Anuario 2008

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Rusia
Putin garantiza la continuidad de su política tras colocar a Medvedev en la presidencia
Moscú apuesta por un modelo multipolar como contrapeso a la hegemonía norteamericana


El pasado 12 de julio, Dimitri Medvedev, presidente de Rusia, ratificó el documento en el que se detallan  las directrices generales de la política exterior del país, así como las relaciones con Estados Unidos, Europa y la OTAN, y que mantiene la línea de acción aprobada por su antecesor, Vladimir Putin, en el año 2000. El pilar fundamental de la política exterior de Putin se centra en asegurar la seguridad nacional y la defensa de un mundo multipolar, como contrapeso del actual mundo unipolar que mantiene a Estados Unidos como el principal actor internacional, y que es fruto del fin de la división de bloques tras el colapso de la Unión Soviética. La dominación unipolar estadounidense es totalmente inaceptable para los intereses de un país que, en palabras de su ex presidente, es “el que posee el mayor territorio geográfico del mundo, es miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y todavía conserva una importante capacidad armamentística nuclear”, y que considera que debería tratar con Estados Unidos en términos de igualdad.
Respaldada por su creciente economía, el control de importantes reservas de hidrocarburos, y  su condición de potencia nuclear, Rusia ha decidido mostrar algunas de sus cartas sobre el tapiz internacional disciplinando su patio trasero y abriendo nuevos contactos diplomáticos con países latinoamericanos, y ha dejado clara su oposición a la expansión de la OTAN hacia Europa del Este, y su rechazo a la instalación del escudo antimisiles cerca de sus fronteras.

Disciplina su patio trasero
Moscú no tolerará que ningún país extranjero interfiera en los asuntos de los miembros de la Comunidad de Estados Independientes, que, para Rusia, forman parte de su área de influencia directa. Así quedó patente tras la contundente derrota del Ejército georgiano en agosto, cuando las fuerzas rusas atacaron el país en apoyo a las regiones secesionistas de Osetia del Sur y Abjasia, que habían sido invadidas por Georigia.
A pesar de su brevedad, fue un conflicto de gran repercusión internacional. Supuso una demostración de fuerza por parte de los rusos, que dejaron claro que el Kremlin no descarta el uso de la fuerza para impedir que Georgia acepte la oferta estadounidense de adhesión a la OTAN.  Para algunos analistas internacionales, entre las causas hay que añadir el reconocimiento de Kosovo –que era una región de Serbia, aliado tradicional de Rusia en la zona– como Estado independiente por parte de Estados Unidos, lo que no agradó a Moscú, pues afecta a sus intereses en los Balcanes y que se llevó a cabo de manera unilateral por Estados Unidos sin consultar al Consejo de Seguridad de la ONU, en el que Rusia tiene derecho a veto.
La guerra de Georgia llevaba implícito un mensaje disuasorio para Ucrania, con la que Rusia ha mantenido un conflicto en el plano económico durante 2008, para desestabilizar políticamente el país y frustrar sus intentos de integración en la Unión Europea, y a la que Estados Unidos también había ofrecido sumarse a la OTAN. Ese conflicto con Kiev, conocido como guerra del gas, ha mantenido a rusos y a ucranianos envueltos en una disputa constante por el precio del gas, y el pago a Rusia de las deudas acumuladas por Ucrania por el suministro de gas de los últimos meses de 2007 y los primeros de 2008.
Para reafirmar su hegemonía en Cáucaso y Asia central, Medvedev ha consolidado las directrices de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) de la Comunidad de Estados Independientes, que se reunirá exclusivamente en Moscú y será presidida por Dimitri Medvedev. La OTSC plantea un refuerzo militar de sus componentes y un apoyo unánime a las decisiones rusas en el ámbito de la política exterior, según anunció Medvedev. Rusia comunicó abiertamente que la OTSC proyecta convertirse en un bloque militar, similar –y oponiéndose– a la OTAN.

El vecino Occidente
Las relaciones de Rusia con Occidente en 2008 se han visto claramente marcadas por la evolución del despliegue del escudo antimisiles en Europa del Este. La situación se volvió especialmente tensa después de que el 8 de julio, el Parlamento de la República Checa ratificara el acuerdo alcanzado con Estados Unidos para instalar un radar que formará parte del sistema defensivo, y que servirá para detectar eventuales lanzamientos de misiles enemigos. El sistema se complementa con baterías de cohetes de interceptación, una de ellas instalada en Polonia. Esta situación desagrada profundamente  a Moscú, que lo percibe como una amenaza directa, y apenas unas horas después de la ratificación checa, el ministro de Exteriores ruso anunció que si el escudo antimisiles norteamericano estaba cerca de sus fronteras, se verían obligados a reaccionar, no por medios diplomáticos, sino con métodos militares.
La participación del presidente ruso en la cumbre del G-8 –foro que reúne a los dirigentes de los siete países más industrializados del mundo y Rusia– celebrada en Tokio entre el 7 y 2l 9 de julio, sirvió como escenario para el primer encuentro de Dimitri Medvedev con el presidente norteamericano, George W. Bush. El encuentro duró poco más de una hora, y a su salida Medevedev dejó claro ante los medios de comunicación que no se había llegado a ningún acuerdo para solucionar sus discrepancias por el escudo antimisiles.
Los intereses estadounidenses difieren abiertamente de los de Rusia, por lo que tampoco pudieron llegar a un acuerdo en las conversaciones que tuvieron lugar en Ginebra el pasado mes de noviembre, en las que debía acordarse la renovación del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START). Este acuerdo fue suscrito en julio de 1991 entre la Unión Soviética y EE.UU, que se comprometieron a reducir su arsenal de cabezas nucleares de 10.000 a 6.000, y que vence en diciembre de 2009.
En lo que concierne  a Europa, Rusia prefiere mantener una relación menos tensa que con los norteamericanos, ya que posee estrechos vínculos económicos con algunos de sus Estados miembro. Rusia suministra una cuarta parte del gas que consume Europa, que actualmente se encuentra en una situación de dependencia de los hidrocarburos rusos que resulta incómoda para Europa. La UE pretende reducir esta dependencia diversificando su suministro de gas; para ello, se ha embarcado en un proyecto conjunto con Turquía para construir un nuevo gasoducto, Nabucco, que le permitiría recibir gas desde el Cáucaso sorteando a Rusia, y que no estará operativo antes del 2013.
En respuesta, Rusia ha acelerado la construcción de los gasoductos North Stream, que deberá llevar gas ruso a Alemania por el fondo del mar Báltico, evitando el territorio de Polonia y Ucrania, así como la construcción del South Stream, que permitirá la llegada de gas de Rusia al centro y sur de Europa atravesando el Mar Negro hasta los Balcanes. El objetivo es que ambos estén operativos antes que el Nabucco, para perpetuar y aumentar la dependencia energética europea. Con la misma finalidad, el Kremlin reunió en Moscú  el pasado 23 de diciembre para formalizar los estatutos del Foro de Países Exportadores del Gas.
Uno de los últimos conflictos abiertos entre Rusia y Occidente es la disputa por el control de los recursos energéticos que hay bajo del subsuelo del Océano Ártico. El pasado 28 de mayo se celebró en Dinamarca una cumbre en la que se iniciaban por primera vez conversaciones para repartirse el fondo del Ártico que se calcula que alberga una cuarta parte de las reservas petrolíferas del planeta. En esta empresa se enfrenta a Estados Unidos, Canadá, Noruega, y Dinamarca que igual que los rusos reclaman la región ártica amparándose en La Convención sobre el Derecho del Mar de Naciones Unidas.

Rusia explora las Américas
El Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) celebrado el 23 y 24 de noviembre en Lima, capital de Perú, supuso la escala inicial de la primera visita oficial de Medvedev a Latinoamérica. Con la gira por Perú, Brasil, Venezuela y Cuba del presidente ruso, Moscú ha plantado firme su pie en América Latina con la mira puesta en una nueva estrategia 'geopolítica', como aseguró el propio Medvedev desde Cuba. Suramérica y el Caribe no sólo representan un amplio espacio de negocios, sino también la posibilidad de asentar posiciones en el tradicional 'patio trasero' de Estados Unidos, en respuesta a los planes de Washington de instalar parte de su escudo antimisiles en el antiguo espacio soviético, y la ampliación hacia el Este de la OTAN.
En Perú, país que ningún otro presidente ruso había visitado antes, Moscú suscribió durante su estancia en Lima un acuerdo por el que Rusia reparará algunas aeronaves peruanas adquiridas a la ex Unión Soviética. Además, las autoridades peruanas dejaron claro su deseo de tener unas relaciones militares más estrechas.
En Brasil, junto al presidente Luiz Ignacio Lula da Silva, Medvedev consolidó la cooperación técnico-militar y en el área espacial. Ambos mandatarios también acordaron estimular la realización de 'grandes inversiones mutuas' así como la formación de empresas conjuntas ruso-brasileñas para la prospección y exportación de hidrocarburos.

Un socio preferente en el caribe
Venezuela se ha convertido en el socio más importante de Rusia en la zona. Medvedev hizo coincidir su llegada –la primera de un presidente ruso a ese país– con la de una flota militar rusa que realizó maniobras conjuntas con la Marina venezolana entre el 10 y el 14 de noviembre.
Atrás han quedado los años en que Moscú mantuvo al presidente venezolano, Hugo Chávez, al margen y en los que “El Kremlin frenaba sus relaciones con Venezuela para no estropear las relaciones con Estados Unidos, lo que molestaba mucho a Chávez”, como explicó Vladimir Simago, vicepresidente del consejo empresarial ruso-venezolano. La preocupación por la imagen de antaño se ha disipado, y entre los planes más ambiciosos de Rusia en la zona se encuentra un acuerdo firmado con Chávez para crear un consorcio entre la compañía estatal de Petróleos de Venezuela y un grupo de empresas rusas lideradas por Gazprom y Lukoil. Ambos presidentes acordaron la creación de un banco ruso-venezolano para impulsar el sector de la construcción de infraestructuras en Venezuela, y que contaría con un capital inicial de 4.000 millones de dólares.
Entre los acuerdos suscritos entre el Kremlin y Venezuela, el que más ha incomodado a Estados Unidos, es sin duda, el de asistencia para la construcción de un reactor nuclear que Medvedev ofreció a Chávez durante su estancia en Caracas. Aunque ambos dirigentes aseguraron que el proyecto era de carácter civil, la noticia no sentó nada bien a la Casa Blanca que lo percibe como una amenaza, ya que la construcción de una central nuclear podría suponer el primer paso para un hipotético plan de desarrollo nuclear con fines militares en el futuro.
Sin olvidar la venta de armas mediante el consorcio ruso Rosoboronexport, sancionado por Estados Unidos por sus tratos con Irán. En los tres últimos años, Rusia y Venezuela, han firmado contratos por valor de más de 3.400 millones de euros, que incluyen la compra de varios cazas Su-30MKV, helicópteros de combate Mi-17, y más de 100.000 fusiles de asalto Kalashnikov. Además de la previsión de un crédito de 800 millones de euros a Venezuela para nuevas compras de armamento y el posible suministro de tanques y sistemas de defensa antiaérea.
Cuba es el otro enclave importante en la gira latinoamericana de Medvedev, porque junto con Venezuela y Rusia forma un triángulo de oposición a la influencia norteamericana en la zona.
Por ello, el Kremlin se ha propuesto recuperar la antigua relación de colaboración que mantenía con La Habana antes de la desintegración de la Unión Soviética. Ahora las relaciones ruso-cubanas se encuentran en un proceso de ampliación en frentes de mutuo interés que permitirán a empresas rusas desarrollar labores de prospección y explotación de yacimientos de crudo en la zona cubana del golfo de México. Por su parte, Cuba se beneficia de las ayudas económicas ofrecidas por Rusia, ya que en noviembre Moscú le concedió un crédito estatal de 335 millones de dólares para la adquisición de mercancías y servicios rusos.

 


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