Anuario 2008

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China
La puesta de largo del gran gigante asiático
La renovada imagen diplomática


Durante 2008 China se ha mostrado más  activa en sus compromisos internacionales, y ha multiplicado sus esfuerzos para pulir su imagen diplomática internacional y responder a su posición como uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y como tercera potencia económica mundial, lo que evidencia una política exterior china más responsable. Este mérito responde al cambio en la percepción china de cómo salvaguardar sus intereses nacionales, su seguridad energética y sus objetivos económicos de una manera más en línea con el comportamiento de los otros grandes jugadores de la política internacional. En el … Hu expresó su deseo de impulsar una política basada en “el desarrollo pacífico”, lo que significa basar sus relaciones internacionales en una “paz duradera” y una “prosperidad compartida”. Lo que explicaría os recientes acercamientos con Rusia, Latinoamérica y sus vecinos Japón y Taiwán.  Igualmente, las relaciones del gran gigante asiático con el exterior han seguido marcadas por los lemas del ascenso político y la diplomacia del petróleo, dos de los principales ejes de la política exterior china. La creciente necesidad del gran gigante asiático de petróleo, --el país asiático es el segundo mayor consumidor de crudo del mundo, después de EE.UU.-- para alimentar el meteórico crecimiento del país, ha llevado a China a desplegar una diplomacia basada  en buena medida en ampliar su influencia y presencia política en países ricos en recursos energéticos.

Una etapa de conciliación en las relaciones chino-niponas Durante el año 2008 las relaciones entre ambos territorios han estado definidas por una nueva etapa de conciliación. Los mandatarios de ambos territorios se vieron las caras en mayo. La reunión, llena de simbolismo, constituyó el fin de diez años de estancamiento en sus relaciones, en los que, desde la visita a Japón del ex presidente chino Jian Zemin en 1998, no había tenido lugar ningún encuentro entre máximos líderes. Entre los acuerdos más relevantes que se alcanzaron, figura el reparto equitativo de la explotación de reservas de gas del mar de China oriental, que había sido objeto de disputas territoriales entre los dos países. El yacimiento contiene reservas explotables equivalentes a 63,8 millones de barriles de petróleo, de un total de 3.260 millones de barriles en el conjunto del mar de China Oriental, según afirman estudiosos chinos y japoneses.  Más allá de este y otros enfrentamientos territoriales que se creían enterrados, como el de la soberanía de las islas Senkaku (o Doayou para los chinos), las cuales tienen potentes reservas energéticas, las relaciones chino-niponas están marcadas por un doloroso pasado histórico. Pasados treinta años del inicio de la normalización de sus relaciones, aún existen espinosos problemas por resolver, que se vieron agravados durante el mandato del ex primer ministro Kozumi, quien, estando en el poder, realizó frecuentes visitas al santuario de Tyakusmini, convertido en un símbolo del nacionalismo nipón donde se honra a criminales de la Segunda Guerra Mundial. El fin de la era de Kozumi promovió el acercamiento entre el régimen comunista y Japón, y abrió una nueva fase de entendimiento y cooperación, que se ha prolongado durante los mandatos de Fukuda y, en la actualidad, de Taro Aso.  Igualmente, a día de hoy, China mantiene activada una campaña por el revisionismo de algunos libros de texto de Japón que minimizan el pasado militarista japonés y han maquillado algunas de las operaciones de la armada imperial japonesa. Estas graves disputas no esconden, sin embargo, una realidad que Japón y China han comenzado a asimilar: sus economías son cada vez más dependientes y complementarias. La meteórica emergencia de China como un claro competidor en el liderazgo económico regional y global, y la evidente interdependencia entre las dos economías ha hecho que el país represente uno de los pilares fundamentales en sus relaciones diplomáticas. Los intercambios entre ambos gigantes asiáticos ascendieron a 151.822 millones de euros en 2007. China es, desde 2003, el principal socio comercial japonés, y se ha convertido no únicamente en un gran mercado para sus exportaciones, sino también en una gran fábrica de mano de obra barata para las empresas niponas.

La unión de dos viejos enemigosLa victoria del candidato pro-chino Ma Ying-Jeoi (KMT) en las elecciones celebradas el pasado marzo en  Taiwán, han supuesto un drástico giro en las relaciones entre ambos territorios. Entre los principales objetivos del  partido ganador destaca la voluntad de mejorar las tensas relaciones entre la isla y China.
El pasado abril Hu Jintao, se reunió con el vicepresidente electo de Taiwán, Vicent Siew, en lo que fue el encuentro de más alto nivel entre ambos territorios desde el fin de la guerra civil, hace casi 60 años. La reunión tuvo lugar en el marco de un foro económico internacional, en la provincia sureña china de Hainan, y en él se resolvieron cuestiones prioritarias en la agenda de ambos países:
Se estableció más  comunicaciones directas por aire, mar y vía postal. Aunque sólo 160 kilómetros separan a ambos territorios, para viajar a Taipei desde China, se tenía que hacer escala en Hong Kong o Macao. Con la excepción de ocasiones especiales, como las festividades del Año Nuevo chino, no ha habido vuelos directos entre ambos lados del estrecho desde 1949.  En el acuerdo alcanzado se estableció que doce líneas aéreas de ambos lados pondrían en marcha 108 vuelos diarios a la semana a partir de 2009 para conectar doce ciudades chinas con cuatro taiwanesas. Las comunicaciones por mar entre ambos territorios, las cuales también estaban restringidas, y debían detenerse en la isla japonesa de Ishigaki, con el encarecimiento de los costes que ello suponía, también se han abierto. Desde el pasado noviembre 63 puertos chinos están conectados con once puertos de Taiwán.  A raíz del tratado se calcula que las líneas aéreas y los pasajeros se ahorrarán al año 66 millones de euros y las compañías navieras unos 88 millones. Y se estima que por cada 25 turistas, se creará un nuevo puesto de trabajo.
Las nuevas conexiones han puesto las bases de un nuevo futuro en las relaciones económicas bilaterales, las cuales, dejando al margen las restricciones, han sido desde hace años muy fluidas. En 2007, el 40,7% de las exportaciones de la isla se dirigieron al continente.

Carta blanca a Latinoamérica
El pasado noviembre China lanzó una Carta Blanca a Latinoamérica en la que se desarrolla la intención de Pekín de incrementar sus intercambios económicos, en especial en los sectores energéticos y de recursos minerales y de estimular los acuerdos de libre comercio con los países de la zona. En los primeros nueve meses de este año, las exportaciones chinas a Latinoamérica incrementaron un 52% hasta ascender  a 88.000 millones de euros aproximadamente, al tiempo que la 'fábrica del mundo' incrementó sus importaciones de hierro de Brasil, soja de Argentina, cobre de Chile, estaño de Bolivia y petróleo de Venezuela. Pero, además de robustecer sus relaciones económicas y ampliar el mercado para sus productos, Pekín potencia el multilateralismo también en temas como defensa, seguridad y justicia, y ofrece apoyo a regímenes amigos como el cubano, al que ayuda a hacer frente a la economía de la isla. Agravada por la crisis económica y ya afectada por el paso de tres poderosos huracanes y el alza del precio de las importaciones.
El documento no presenta muchos detalles, pero indica la dirección a seguir de El gran gigante asiático. De hecho, este pacto de alianza convierte a China en el primer socio de Chile y un poderoso afiliado energético de Venezuela, Ecuador y Colombia.
El acuerdo de alianza representa un duro revés para Taiwán. Durante años, Taipei y Pekín se han disputado las relaciones diplomáticas con el exterior por medio de la “diplomacia de la chequera.” Es decir, comprando el reconocimiento de otros países mediante generosas ayudas y proyectos de cooperación.
Desde que el país quedó dividido en dos tras la guerra civil de 1949, el apoyo por parte de la comunidad internacional a una u otra parte, ha ido fluctuando. En los primeros años la mayoría de los países optaron por apoyar a Taiwán frente al comunismo de Mao. Y así fue hasta que, en 1971, la ONU abrió sus puertas a Pekín, lo que significó la expulsión de Taipei.  Entonces los papeles cambiaron. Poco a poco China ganó aliados, el país crecía ya de forma meteórica y era más conveniente tenerlo de aliado que como enemigo.
A día de hoy, Taiwán, cuenta únicamente con el apoyo diplomático de 23 pequeños países –frente a los 168 que reconocer a China--. Éstos estados no tienen relaciones diplomáticas con la República Popular China. Entre estos 23 territorios figuran 11 países latinoamericanos: República Dominicana, El Salvador, Granada, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Saint Kitts, Nevis, San Vicente y las Granadinas, algunos africanos como Burkina Faso, Malawi y Gambia, y algunos pequeños países de Oceanía.
Olvidados los argumentos ideológicos, Taipei y Pekín, pasaron hace años a priorizar los económicos. Donaciones, préstamos,  inversiones sin intereses. Latino América y África,  son los escenarios de esta nueva guerra de la chequera. Y mientras que en África y Pekín lleva clara ventaja China, en Centroamérica parecía afianzarse Taiwán.
No obstante, en los últimos años, y conforme ha ido aumentando el poder del gran gigante asiático, éste se ha convertido en un enemigo casi invencible.

China y Rusia trazan una frontera común     
Tras cuarenta años de disputas. El pasado julio China y Rusia firmaron un acuerdo en el que se fijó definitivamente sus 4.300 kilómetros de frontera común.
Esta nueva demarcación territorial, acordada en Pekín por los ministros de Exteriores chino, Yang Jiechi, y ruso, Serguéi Lavrov, contempla la devolución por parte de Rusia de la totalidad de la isla Yinlong  y de la mitad de la isla Heixiazi, ambas situadas en la confluencia de los ríos Heilong y Wusuli, que sirven de frontera natural entre los dos vecinos en la provincia nororiental china de Heilongjiang. La superficie de terreno recuperado por Pekín es de 174 kilómetros cuadrados, según informó el diario China Daily en su página de Internet.
Las relaciones entre ambos territorios han tenido altibajos a lo largo de las últimas décadas. Pasaron de ser grandes amigos y aliados comunistas en la década de 1950, a grandes rivales en las décadas siguiente, debido a divergencias ideológicas. En la década de los 70, las relaciones llegaron a tensarse hasta tal punto que incluso se llegó a temer el estallido de un conflicto nuclear. En los últimos años, no obstante, el trato y los intercambios entre los dos Gobiernos han mejorado considerablemente, en buena medida por el interés de ambos países de contrapesar el peso político y económico de Estados Unidos. Rusia tiene gran interés por incrementar las exportaciones de petróleo, gas y productos nucleares a China. Además, le suministra armamento y tecnología espacial.

África: ¿Una oportunidad a la paz de Darfur?
La economía china ha evolucionado en los últimos años de la industria manufacturera tradicional a la industria pesada. Ello ha comportado una enorme necesidad de materias primas que China importa de países subdesarrollados, especialmente de África, continente  en el que el pasado año el gigante asiático invirtió 900 millones de un total de 15.000 millones de la IDE (Inversiones directas extranjeras).  De hecho, China  extrae de África  casi un tercio de sus importaciones de petróleo. Angola es su principal subministrado de crudo y su primer socio comercial. Le sigue Sudán el principal destinatario de la inversión china, y el segundo proveedor de hidrocarburos. Además de crudo, el país extrae de África  otras materias primas: cobre de Zambia, mineral ferroso de Sudáfrica, cobalto del Congo, madera de Camerún o Liberia. A día de hoy, hay 700 empresas nacionales chinas instaladas en territorio africano.
En sus relaciones diplómaticas con los países africanos, China ha buscado hacer su presencia cada vez más visible, mediante paquetes de ayuda, préstamos y el desarrollo de infraestructuras. Uno de los ejemplos más patentes de esta política es Angola --que salió hace seis años de una guerra civil que duró 30-- que vende la mitad de su petróleo a China y que se ha convertido en lo que muchos llaman hoy el tigre africano. Según el Banco Mundial, Angola, país riquísimo en minerales, crecerá un 20% este año. No obstante, muchos de los países con los que China colabora son regímenes autoritarios que violan los derechos humanos, o, como en el caso de Sudán, el ejemplo por excelencia, masacran a poblaciones enteras.  En la relación con estos territorios, China siempre se ha mantenido al margen de ejercer  cualquier tipo de presión política escudándose en que se debe “respetar la soberanía de los países” (Tal como dicta la resolución 1706 de la ONU). Lo que ha suscitado la aprensión de Europa y de EE.UU. Pekín es también el mayor proveedor de armas del país africano. Ha sido acusado por organizaciones de derechos humanos de violar el embargo dispuesto por la ONU, y proveer a las milicias apoyadas por el Gobierno que combaten a los rebeldes en Darfur.  No obstante, la postura que ha tomado China en relación al proceso abierto contra el presidente de Sudán es una prueba de su creciente alineación con los compromisos internacionales. En el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), donde cuenta con poder de veto –al igual que Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia–, China se ha abstenido en la mayoría de las votaciones de resoluciones destinadas a persuadir o forzar a Sudán a proteger los derechos humanos en Darfur. La Fiscalía de la Corte Penal Internacional solicitó el pasado 14 de julio al tribunal con sede en La Haya el arresto del presidente de Sudán Omar Shair  a quien acusan de ser responsable de genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos en el conflicto de Darfur. China se ha unido a Sudáfrica y otros países como Rusia en la defensa de que el Consejo, máximo órgano decisorio de Naciones Unidas, postergue el proceso internacional contra el presidente de Sudán como medida para dar una oportunidad a la paz en Darfur. Los partidarios de esta enmienda defienden que la imputación del presidente en ejército haría peligrar la misión de los casos azules en el territorio y dificultaría la reanudación del proceso de paz.

 


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