Anuario 2009

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Afganistán
Karzai llega a la presidencia acusado de fraude mientras que Estados Unidos no ve salida al conflicto  


Pakistán como la solución del conflicto



El 22 de enero de este año el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, nombraba a Richard Holdbrook, ex embajador estadounidense de las Naciones Unidas, como representante de la Casa Blanca tanto en Afganistán como en Pakistán. No es que Obama quisiera escatimar en personal, sino que consideraba que el conflicto afgano ya no se libraba sólo en Afganistán, sino que se había extendido más allá de sus fronteras. Ahora, entraba en juego Pakistán.
La insurgencia talibán tiene sus principales bastiones en la frontera entre estos dos países, principalmente en la Zona Tribal de Administración Federal (FATA), una unidad administrativa de Pakistán que hace frontera con el este de Afganistán y que está poblada principalmente por pastunes –la etnia mayoritaria de los afganos–. Muchos de los talibanes instalados en la zona son aquellos que huyeron en 2001 de la invasión estadounidense de Afganistán, que provocó la caída del régimen talibán.
La mayoría del territorio pakistaní –igual que en Afganistán– está fuera del control de las autoridades políticas, que no ejercen su poder más allá de la capital, Islamabad. Talibanes, “señores de la guerra” y jefes tribales se reparten el resto del territorio. La insurgencia talibán es quien mantiene el control de la frontera con Afganistán, que sirve de plataforma para sus ataques terroristas en ambos países. Además, según un informe de la ONU, la frontera se ha convertido en una de las regiones del mundo con más tráfico ilegal de armas, de material para fabricar bombas, de gente (sobre todo talibanes) y de drogas (el cultivo y el tráfico de opio es la mayor fuente de financiación de los talibanes).   
Pakistán –que posee armas nucleares– está al borde de convertirse en un “Estado fallido” debido al avance talibán. Esta situación límite en que se encuentra el país inquieta enormemente a Estados Unidos, no sólo por la presencia insurgente, sino por el futuro control de las armas nucleares, en caso que se llegara a desmoronar el Estado.
Por todo esto la Casa Blanca se ha visto obligada a ampliar su estrategia a Pakistán. Incluso ha llegado a pensar que una solución en Afganistán pasa antes por una solución en Pakistán. Así lo decía en abril Holdbrook: “Incluso si enderezamos todo en Afganistán, si conseguimos un Gobierno sin corrupción, si funciona la contrainsurgencia, nunca triunfaremos si la situación en Pakistán no se arregla'.
Estados Unidos ha instado al Gobierno pakistaní, quien mantiene un frente abierto con la India por los territorios de Cachemira, a que intensifique la lucha contra los talibanes.  El 28 de abril de este año, el Ejército pakistaní lanzaba, a petición de la Casa Blanca, una ofensiva contra los talibanes en el valle de Swat, una zona del norte del país controlada por la insurgencia desde 2007. Al cabo de un mes, el Ejército tenía controlados diferentes bastiones talibanes, pero el problema era mantener el control de la zona frente a la contraofensiva talibán. Además, después de treinta días de lucha, la ONU advertía de una posible crisis humanitaria debida a los casi dos millones de refugiados que huían de los combates.
Para Estados Unidos los esfuerzos del Gobierno pakistaní, aún con su gran ofensiva, no han sido del todo suficientes. Por ello Obama ha forzado también a lo largo del año varias reuniones con el presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari. En mayo, la Casa Blanca recibía al presidente afgano, Hamid Karzai, y al presidente pakistaní. Al final del encuentro, los tres mandatarios establecieron un pacto sin precedentes en que se comprometían en la lucha contra la insurgencia talibán. En octubre, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, visitaba Islamabad para mostrar más apoyo de Washington a Pakistán en la lucha contra los talibanes, pero también para forzar al Gobierno pakistaní a que intensifique sus esfuerzos.   
Estados Unidos no sólo ha querido apoyar a Pakistán con palabras y visitas, sino también con dinero. En octubre, Obama anunciaba que aportaría 7.500 millones de dólares en cinco años para la lucha contra la pobreza y contra el extremismo en Pakistán.

 


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