Anuario 2009

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Elecciones parlamentarias bajo la estela de los atentados de Bombay


Acciones contra el cambio climático


Una de las cuestiones que ha tenido que hacer frente este año el “premier” indio, Manmohan Singh tiene relación con el cambio climático. El 7 de diciembre se celebró la Cumbre de Copenhagen (Dinamarca) sobre el cambio climático en la cual participaron 192 países, entre ellos India. Esta cumbre estaba ligada a una serie de reuniones organizadas por las Naciones Unidas que se empezaron a gestar en Bali en 2007 y que pretendían sentar las bases para reemplazar el Protocolo de Kyoto de 1990, el cual expira en 2012. El pacto de Kyoto es un acuerdo internacional sobre el cambio climático que pretende reducir las emisiones de seis gases –entre ellos el dióxido de carbono (CO2)– que provocan el calentamiento global e influencian de forma negativa en el medio ambiente. Aunque India firmó este pacto en la década de los noventa, no se vio limitada ni obligada a reducir sus emisiones, ni tampoco a tomar medidas drásticas para ello, al igual que China. Se consideraba que el poco desarrollo de sus economías y de sus industrias no tenían el suficiente efecto sobre el cambio climático como para tener que cumplir unos objetivos obligatorios; en cambio, sí eran dos naciones con más probabilidad de sufrir los efectos del cambio climático. Todo lo contrario que la mayoría de países occidentales que firmaron el protocolo, que sí se vieron obligados a cumplir una serie de objetivos de reducción de emisiones.
Veinte años más tarde, las reuniones para el nuevo acuerdo post-Kyoto parecen dar especial protagonismo a los países que se encuentran en vías de desarrollo, sobre todo a India y a China.  Ambos países son actualmente dos potencias emergentes a gran escala. En poco más de una década han gozado de tal auge económico que actualmente se sitúan en el tercer (China) y cuarto puesto (India) en el ranquin de economías mundiales, justo por detrás de la Unión Europea (considerada como un solo bloque) y Estados Unidos. A la buena situación económica hay que sumarle que India y China son los dos países más poblados del mundo y sus poblaciones superan los mil millones de habitantes. El auge de ambas economías ha provocado, en las últimas dos décadas, una rápida expansión de la industria y del sector servicios, el éxodo masivo del campo a la ciudad y, como consecuencia, una apertura a la economía de mercado basada en la industria, el comercio, los servicios y el consumo. En el caso de India, un ejemplo de este auge económico es Bombay. La capital financiera india es la tercera ciudad del mundo en número de inmigrantes procedentes del campo, por detrás de Lagos, en Nigeria, y Dhaka, capital de Bangladesh. Según estima la ONU, Bombay recibe una media de 616 personas diarias procedentes del campo y es, actualmente, la quinta ciudad más poblada del mundo, con casi veinte millones de habitantes. A consecuencia de estos factores económicos y sociales India se ha convertido en el quinto mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero que significan el 5% de la contaminación mundial. Además, la ONU predice que las emisiones en India crecerán de forma considerable en las próximas décadas, ya que la población llegará a
1.700.000 personas en 2050, convirtiéndose así en el país más habitado del mundo, según predicciones de la misma organización.
Desde el inicio de las reuniones promovidas por la ONU en 2007, India ha recibido presiones por parte, sobre todo, de Estados Unidos y de la Unión Europea para que se comprometa a reducir de forma drástica sus emisiones contaminantes. Las diferentes reuniones celebradas este año antes de Copenhagen, como la cumbre de Bonn (Alemania), Bangkok (Tailandia) y Barcelona (España), debían servir para establecer pactos, negociaciones y planes que deberían mostrar, en diciembre, en la capital danesa. Ninguna de las tres reuniones se consideró oficialmente un éxito. Uno de los múltiples motivos es que las potencias emergentes, entre ellas India, no ven con buenos ojos que hayan de reducir sus emisiones de CO2, entre otros gases, mientras se encuentren en vías de desarrollo y en pleno auge económico. En noviembre de este año, cinco miembros del G-77 –grupo formado por 130 países en vías de desarrollo con la intención de cooperar mutuamente–, India, China, Brasil, Sudáfrica, Brasil y Sudán (presidente de turno del G-77), se reunieron en Pekín para adoptar una postura común de cara a la cumbre de Copenhagen. Los cinco países aseguraron en un comunicado conjunto que los países ricos son los responsables de los cambios que actualmente sufre el medio ambiente y que, por lo tanto, son ellos quienes tienen que tomar las medidas más significativas antes de que lo hagan los países menos ricos. Además, pidieron también que, en el caso que las potencias emergentes acepten reducir sus emisiones, han de ser los países más desarrollados  los que financien la tecnología y los recursos para adaptar las industrias de países menos desarrollados.
A pesar de estas advertencias a los países ricos, China, por su parte, ya había anunciado recortes en sus emisiones días antes de la reunión en Pekín. En su caso, ofreció la posibilidad de reducir entre el 40% y el 50% de su intensidad de CO2 (cantidad de CO2 por unidad de producción económica o empresa) hasta 2020 en relación a los niveles de 2005. India, por otra parte, se mostró más recelosa y menos ambiciosa. No fue hasta el 3 de diciembre, cuatro días antes de la cumbre de Copenhagen, que India anunció sus medidas, siendo la última de las grandes economías en ofrecer sus objetivos de reducción. El ministro de Ambiente indio, Jairam Ramesh, ofreció la posibilidad de reducir entre un 20% y un 25% la intensidad de CO2 para 2020, a partir de los niveles de 2005. De todos modos, aunque India se haya mostrado recelosa a colaborar en reducir sus emisiones, espera que salga un acuerdo sólido de la cumbre de Copenhagen ya que el país asiático es vulnerable a las consecuencias que puede provocar un cambio en el clima global como la desertización o la subida del nivel del mar, entre otros. Los desastres en países vecinos de India también podrían perjudicarla. El caso más significativo sería Bangladesh que, con una población de 160 millones de personas, es un país muy sensible a la subida del nivel  del mar, lo que podría provocar la desaparición de tierras y una ola masiva de refugiados hacia India.


 


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