Anuario 2008

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Rusia
Putin garantiza la continuidad de su política tras colocar a Medvedev en la presidencia
Un curioso relevo al frente del Kremlin


El pasado siete de mayo, Dimitri Medvedev juró el cargo como nuevo presidente de Rusia prometiendo defender la Carta Magna y los derechos de los ciudadanos, en una fastuosa ceremonia en el Kremlin. Sucedió a su mentor, Vladimir Putin, cuyo mandato expiraba a las 12 del medio día de esa misma jornada.
La contundente victoria de Medvedev en las elecciones presidenciales de marzo de 2008 también representó la victoria del presidente saliente Vladimir Putin, pues con el control de la Duma, parlamento ruso, a través de su partido, Rusia Unida, tenía asegurado su posterior nombramiento como primer ministro en cuanto su sucesor lo propusiera para el cargo, ya que en el actual sistema político ruso los diputados del Parlamento son los responsables de aprobar o rechazar la candidatura propuesta por el jefe de Estado. Aun así, en Rusia el presidente es omnipotente: nada le hubiera impedido presentar una segunda vez la candidatura de primer ministro rechazada y luego una tercera. Si el legislativo no la aprueba puede disolver la Cámara y nombrar a su jefe de Gobierno. Pocas horas después de su investidura como presidente de la Federación Rusa, Medvedev propuso a su antecesor como jefe de Gobierno, un día después la Duma ratificaba la candidatura. -votaron a favor 392 diputados, hubo dos abstenciones y 56 votos en contra, todos ellos del Partido Comunista-.
Aunque insólito, el nombramiento de Vladimir Putin como primer ministro no pilló por sorpresa a los críticos del Gobierno ruso, pues ven su nombramiento como una manera de perpetuarse en una posición de poder y notoriedad, que le abra las puertas y lo mantenga en activo para ejercer un tercer mandato en cuanto finalice el de Medvedev, en 2012. La Constitución de Rusia deja claro que ningún presidente puede permanecer en el Gobierno durante más de dos legislaturas seguidas, en total ocho años, pero no dice nada al respecto de presentarse una tercera vez si se ha producido una alternancia en la presidencia, aunque el ex presidente en cuestión ya haya ejercido esas dos legislaturas consecutivas estipuladas en la Carta Magna.
Durante su primer medio año de mandato presidencial, Medvedev se ha preocupado por mantener una línea de acción similar a la del ex presidente, lo que concuerda con la idea de la mayoría de observadores internacionales que ven la legislatura del nuevo presidente como un mero trámite transitorio para el retorno del ex presidente en 2012. Las pautas generales de Gobierno establecidas por Putin en sus ocho años como jefe de Estado se han mantenido prácticamente inamovibles: en lo que a política exterior se refiere, el Gobierno continúa dando prioridad a los países que forman parte de la Comunidad de Estados Independientes -asociación de Estados surgida de la desmembración de la Unión Soviética, compuesta por 10 de las 15 repúblicas ex soviéticas- y a la apertura de nuevas relaciones político-militares y económicas con países latinoamericanos y asiáticos. Dentro de sus fronteras, la situación no ha cambiado, el Gobierno sigue escudándose tras el notable avance de la economía para minimizar el impacto de graves problemas de la herencia soviética: la carencia de instituciones sólidas, un centralismo asfixiante, la inexistencia de medios de comunicación libres y críticos, un proteccionismo feroz sobre los intereses de la oligarquía político-económica, así como los atropellos cometidos por el poder central en contra los grupos de oposición.

Un cargo a la medida de Putin
Durante sus últimos meses como presidente, Putin amplió y potenció el cargo de primer ministro y su peso específico dentro del Gobierno de Rusia, para que se adecuara más a un hombre de sus ambiciones. Así lo indica el decreto que firmó el pasado 28 de abril, diez días antes de abandonar la presidencia, que le permitiría, en calidad de primer ministro, controlar a los gobernadores provinciales, aunque su nombramiento y destitución siga siendo privilegio del jefe del Estado. No se trata de un detalle sin importancia, ya que estos gobernadores son la cadena de transmisión del poder de Moscú sobre la inmensa periferia del país. Putin enmendó, así, su propio decreto -promulgado durante la segunda etapa de su presidencia y que abolía la elección por sufragio de los gobernadores regionales, en favor de la designación directa del presidente- para que los dirigentes provinciales efectúen su rendimiento de cuentas anual ante el Gobierno central y no ante la presidencia. Ahora el primer ministro se encargará de hacer llegar al presidente el informe sobre la eficacia de los gobernadores, que en época de Putin se transformaron de cargos electos a verdaderos validos nombrados por el Kremlin.
Además, Putin no se mostró dispuesto a asumir la responsabilidad de tareas cotidianas poco agradecidas asociadas al papel de primer ministro, y procuró que altos funcionarios de RU, partido que lidera, presentaran a mediados de abril un proyecto de ley, posteriormente aprobado por la Duma, que redistribuye las competencias dentro del Gobierno, para transferir obligaciones propias de su cargo a otros ministerios y departamentos -cerca de 500 tareas de un total de 3.000, la mayoría de carácter social, mientras mantenía las competencias en seguridad, orden público y defensa-. Sus autores señalaron que tan sólo se trata de un proyecto para 'liberar al aparato del Gobierno de un trabajo superfluo' permitiendo que el primer ministro se concentre en 'tareas estratégicas”.
Por ultimo, reacio a pasar a un segundo plano de la escena pública, Putin, inició un proyecto para potenciar su imagen cuando asumiera el cargo de primer ministro reforzando y diversificación del departamento de prensa. En lugar de compartir ese departamento con Dimitri Medvedev se creó uno nuevo, con un equipo diferente y personal, orientado específicamente hacia la figura del jefe del Gobierno. En Rusia no sorprende a nadie que desde diciembre sea el primer ministro quien aparezca en un programa televisivo permanente para responder preguntas del público. Un privilegio reservado anteriormente para el presidente del país.

Reforma constitucional
En su primer mensaje a la nación, durante la Asamblea Federal anual, celebrada el pasado 5 de noviembre, Dimitri Medvedev sorprendió a los asistentes con una propuesta de reforma constitucional. La primera en llevarse a cabo desde que se aprobara en 1993 la actual Carta Magna rusa. Medvedev insistió en la idea de que su propuesta no es “una reforma de la Constitución, sino de una corrección de enmiendas importantes, que precisan pero no afectan la esencia jurídica ni política de las instituciones existentes'. Aunque es Medvedev quien lo ha puesto en marcha, Dmitry Badovsky, subdirector del Instituto de Sistemas Sociales, asegura que se trata de un paquete de medidas que comenzó a desarrollarse hace años, cuando Putin era presidente. Los que se oponen denuncian que las enmiendas buscan fortalecer la figura del presidente en un momento en que la crisis financiera ha afectado seriamente a la economía y desvirtuado la gestión del Kremlin. El ex presidente siempre se mostró reacio a hacer reformas constitucionales, sobre todo en lo que se refiere a la ampliación del máximo de legislaturas consecutivas, dos, en las que puede gobernar un mismo presidente, consciente de las repercusiones políticas que podría acarrear una decisión así sobre la opinión pública y en el panorama internacional. Al ser Medvedev quien pone en marcha su reforma, se refuerza la idea anteriormente mencionada de que el nuevo presidente tan sólo es una figura de tránsito, destinada a aplicar una serie de iniciativas polémicas que abran las puertas de un largo período de gobierno de Vladimir Putin en un futuro próximo, sin que este tenga que asumir las consecuencias políticas de dichas iniciativas.
La reforma fue aprobada el pasado 22 de diciembre por El Consejo de la Federación, Cámara Alta del Parlamento ruso, con el beneplácito de los 144 senadores, y con un solo un voto en contra. Los únicos que se opusieron fueron los comunistas y los nacionalistas, que se han negado a votar. “Estáis manipulando lo más sagrado que tiene este país -dijo Vladimir Zhirinovsky-, que es la Constitución. Queréis amordazar a la oposición. No necesitamos ese tipo de reformas”, concluía el líder del partido Liberal Demócrata. Los detractores del Gobierno aseguran que todo es una maniobra orquestada por Vladimir Putin para sustituir al frente de la jefatura del Estado a Dimitri Medvedev. Y no descartan que el actual presidente dimita una vez la reforma salga adelante definitivamente. Idea que, como ya se ha dicho anteriormente, ronda por la cabeza de muchos analistas internacionales desde que se confirmó el nombramiento de Putin como primer ministro.
Entre las propuestas se encuentra la ampliación del mandato presidencial de cuatro a seis años, y de cuatro a cinco el de los representantes de la  Duma. Según Medvedev, esta medida permitirá una implantación de las reformas legislativas más  efectiva en las 89 regiones que componen Rusia, ya que la gran extensión del país hace que se requería más tiempo para desarrollarlas adecuadamente. Otra de las propuestas enviadas a la Duma es la de someter la gestión del Gabinete de Ministros, que actualmente encabeza el primer ministro y ex presidente Vladímir Putin, al control del legislativo. La reforma también aboga por que los partidos pequeños que ganen entre un cinco y un siete por ciento de los votos en las  elecciones parlamentarias se les conceda representación en la Duma Estatal. El presidente ruso también propuso reducir gradualmente el  número de firmas requeridas para que los partidos participen en  las elecciones y la cantidad de miembros requeridos para formar un partido. Además, propone que se le otorgue a los partidos con mayoría en los Parlamentos regionales la potestad para nombrar a los gobernadores regionales, que hasta  ahora son designados por el presidente.
A efectos prácticos, estas medidas permitiría que en el caso de que Vladimir Putin accediera de nuevo al poder en los próximos años, pudiera desempeñar dos legislaturas que duraran seis años cada una, doce, el equivalente a tres legislaturas de cuatro años seguidas, lo cual prohíbe la Constitución. Con la propuesta de devolver a los Parlamentos regionales el poder para nombrar a los gobernadores, Putin consigue desvincular totalmente esta potestad de los atributos de la presidencia que en estos momentos ocupa Dimitri Medvedev. Ahora deberán ser ratificados directamente por el primer ministro y la Duma, bajo su control a través de la mayoría abrumadora de que dispone su partido Rusia Unida en este órgano. Para algunos analistas internacionales, esta medida también podría servirle al ex presidente para redistribuir los cargos de gobernador de algunas de las regiones rusas, sustituyéndolos por miembros de su partido. Finalmente, la medida de reducir los mínimos requeridos para obtener una representación parlamentaria, y para formar nuevos partidos políticos, podría responder a un intento de mostrar esta reforma como un adelanto democrático y de apertura política entre los partidos de la oposición y el panorama internacional.

Reforma jurídica
Durante el tiempo que lleva en el cargo, Medvedev ha concentrado gran cantidad de esfuerzos en la lucha contra la corrupción, uno de los problemas esenciales de Rusia. El investigador jefe de la Fiscalía General del Estado, Alexander Bastrykin, afirma  que en 2007 se detectaron 10.500 casos de corrupción, y la tendencia es que la cifra siga subiendo. Poco después de su llegada al Kremlin, Medvedev mandó crear un comité anticorrupción y reclamó la inmediata implantación de leyes para erradicarla y acabar con la cultura del soborno. El sistema está tan implantado que algunos miembros de la oposición opinaron que la medida no podría durar mucho. El ex líder del partido reformista Yabloko, Grigori Yavlinski, dijo que 'En Rusia, la corrupción es un sistema que garantiza estabilidad al país. ¿Cómo puede combatirse en serio?'. Yavlinski cree que la medida Medvedev tan sólo pretende desviar la atención de la corrupción a gran escala en las altas esferas mediante pequeñas iniciativas, e incluso que el Kremlin podría utilizar las investigaciones y sanciones como amenaza para los que se oponen a los designios del Kremlin.
La Duma rusa aprobó el pasado 19 de diciembre la ley que establece los principios básicos para combatir la corrupción que había exigido el presidente ruso. Medvedev encabeza personalmente el Comité Nacional Anticorrupción, asumiendo la responsabilidad en caso de que fracase. Tras su aprobación, el presidente declaró: “Ahora se trata de que la ley se aplique de manera eficaz. Una parte importante de nuestra labor es contrarrestar esta lacra'. La nueva normativa obliga a los funcionarios a informar a sus superiores y a los órganos fiscales de cualquier intento de soborno, pues de lo contrario podrían ser despedidos. La misma les podría suceder a aquellos funcionarios que presenten informes falsos o incompletos de sus ingresos y bienes, así como el de sus familiares cónyuge e hijos menores de 18 años.

 


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