Anuario 1999

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Nigeria
Nigeria empieza un viaje hacia la democracia con serias fracturas internas
Un baño de sangre étnico

Aparte de la restauración de la democracia, el pasado año 1999 será recordado en Nigeria como uno de los peores en lo que se refiere a violencia étnica. No hay una cifra oficial de muertos, pero se barajan estimacio-nes que van desde las 600 a las 5.000 personas muertas. La base de todo el embrollo étnico viene de los años de la descolonización, ya que los británi-cos crearon un país con tres etnias rivales y domi-nantes, y un largo rosario de pequeñas comunidades que hablan más de 200 lenguas. El caos étnico es tal que las luchas de poder se producen entre las misma etnias, entre etnias y Lagos, entre etnias y gobiernos federales, o entre etnias y compañías petroleras. Los especialistas dividen el país en dos partes: un norte musulmán de etnia hausa tradicionalmente vinculado al Ejército y al poder, un este cristiano donde los ibos extraen la mayor parte de producción de petróleo, y un oeste también cristiano y con predominancia de yorubas. Las diferencias entre el norte y el sur de Nigeria son abismales, hecho que dificulta todavía más la mentalidad de nación única. La zona costera, urbana, rica y pobladísima, ha estado toda su historia reciente gobernada por hausas del norte que han cortado de raíz todo intento secesionista. La parte septentrional , islámica en su totalidad, tiene una mentalidad de Estado unitario, mientras que en el sur predominan las ideas independentistas y se ve a los vecinos musul-manes como el origen de todos los males. Durante 40 años, la rivalidad norte-sur ha ido en aumento, un norte que controla el poder y saca el petróleo del delta de Níger, sin que muchas veces la población de este territorio vea un ápice de los beneficios que genera. Pero aparte de la rivalidad norte-sur, existe un auténtica retahíla de conflictos étnicos en todo el país entre multitud de comunidades enfrentadas dramáticamente entre sí, ya sea por agua, comida, religión, poder, envidias, venganzas o petróleo. Estos choques son los que han provocado la mayor parte de muertes violentas en Nigeria los últimos años. Todo ello hace pensar que el futuro de Nigeria como Estado pasa por conseguir una mínima mentalidad de nación entre las diferentes etnias que evite la disgregación del país. Para ello será necesario un mayor respecto gubernamental a las diferen-tes comunidades y una distribución de la riqueza más justa y equilibrada. Un hecho relevante sucedió en octubre de 1999 en el estado norteño de Zamfara, donde la población votó por mayoría imponer la Sharia, la ley coránica, a pesar de que Nigeria oficialmente es un Estado secular. "Es la hora de que los musulmanes despertemos. La Sharia hará que desaparezca el alcoholismo, la prostitución, el juego y las drogas, los delitos repugnantes incluso para la legislación común", rezaba un periódico del Estado de Gusau, que también informaba de que la ley corá-nica sólo se aplicará a la población musulmana. El presidente Obasanjo no se opuso a la medida, que provocó las iras del sur cristiano, y las simpatías de otros tantos estados septentrionales, que ven en el caso de Zamfara un posible precedente de la islamización del África negra.
 


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