Anuario 2002

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Asia Central
Asia Central
El año en que Estados Unidos se asentó en el patio trasero ruso, chino e iraní
El “gran juego” de la energía se acelera en 2002

Cuando en 1991 la Unión Soviética acabó por desmoronarse, las repúblicas centroasiáticas se vieron en la necesidad de valerse sin la tutela de Moscú por primera vez en casi un siglo. Estos jóvenes países estuvieron obligados a buscar alianzas económicas en un marco que muchos de sus dirigentes desconocían, pero con unas posibilidades que Occidente no tardó en descubrir. Ya desde los primeros días de su independencia el rico subsuelo centroasiático fue anhelado por las compañías energéticas occidentales y muchos expertos se trasladaron a la zona para comprobar la capacidad de las mayores reservas de gas y petróleo del mundo aún no explotadas. Esta virginidad del territorio se debía a que, durante la época comunista, el Gobierno de Moscú, pese a construir una red de gaseoductos en la zona, había preferido explotar el petróleo de la estepa siberiana ya que su extracción era más económica.

Las primeras estimaciones sobre las bolsas de gas y de crudo fueron realmente espectaculares. Las investigaciones detectaron yacimientos petrolíferos y de gas en países como Kazajstán, Azerbaiyán o Turkmenistán, y la mayoría de ellos casi sin explotar. Las promesas de prosperidad en forma de oro negro llevó la fiebre a muchas compañías petrolíferas que, a toda prisa, empezaron a firmar acuerdos con los gobiernos de la zona y a trazar sobre mapas el trayecto de los futuros conductos energéticos. Esta “fiebre del petróleo” de los primeros años también pareció hacer enloquecer a algunos dignatarios centroasiáticos que, como el caso de Turkmenistán, que llegó a ser llamado el “Kuwait de Asia Central”, empezaron a gastar el dinero que aún no tenían en acondicionar grandes aeropuertos de mármol o infraestructuras de megápolis.

Una vez pasada la euforia inicial de encontrar un nuevo Pérsico en el mar Caspio, posteriores investigaciones hicieron que las previsiones sobre las reservas disminuyeran en cantidad y aumentaran en coste de extracción. A este hecho hay que sumar que la Rusia postcomunista empezó a despertar de la sacudida que le había supuesto la transición al capitalismo queriendo recuperar el control sobre Asia Central, y que las guerras que sacudían la zona (Tayikistán, Afganistán o la guerrilla islamista del MIU) hacían casi inviable el paso de la tuberías. Pese a estas dificultades, las compañías petrolíferas siguieron su carrera para introducirse en la zona. Además, la Administración norteamericana vio en Asia Central la manera de penetrar económicamente en el “patio trasero” del país que había sido su enemigo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y una manera de disminuir su dependencia de las “petromonarquías” árabes del golfo Pérsico, por lo que estimuló y facilitó la inversión en Centroasia.

Partiendo de esta realidad, y comprobando que la nueva Rusia capitalista caía cada vez más en el caos y no podía igualar las ofertas norteamericanas, Estados Unidos empezó a negociar con las jóvenes repúblicas de la zona para trazar la ruta de las tuberías que más le convenía. De esta manera la Administración estadounidense no dudó en contactar con los gobiernos de la zona, que se movían de regimenes de culto a la personalidad, en el caso de Turkmenistán, a la dictadura medieval islámica de los talibán en Afganistán. El caso afgano es una muestra de lo que ocurrió en la zona ya que, aunque el país permanecía en guerra, los norteamericanos vieron que los talibán eran la única facción del conflicto capaz de controlar el territorio y garantizar el paso de las tuberías.

Estos contactos iniciados por la Administración norteamericana con las “dictaduras razonables” de Asia Central, pretendían una buena predisposición para que las compañías petrolíferas estadounidenses operaran en Asia Central favoreciendo así los intereses de EE.UU. A cambio, estos países recibirían suculentas inversiones y el apoyo de la única superpotencia que había quedado en el mundo. Así pues, la estrategia norteamericana para la región estaba clara, acceso directo a las fuentes de energía y que éstas no beneficiasen a sus rivales en la zona: Rusia, Irán y China. Estos tres países también se movieron para acceder a la energía de subsuelo centroasiático. Rusia aprovechó la fuerte presencia de población rusa en las repúblicas ex soviéticas –la mayoría trabajadores cualificados- para presionar a estos vecinos; China constituyó el conocido como Grupo de Shanghai (Kazajstán, Tayikistán, Kirguistán, Uzbekistán, Rusia y China) para potenciar el comercio de sus productos en la zona. Pese a todo, el país que mejor movió los hilos, a parte de Estados Unidos, fue Irán, que pretendía acceder a las fuentes centroasiáticas para poder competir contra las “petromonarquías” árabes sunies, y llegó a construir un gaseoducto con Turkmenistán que actualmente proporciona gas al norte del país, pero que Teherán tiene la intención de alargar hasta el golfo Pérsico para distribuirlo al resto del mundo.

Pero a pesar de los intentos de los tres países, la estrategia norteamericana estaba más avanzada. Las rutas para llevar la energía centroasiática al mundo estaban ya establecidas, y ninguna de ella contemplaba pasar ni por Rusia, ni China ni por el Irán del “Eje del Mal”. La Administración estadounidense tenía previsto sacar el gas turkmeno con un enorme gaseoducto de 1.460 kilómetros que saldría de los campos de Dauletabad-Domenmez (Turkmenistán) hacia la ciudad portuaria pakistaní de Karachi pasando por el Afganistán de los talibán. El otro trayecto, el que abriría el petróleo kazajo al mundo, tendría como primera fase la construcción de un oleoducto bajo el mar Caspio desde Kazajstán hacia las reservas petrolíferas de Azerbaiyán y de allí a Georgia y al puerto turco de Ceyhán.

Aunque estos planteamientos estaban muy adelantados, un hecho inesperado hizo que Estados Unidos y las demás potencias con intereses en la zona tuviesen que forjar nuevas alianzas. Los atentados de 11-S en Nueva York hicieron que los talibán de Afganistán pasasen a ser, de un régimen semienemigo al que se le exigía, sin mucho ímpetu, respeto a los derechos humanos, a convertirse en el país malvado y culpable de proteger al enemigo público número uno de Estados Unidos. Así pues, la nueva situación internacional nacida tras el 11-S llevó a norteamerica a tener que encontrar nuevos aliados en Afganistán entre la oposición a los talibán, que hasta el momento habían sido casi ignorada. Aún así, esos nuevos aliados, tenían que que garantizar el mismo trato que poseía la Administración estadounidense con los estudiantes coránicos.

Con los bombardeos de noviembre y diciembre de 2001, los talibán y sus huéspedes de Al-Qaeda huyeron a las montañas del país y la Administración Bush auspició la subida del proccidental Hamid Karzai al poder en Afganistán. Con este nuevo escenario internacional -que significó la presencia militar indefinida de EE.UU. en la zona- los actores de "Gran Juego" tuvieron que apresurar sus acciones para no perder la carrera. Rusia empezó una ofensiva diplomática en Centroasia durante 2002 para intentar no perder la zona frente Norteamérica, y requirió una cumbre de los países ribereños del Caspio para delimitar su rico subsuelo. China convocó varias veces al Grupo de Shanghai desde el mismo momento de los atentados del 11-S e Irán reanudó los contactos con la nueva Administración afgana, prácticamente interrumpidos desde la llegada de los talibán al poder, en 1996.

La Cumbre del Mar Caspio, finalmente, se convocó en abril de 2002 con la intención de delimitar los yacimientos energéticos del mar, que era una de las cuestiones no resueltas tras la independencia de las repúblicas ex soviéticas. A esta cumbre asistieron todos los países ribereños del Caspio (Rusia, Azerbaiyán, Kazajstán, Irán y Turkmenistán) y enfrentaba posturas encontradas de cómo había que solucionar el problema. Por una parte, estaba la postura rusa, que abogaba por un reparto proporcional del subsuelo Caspio teniendo en cuenta los kilómetros de costa de que disponía cada país. Esta idea beneficiaba claramente a los intereses del Kremlin ya que los dos países con más kilómetros de costa (Azerbaiyán y Kazajstán) son también los más ricos en petróleo y los que tienen mayor población de origen ruso en su territorio (en Kazajstán llega a casi 40% del total). Por otra parte, la estrategia iraní consistía en llegar a un acuerdo con los demás países por el que el reparto del mar fuese idéntico para cada país o una explotación conjunta de los recursos. De esta manera Irán pretendía asegurarse un parte del "pastel" del Caspio, ya que es el Estado con menos kilómetros de costa, y en los que se ha detectado menos yacimientos energéticos. Finalmente, la cumbre del Caspio finalizó sin ningún acuerdo entre los países, con lo que Rusia respondió con las maniobras militares de mayor envergadura en la zona desde la descomposición de la URSS.

A pesar de este fracaso en la cumbre, Rusia no se quedó quieta para ver cómo Norteamérica avanzaba en la zona. Como no pudo llegar a un acuerdo global con los países ribereños del Caspio, la diplomacia rusa empezó a dialogar con cada país de manera separada y, a finales de verano, consiguió acuerdos con Kazajstán y Azerbaiyán para delimitar sus aguas territoriales, una manera de repartirse el Caspio según los kilómetros de costa de cada país. Estos acuerdos bilaterales no han sido reconocidos por Irán.

Pese a esta ofensiva diplomática de los rusos, Estados Unidos siguió con su estrategia y el deseado gaseoducto desde el Turkmenistán pronto pasó, de ser un proyecto, a una realidad cuando los países implicados se pudieron de acuerdo con la ruta a seguir. Las diferentes reuniones entre los tres países (Turkmenistán, Afganistán y Pakistán), a lo largo del año 2002, llegaron a buen puerto y tras diferentes aplazamientos está previsto que la firma del acuerdo se realice los días 26 y 27 de diciembre en Ashgabat, capital de Turkmenistán. El coste de dicho conducto se calcula que alcanzará los dos mil millones de dólares, por lo que los tres países por los que pasará (Turkmenistán, Afganistán y Pakistán) ya han reclamado el apoyo del Banco Asiático para el Desarrollo (BAD) y de compañías petroleras como las norteamericanas Chevron, Exxon, y Arco; la francesa TotalFinalElf; la británica British Petroleum o la holandesa Royal Dutch Shell.

El otro gran proyecto norteamericano tiene mayores dificultades para ver la luz. El mastodóntico oleoducto, de 1.674 kilómetros, desde Bakú (Azerbaiyán) hasta el puerto de Ceyhán (Turquía) debería pasar por zonas tan conflictivas corno Georgia, país casi controlado por las mafias, y por la zona del Kurdistán turco. Pese a esto, los países de la Organización para la Cooperación Económica (ECO), que engloba a siete Estados musulmanes no árabes -los pueblos túrquicos de Asia Central, Irán, Turquía, Afganistán y Pakistán- se reunieron en octubre en Estambul con el problema de las tuberías energéticas encima de la mesa. En esta reunión, Turquía -aliada estadounidense y miembro de la OTAN- desempeñó un papel clave y arrancó un compromiso de estos países para impulsar el oleoducto hacia Ceyhán, y asegurarse su influencia de las repúblicas centroasiáticas, ligadas histórica y étnicamente al Estado turco.

Por su parte Irán, pese a ser un país integrado en el "Eje del mal" estadounidense junto a Corea del Norte e Irak, ha empezado una estrategia de distensión, sobre todo con Europa. El régimen de los ayatolás también sacó provecho de la cumbre y propuso el paso de un oleoducto desde los yacimientos de Kazajstán hacia el golfo Pérsico pasando por Turkmenistán e Irán. De hecho, el régimen iraní ya ha empezado las obras de prolongación del gaseoducto que une Turkmenistán con el norte Irán, y ha iniciado la construcción de un oleoducto desde Neka (en el norte del país) hacia Teherán. Además ha firmando un memorando con Azerbaiyán para estudiar la construcción un oleoducto entre los dos países, tras superar el conflicto fronterizo que casi les lleva a la guerra en el verano de 2001.

Durante 2002, el nuevo "Gran Juego" por la energía centro asiática ha acelerado la marcha debido al vuelco en la situación provocada por las consecuencias del 11-S. Pese a esto, la situación actual podría dar otro vuelco significativo con el posible ataque angloamericano a lrak, que situaría a Estados Unidos en la posición de proporcionar seguridad al oleoducto de Ceyhán, ya que controlaría el Kurdistán irakí, y obligaría a Irán a moderar su retórica en contra de EE.UU. Se verá en 2003.


 


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