Anuario 2008

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Líbano
Seis meses acéfalos casi conducen al país a una segunda guerra civil
En busca de la prosperidad perdida


Al país del cedro, hasta los años 70, se lo conocía como la Suiza de Oriente Medio, debido a la prosperidad económica del país y al statu quo religioso y político del que gozaba. La prosperidad económica se vio descoyuntada- por la guerra civil que vivió el país durante 15 años. El statu quo se intentó recuperar tras los acuerdos de Taef (en 1989), que pusieron fin a la devastadora guerra. En ellos se restableció el sistema político confesional.

Líbano es un país de casi cinco millones de habitantes donde coexisten dos grandes religiones; la cristiana y la musulmana --el 35% y 65% de la población, respectivamente--. En ambas doctrinas existen numerosas fragmentaciones; conviven hasta 18 confesiones diferentes. La Constitución libanesa establece que a cada comunidad le corresponde el control de una determinada área de poder --el presidente ha de ser cristiano maronita; el primer ministro, musulmán suní; y el presidente del Congreso, musulmán chií. En Taef también se aumentó el número de diputados a 128, compartidos a partes iguales entre musulmanes y cristianos, para garantizar la igualdad entre religiones.
 
El origen de la crisis que sufrió este año Líbano se remonta a 2005, cuando asesinaron al ex primer ministro Rafik Hariri, antisirio reconocido. Desde la guerra civil, las tropas israelíes y sirias se habían mantenido en terreno libanés. Siria había llegado en 1975 para respaldar al Ejército Libanés en su lucha interna --marcada por las confrontaciones confesionales y políticas-- y externa –contra Israel--. En 2000, los israelíes se retiraron; por el contrario, los sirios se quedaron. En 2004, la resolución 1559 del consejo de Naciones Unidas estableció la retirada de las tropas extranjeras de Líbano. La presión internacional para que Siria abandonara el país de los cedros cada vez era mayor.
 
Cuando asesinaron al ex primer ministro Rafik Hariri en 2005, Siria fue acusada de manipular a la oposición antioccidental para cometer el asesinato. La respuesta social fue inmediata. Los partidos de la mayoría, entre ellos Movimiento Futuro cuyo líder era el recién asesinado Hariri y el Partido Socialista Progresista encabezado por Walid Jumblatt, apoyados por las comunidades suníes, drusas y cristianas se manifestaron para exigir la retirada de las tropas sirias. En esos días se registró la manifestación multitudinaria más grande del país. El asesinato de Hariri significó el fin a una ocupación siria de tres décadas y provocó la división del Parlamento en dos bandos: el prosirio y el prooccidental. Además, las tensiones y las rivalidades político-religiosas condujeron a una espiral de violencia que todavía hoy se mantiene.

 


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