Anuario 2008

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Corea del Sur
Los conservadores vuelven al poder en plena desaceleración de la economía
Dos caminos diametralmente opuestos


Tras la guerra de Corea (1950-1953), ambos territorios siguieron trayectorias totalmente distintas. Corea del Sur recibiría el apoyo de Estados Unidos, lo que en unos años la convertiría en un país potentemente desarrollado. De una renta por cápita  de 10 dólares en 1949, se pasó a 10.000 en 1996 y alcanzó los 20.000 dólares en 2007. No obstante, en el ámbito político, Corea del Sur continuaría inmersa en un régimen autoritario. No sería hasta el año 1978, en el que se produjo la reforma constitucional, cuando Corea alcanzaría la plena democracia.  A día de hoy, Corea del Sur es la décimotercera economía mundial.
Por el contrario, Corea del Norte continúa siendo un régimen comunista estalinista. Tras la llegada al poder de la “dinastía” Kim, en el año 1948, se ha implantado una doctrina autárquica que ha llevado al país al total aislamiento internacional. Los pocos recursos económicos del territorio han sido invertidos en convertir el país en una potencia nuclear, descuidando por completo las necesidades básicas. Ello, junto a la desintegración de la URSS en 1991, y la consiguiente interrupción de la ayuda soviética al país, han sumido a Corea del Norte en la absoluta quiebra económica.
Las relaciones intercoreanas se han mantenido estancadas desde 1953. No obstante, a partir de 1991, tras la admisión de los países como miembros de la ONU, se iniciaron tímidos intentos de acercamiento: se han celebrado varios acuerdos entre los que destaca el firmado en junio del 2000, en el que se logró la reconciliación diplomática y una cierta relación económica, y el pactado el año 2007.

El paralelo 38, un muro infranqueable
Un hipotético tratado de paz entre ambos territorios no llevaría forzosamente a la reunificación de la península. Según expertos internacionales, este proceso es visto por la comunidad internacional como un objetivo a largo plazo. En primer lugar, porque los dos territorios afectados no tienen ningún interés en que la unión se materialice. Seúl visualiza la reunificación como un proyecto aún lejano ya que por el momento es imposible que el país asuma el estado de quiebra que sufre su vecino y las abismales diferencias que los separan. Para los surcoreanos, Corea del Norte no sólo es otro país, sino otro planeta. Seis décadas de separación han conseguido que la población no se identifique demasiado con sus vecinos del norte.. Unos 10.000 refugiados norcoreanos viven ahora en el sur, pero, por más esfuerzos gubernamentales, siguen malviviendo en ghettos y marginados de la sociedad en general. Y Pyongyang prefiere mantener la continuidad de su régimen “subvencionado” por la comunidad internacional.
Y, en segundo lugar, porque la unión de ambos territorios parece no interesar tampoco ni en EE.UU. ni en Asia o al menos ello era así hasta antes de la consecución del pacto de desnuclearización. Para el Gobierno estadounidense, la amenaza nuclear del régimen norcoreano representaba una excusa con la que poder mantener su presencia militar en Corea del Sur y Japón. Desde China, la reunificación de las Coreas es vista como una amenaza a su economía. Y por su parte, Japón, teme también que la unión de ambos territorios suponga el nacimiento de un competidor económico aún más fuerte en la región.

 


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