Anuario 2000

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La falta de consenso entre los miembros de la CEI afianza el liderazgo de Rusia
Los bálticos se esfuerzan por integrarse en la UE y olvidar su pasado soviético

Las miradas de las tres repúblicas están puestas en Europa a la vez que intentan desmarcarse de todo lo relacionado con la extinta Unión Soviética, y han exigido a Moscú indemnizaciones monetarias por los daños causados a las empresas y al Estado durante los cincuenta y cinco años de ocupación soviética. Este año, los países bálticos han concentrado todas sus energias en asistir a conferencias comunitarias y superar las inspecciones que les permitirán acceder definitivamente a la Unión Europea.

Estonia, Letonia y Lituania son las regiones que registran el menor PIB per cápita de todos los candidatos a ingresar en la UE, pero van hacia un "crecimiento duradero", según la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, porque ya se han recuperado de los efectos de la crisis financiera rusa de 1998, ha crecido el PIB, se ha reducido su deuda pública, la inflación anual es estable y el déficit presupuestario es de un 2% del PIB. En esta carrera por ver quién consigue ingresar antes en la UE, Estonia ya ha cerrado sus negociaciones con la UE en cuatro capítulos y doce temas en un período mucho más corto que los demás candidatos.



Minorías rusas

Estos tres países, que quieren modernizarse mediante la política de privatizaciones, todavía deben superar sus problemas con las minorías étnicas heredadas de la ex URSS. En Estonia hay un 64% de estonios, en Letonia sólo el 57% son letones y en Lituania el 81% de la población son lituanos.

Lituania es el país que ha progresado más en la consolidación de un sistema político de partidos, porque el país es más homogéneo étnicamente. En las elecciones de octubre ganó la Coalición Socialdemócrata de Algirdas Brazauskas con un 31% de los votos. Sin embargo, en Letonia hay un conflicto étnico porque los rusos representan un 30% de la población frente al 57% de letones. El bloque nacionalista es el que controla el país, ya que muchos de los rusos todavía deben superar las duras pruebas de naturalización impuestas por el Gobierno para poder votar. El Gobierno letón es una coalición de cinco partidos de centro-derecha encabezado por el primer ministro, Andris Berzins.

Los países bálticos han intentado que la población rusófona abandonara estas repúblicas. Ante esta situación, el Gobierno de Rusia planteó en el Comité de Ministros del Consejo de Europa la cuestión de los derechos de la población rusa en Letonia y Estonia porque cree que están menospreciados. La tensión se acrecentó cuando la presidenta letona, Vaira Vike-Freiderga, hizo unas declaraciones para la cadena BBC con un marcado tono antirruso mostrando la tensión existente entre estos dos colectivos.

Vike-Freiderga cree que Moscú quiere desestabilizar la región para provocar un "cisma" entre los países bálticos y volverlos a su esfera de influencia. También propuso que los rusos que no se integren en la sociedad letona regresen a su patria. Las circunstancias de la población rusófona en Letonia ha sido siempre uno de los puntos de fricción entre Riga y Moscú, que nunca ha visto con agrado la naturalización de los rusos de origen.

Las tensiones no acaban aquí, porque los países bálticos siguen juzgando a los colaboradores del nazismo. Letonia fue ocupada por los soviéticos pero también por los nazis antes de la Segunda Guerra Mundial y la población estuvo dividida en dos bandos. Todavía hay un gran conflicto ideológico sobre quién pertenece a cada bando porque aunque los héroes oficiales sean los soldados partidarios de los soviéticos, el 30 por ciento de la población letona defiende a los veteranos del nazismo.


 


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