las áreas urbanas y de las rurales, para, de esta manera, poder mejorar la situación política de los campesinos.

La reforma agraria, un cambio en el rostro y la vida del país
La reforma agraria, anunciada el pasado 2 de octubre, por la cual los campesinos podrán vender, alquilar o hipotecar el derecho de sus tierras, representa un cambio radical en el rostro y la forma de vida del país. China cuenta con un excedente rural de unas 160 millones de personas; la reforma agraria se espera que  conduzca a la eliminación del paro encubierto, hecho que representará en sí mismo un amento de la productividad dado que se podrá obtener la misma producción agraria con menos trabajadores del campo. Y, por la otra, permitirá cubrir la demanda de trabajadores en las ciudades, tanto en la industria como en los servicios. En definitiva, los emigrantes del campo a la ciudad van a sustituir un empleo de baja o nula productividad en la agricultura por otro de elevada productividad en otros sectores. Por otra parte, la reforma permitirá que un campesino pueda cultivar mayores extensiones de tierra, superando los problemas propios del minifundismo y dando paso a explotaciones de tamaño más adecuado para la obtención de economías de escala. Finalmente, se espera que la modificación de la ley, de garantías de seguridad jurídica de los derechos de la propiedad y flexibilice notablemente las fórmulas de arrendamiento y demás figuras que permitirán ajustar las condiciones de explotación de la tierra a las necesidades. En definitiva, es previsible que la reforma agraria facilite una nueva etapa de fuerte crecimiento económico y sobre todo, extender los beneficios de dicho crecimiento a enormes zonas del territorio y sus poblaciones, que hasta ahora estaban marginadas del enorme progreso experimentado en las zonas urbanas del país.
Por otra parte se calcula que entre los años 2001 y 2020 más de 300 millones de chinos se mudarán a las ciudades, una cifra que modificaría completamente la distribución de la densidad de habitantes por zonas del país. Y se calcula que en 2050, el 80% de la población residirá en núcleos urbanos, frente al 43% en la actualidad. El proceso no es único, ha ocurrido en muchos otros países del mundo, a medida que se han desarrollado, pasando de ser sociedades eminentemente agrícolas a sociedades industriales y de servicios. El fenómeno, sin embargo, adquiere una nueva dimensión cuando se trata de un país que cuenta con 1.300 millones de habitantes. El movimiento migratorio se inició en los años 80. A día de hoy, más 200 millones de personas se han trasladado a la ciudad, al menos la mitad de ellos de forma permanente, en busca de trabajo y oportunidades, de las que carecen en el campo. Se trata de un fenómeno sin precedentes en la historia de la humanidad. Según informes del Banco Mundial, China tiene 1.300 millones de habitantes, de los cuales 318 millones viven en la miseria, con un salario inferior a 7 euros al día, una cifra que parece ridícula en Europa y también en la China del milagro económico.
Desde hace tiempo, los dirigentes municipales están tomando medidas para aliviar la presión demográfica. Pekín va a construir 11 ciudades satélite que albergarán alrededor de medio millón de personas cada una. Guangzhou edificará 15, de unas 200.000 personas, y la misma estrategia seguirá Shangai. La reforma agraria obliga al Gobierno a abolir o modificar esencialmente el procedimiento del permiso de residencia, llamado “hukou”, que clasifica a los chinos como habitantes urbanos o rurales. El sistema fue creado en los años cincuenta, durante la época maoísta, para restringir los movimientos. El no tener el permiso hukou hace que los emigrantes no tengan los mismos derechos que los residentes. No pueden acceder a ciertos trabajos y sus hijos no pueden acceder a todos los colegios. En algunas ciudades, incluso, se da el caso de que las personas no pueden acceder a la sanidad o puede que sean obligadas a volver a su lugar de origen.
“La reforma inicial de la tierra, hace 30 años, modificó de forma fundamental el paisaje de la producción agrícola, sacó a millones de pueblos de la pobreza, suministró cantidades ingentes de mano de obra barata para las fábricas y la construcción, y mejoró el nivel de vida en las zonas urbanas. Pero los reformistas chinos se han dado cuenta de que sin un nuevo cambio será difícil elevar el nivel de vida en las zonas rurales', afirma Xiaobo Hu, director del Centro para Estudios de China en la Universidad Clemson (Carolina del Sur).
     Muchos de los habitantes rurales que están informados de la ley, --la gran mayoría no lo están--, no parece parecen muy interesada en acogerse a ella. Los afectados coinciden en que no quieren vender sus tierras ya que viven de la agricultura, ni tampoco comprarlas ya que ello conllevaría la mecanización del trabajo. También, muchos de los habitantes rurales que sí estarían dispuestos a dejar el campo, muchos no se ven preparados para trasladarse a vivir a las ciudades ya que no tienen formación.
De hecho, hasta la fecha, quienes han emigrado a las ciudades han cedido el derecho de cultivar sus tierras a amigos, familiares o vecinos. Es por esto que muchos de los habitantes rurales, ven la nueva ley, simplemente, como un trámite poder regularizar la situación.
El Gobierno está eliminando  gradualmente  desde este año la política del hijo único, tal como anunció en marzo la viceministra de la Comisión Nacional de Población y Planificación Familiar. Dicha política, adoptada a finales de la década de 1970 para controlar la superpoblación, ha desencadenado graves problemas en la sociedad china: el país asiático sufre un peligroso problema de envejecimiento de la población y una creciente diferencia en el número de hombres y mujeres que ha provocado la alarma entre expertos: en China nacen 118 niños por cada 100 niñas, cuando el ratio normal en todo el mundo es entre 103 y 107 varones por cada 100 hembras. Se estima que, de seguir la tendencia actual, en 2025 puede haber 30 millones de hombres más que de mujeres en edad de formar una familia, lo que, a grandes rasgos, podría suponer masivas migraciones, tráfico de mujeres y una grave inestabilidad social. Las autoridades se escudan defendiendo que los estrictos controles de natalidad han evitado más de 300 millones de nacimientos y han favorecido un aumento más rápido del nivel de vida del país. Sin embargo, sus detractores afirman que, además de violar las libertades del individuo, la ley ha desembocado en numerosos abortos y el abandono de muchas niñas a causa de la preferencia de las familias por los varones.

Un nuevo reto medioambiental
En la Cumbre del Clima de la ONU, un acuerdo que debe sustituir al Protocolo de Kioto a partir de 2012, celebrado en diciembre, el grupo de países emergentes, entre los que figuran China e India, acordó limitar sus emisiones entre un 15% y un 30% en 2020 respecto a la tendencia actual. El texto supone un avance a lo acordado en anteriores declaraciones, ya que se ha logrado establecer un rango de emisiones para los países ricos y otro para los países emergentes y se ha acordado una cifra concreta. Asumir una mayor responsabilidad medioambiental era una de las prioridades en la nueva agenda de “país armonioso”. La contaminación es uno de los grandes problemas de China en la actualidad. Se prevé que el país supere este año a EE.UU. como principal emisor de dióxido de carbono y gases responsables del efecto invernadero.
Las potencias industrializadas son responsables del 62%de las emisiones de dióxido de carbono, pero China y la India ya emiten el 25% del total y su contribución aumenta a ritmo vertiginoso.
Por otra parte, China, al igual que otros países emergentes, temía que si continuaba  negándose a contener sus emisiones, Europa y EE.UU. podrían verse tentados a imponerle medidas proteccionistas mediante el argumento de que los productos chinos contaminan más.

La transparencia, ¿un reto a largo plazo?
En su recorrido hacía la “armonía”,  muchos expertos coinciden en que el país necesita un Gobierno más transparente y menos corrupto; una Administración que cubra con más eficacia las necesidades de sus ciudadanos, y más democracia, tanto en los Gobiernos locales como dentro del Gobierno. En el XVIII Congreso Nacional del Partido Comunista, Hu trató el tema de las reformas políticas en profundidad. No obstante, la teoría es muy distinta a la práctica: “Cualquier abogado chino habla de cuánto le falta al país para tener un sistema judicial independiente. Y las autoridades, aunque ya no son comunistas más que de nombre, siguen siendo leninistas en un aspecto vital: defienden a rajatabla su monopolio del poder político. No obstante, también en las reformas políticas se ve una orientación prometedora”, explica el analista internacional Timothy Garton Ash.

 


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