Anuario 2009

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Pakistán encara el abismo tras restaurar su democracia


India pide cuentas a Islamabad



Uno de los motivos por el cual Pakistán se había resistido a enfrentarse contra los talibanes es la importancia que el país otorga al conflicto que, desde hace más de 60 años, mantienen Pakistán e India por los territorios de Cachemira. La independencia de la India de los británicos en 1947 llevó a la escisión de Pakistán (hasta entonces parte del Gobierno británico de India) para convertirse en un Estado islámico. Los territorios de Cachemira, de mayoría musulmana, quedaron divididos entre Pakistán e India tras una guerra entre ambos países. Se estableció una frontera entre los dos países que Pakistán no reconoció. Hasta la fecha, los dos países asiáticos han librado tres guerras, una en 1971 por la independencia de Pakistán Oriental, que pertenecía a Pakistán y que actualmente es la República de Bangladesh, situada al este de la India, y dos más por los territorios de Cachemira. Actualmente, Pakistán sigue reclamando los territorios “ocupados” de Cachemira, tal y como los llaman en Pakistán. Desde la escisión, el principal rival de Islamabad ha sido, y todavía sigue siendo, India. Por este motivo, el Ejército pakistaní siempre ha priorizado, y por lo tanto ha concentrado sus tropas en la frontera india. Las presiones de Estados Unidos para que el Ejército pakistaní hiciera un cambio de rumbo y trasladara sus tropas de la frontera india a la frontera afgana no han dado sus frutos hasta este año. Pero aun con las dos ofensivas lanzadas en contra de los bastiones talibanes, el 80% de las tropas pakistaníes han seguido en la frontera india. De todas maneras, antes del comienzo de las ofensivas Estados Unidos temía que Pakistán no se decidiera a lanzar un ataque contundente contra los rebeldes talibanes. El temor de la Casa Blanca era fruto de que el grupo islamista radical Lashkar-e Toiba (Let) –uno de los principales grupos que actúan por la liberación de Cachemira– fue acusado por India de ser el autor de los atentados de noviembre de 2008 en Bombay, donde murieron 163 personas. Estos atentados despertaron el temor a que, tanto India como Pakistán movilizaran las tropas en las respectivas fronteras, tal y como había ocurrido en casos anteriores (por ejemplo, tras un ataque al Parlamento indio en 2002). Después de los atentados de Bombay, no pasó nada parecido, pero lo que sí se generó es una nueva y grave crisis diplomática entre los dos países. India suspendió el proceso de paz iniciado en 2004 con su vecino asiático y alegó que sólo lo reanudaría si Pakistán tomaba medidas contra el grupo Lashkar-e-Toiba. Después de los atentados, los momentos más críticos se dieron mientras Pakistán negaba las acusaciones de India. No fue hasta el 12 de febrero de este año que Pakistán aceptó por primera vez que los atentados de Bombay se habían gestado en suelo pakistaní. Una vez Pakistán lo reconoció, India dio paso a las reuniones. El 20 de junio, el presidente pakistaní, Asif Ali Zardari, y el primer ministro indio, Manmohan Singh, se reunieron por primera vez tras los atentados. Un mes más tarde, los respectivos ministros de Asuntos Exteriores se reunieron en Egipto, con motivo de la cumbre del Movimiento de Países No Alineados; y en septiembre ambos ministros se volvieron a encontrar en Nueva York. Ninguna de estas reuniones sirvió para reanudar el proceso de paz, pero sí para mantener un clima lo menos tenso posible entre ambos países y, sobre todo, para que India presionara a Pakistán para que juzgue a los terroristas y tome medidas contra el LeT. Por el momento, parece que Pakistán ha dado un primer paso: el 25 de noviembre de este año, el tribunal antiterrorista de Rawalpindi, ciudad vecina de Islamabad, acusó a siete pakistaníes –entre ellos al líder del LeT– sospechosos de participar en la planificación de los atentados de Bombay y anunció que empezaría a juzgar a los acusados, que se declararon no culpables, el 5 de diciembre. 

 


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