Anuario 2008

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La puesta de largo del gran gigante asiático
La gran fábrica del mundo ralentiza su marcha


El año 2008 será recordado como el del inicio de una gran crisis financiera a escala mundial. Por primera vez, la fuerte crisis financiera y económica que sacude a los países desarrollados se hace sentir en todos los rincones del planeta, y por supuesto en China. En primer lugar, a través de las inmensas pérdidas sufridas por las inversiones financieras de China en forma de préstamos a los países desarrollados. China es una gran potencia exportadora, con una balanza de pagos excedentaria y, por lo tanto, con grandes excedentes de ahorro para prestar a países como EE.UU. o España, que, al contrario de China, gastan más de lo que producen y, por lo tanto, necesitan vivir del ahorro exterior. Pero la pérdida de valor de sus préstamos no es el único coste que sufre China de la crisis internacional. Sus exportaciones se resienten de la menor demanda de sus principales clientes en el exterior, consecuencia de la crisis que atraviesan.
El PIB del país en el cuarto trimestre de este año, es casi la mitad de lo que era hace cuatro trimestres. La producción industrial ha crecido un 5,7% mientras el año pasado crecia al 18. Los organismos internacionales, como el FMI, en sus previsiones, preveían una ralentización del crecimiento de la economía china, no obstante, aseguraban que seguiría creciendo a ritmos del ocho al nueve por ciento en 2009. No obstante, durante noviembre ha rebajado sus previsiones entre el 5 y el 6 el menor valor en dos décadas. Se trata de una cifra crítica, ya que se sitúa entre el 7% y el 8% que Pekín considera que debe aumentar el PIB para proporcionar trabajo a la población y garantizar la paz social. La consecuencia ha sido que miles de empresas han cerrado, especialmente en las provincias industriales de Guanggdong y Zhejiang, en el sur del país.
Las autoridades del país han anunciado un importante paquete de medidas de estímulo a la actividad económica, por valor de cuatro billones de yuanes (488.000 millones de euros) hasta 2010 para reactivar la economía, impulsar el consumo y reducir la dependencia de las exportaciones, que representan el 40% del PIB. De este dinero, el Gobierno central aportará 1,2 billones de yuanes (el 30% del total), y el resto será responsabilidad de los gobiernos locales y de las empresas estatales. Paralelamente, se ha impulsado el mayor recorte de los tipos de interés en los últimos 11 años, que quedaron situados en el 5,58% para el tipo de referencia a un año, y en el 2,53% para los depósitos bancarios. Lo que significa que no es rentable depositar el dinero en el banco ya que perderá el valor adquisitivo y que pedir créditos es muy barato. Esta situación es muy favorable para el consumo.  Y que la gente optará por tener Dicha cifra cuadriplica los 0.27 puntos habituales.
El plan financiero incluye 1,8 billones de yuanes para aeropuertos, autopistas y otras obras; 370.000 millones para mejorar las infraestructuras en el campo, 350.000 millones para proyectos medioambientales, 280.000 millones para vivienda sociales y 40.000 millones para sanidad y educación. Pekín estudia también medidas adicionales para ayudar a los sectores siderúrgico, automovilístico, petroquímico y textil, para incrementar las reservas de materias primas claves y ampliar la cobertura a los desempleados. Igualmente, analiza disminuir, por primera vez en dos años, el precio de los combustibles
Según expertos internacionales, la economía China tiene que prepararse para dar un nuevo paso adelante, que la permita seguir siendo competitiva con salarios más altos y con una moneda más revaluada, a la vez que ir desplegando el enorme potencial de su mercado interior. Así que es fundamental que el país acometa un conjunto de reformas económicas e institucionales que dejen atrás la aún abrumadora presencia de la herencia del régimen comunista. Por otra parte, se exige que China pase a ser un actor principal en la nueva correlación de fuerzas en el mundo, ocupando el lugar que le corresponde en la gobernanza global y en los organismos internacionales que han de alumbrar un nuevo orden económico y financiero internacional.
Para el Gobierno, se trata no sólo de paliar la crisis, sino de velar por su propia supervivencia, ya que el Partido Comunista Chino ha basado parte de su legitimación en el extraordinario triunfo económico del país.

La fábrica del mundo ralentiza la marcha
La disminución de las exportaciones ha contribuido al cierre de al menos 67.000 fábricas en China. Las provincias de Guangdong y Zhejiang,  al sur del país, conocidas como la “fábrica del mundo”, viven a día de hoy una bajada de los pedidos sin precedentes, lo que está contribuyendo al cierre de decenas de miles de pequeñas y medianas fábricas, y al despido de miles de empleados la gran mayoría de ellos emigrantes. Durante décadas, la región litoral del país y en especial el delta del río Perla, al sur de la provincia de Guandong, han sido la locomotora del desarrollo meteórico que ha vivido el gran gigante asiático y han proporcionado empleo a los inmigrantes de las provincias del interior, donde las tierras de cultivo son pobres.
Sólo hay que dar la vuelta a cualquier producto que se tenga a mano para topar con el sello “Made in China”, verdadero emblema de la globalización. No en vano en la ciudad de Wenzhou, (Zheijian) se fabrica el 80% de los mecheros que se venden en todo el mundo, en industrias que emplean a 90.000 y el 75% de las gafas de sol, en industrias que emplean a 60.000 personas. Entre las once regiones potentes del país en el sentido de calidad, competitividad y capacidad de desarrollo, Guandong se sitúa la cuarta detrás de Jiangsu, Fujian y Shangai y Zhijiang la octava.
Pero el escenario ha cambiado drásticamente estos últimos meses. Los primeros síntomas de la recesión han llevado a una ola de protestas laborales sin precedentes, como la que protagonizaron dos semana atrás 500 trabajadores de Kaidam, una fábrica de juguetes situada en la capital hongkonesa en Dongguan (Guadong) que se ha visto obligada a reducir la plantilla de sus trabajadores. Los manifestantes, quienes protestaban por las pobres indemnizaciones, fueron dispersados rápidamente por miles de policías. Las manifestaciones son comunes en China, con frecuencia por causas laborales, o corrupción de los gobiernos locales, pero con la crisis han adquirido una nueva dimensión.

Según Yuen Pau Woo, presidente de la Fundación Asia Pacífico de Canadá  “No es que la sociedad china haya perdido el miedo a manifestarse, sino que  está adquiriendo mayor número de formas. No sólo se están produciendo en las calles, sino también en los blogs, o los mensajes de teléfono móvil. La mayoría tiene que ver con el bolsillo de la gente. Las protestas políticas son todavía un tabú y seguirán siéndolo por un futuro no definido”.
Los despidos masivos han afectado especialmente a los inmigrantes. Esta clase trabajadora, concentrada en las industrias orientadas a la exportación o en sectores como la construcción y servicios mal pagados de las grandes ciudades, empezó a emerger en la pasada década a causa de la crisis del medio rural y el declive del poder adquisitivo de los campesinos, un tercio del urbano. Cifrada en 150 millones de personas este colectivo ocupa los eslabones más bajos del mercado laboral. Sus condiciones de trabajo, muchas veces infrahumanas, definidas por las interminables jornadas laborales se ven agravada por la absoluta carencia de regulación, la federación sindical oficial, la única legal, carece de autonomía frente al Estado y está subordinada a los intereses empresariales.
Ahora, muchos de ellos están pensando en volver a sus hogares en las zonas rurales, de hecho hay quienes se planean quedarse en sus casas y no regresar al litoral después del Año Nuevo Chino, fecha en la que se tiene la costumbre de regresar a casa. El incremento del precio de los cereales y la recién impulsada reforma agraria hace que la agricultura sea ahora más rentable.
La disminución de las exportaciones se suma a la apreciación del yuan, a unos gastos cada vez mayores de mano de obra, de transporte y de materias primeras. Y a los esfuerzos de china por aumentar la calidad de sus productos. Lo que se traduce en un encarecimiento del precio los productos fabricados.
Entre los sectores industriales en los que China es más fuerte: equipamiento de comunicaciones y informático, equipamiento general de industria, instrumentos y maquinas de oficina y de hogar, equipamiento especializado, industria metalúrgica y maquinaria eléctrica y industrial, los que se ven más afectados por este fenómeno son aquellas relacionados con los bienes de consumo duradero.

La crisis y la consiguiente alarma social representa un duro golpe para la estabilidad del Partido Comunista Chino, que basa su legitimación en el crecimiento económico. Los disturbios inquietan al Gobierno. Meng Jiangzhu, ministro de Seguridad Pública, ha advertido del “desafío que supone la crisis financiera global”, y ha urgido a los funcionarios provinciales a que “mantengan la cabeza fría y sean conscientes de la necesidad de salvaguardar la estabilidad”.

'Primero, se desatará el paro entre los jóvenes educados, ya que cada año se gradúan casi cinco millones de chinos. Esa población urbana desempleada será un grave problema para el Gobierno. Segundo, los chinos hasta ahora no se han interesado en la política porque aumentaba su nivel de vida, pero el Partido Comunista Chino (PCCh) perderá el apoyo y la legitimidad que obtenía con la prosperidad. Y tercero y más importante, la élite gobernante se mantiene unida porque tiene dádivas que repartirse, pero se romperá si sigue cayendo la economía, porque entonces comenzarán entre ellos a buscar culpables y a depurar responsabilidades”, explica Minxin Pei, Director del programa de china en la Fundación Carniege.

 


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