Anuario 2002

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El cono sur, en crisis
El ALCA, ¿un intento de neocolonialismo?

La movilización de la sociedad civil en Quito, Ecuador, durante la séptima reunión de ministros de Comercio del continente americano (octubre del 2002), refleja la preocupación de todo el continente por el freno del proyecto del ALCA, el tratado de libre comercio de las Américas.

Interesado en ampliar su área de influencia, el Gobierno de los Estados Unidos ha acelerado las negociaciones para conseguir un acuerdo de libre comercio (TLC) con los países de Centroamérica. El Congreso norteamericano ha autorizado a Bush para que utilice la vía rápida (fast track) en la negociación, y en enero del 2003 se organizarán formalmente los encuentros entre los líderes de los países centroamericanos y el Ejecutivo de Bush.

Estados Unidos ven en este primero acuerdo con Centroamérica, un primero paso para reactivar el ALCA. Ante la enorme crisis económica, social y política que atraviesa Suramérica, el Gobierno de Bush buscar acuerdos concretos con países para reactivar el proyecto de libre comercio de las Américas. La aprobación de la vía rápida, en medio de las dificultades en el hemisferio, evidencia la inminente suscripción del tratado porque interesa a los Estados Unidos y porque no hay una alternativa para la supervivencia de Suramérica.

Obviamente, el interés de EE.UU. no sólo se encuentra en los beneficios de la apertura de la área a su mercado, sino que más bien es para cuestiones más estratégicas: ampliando su zona de libre comercio, se situarían en puntos geoestratégicos tanto en el océano Atlántico como en el Pacífico. Y además, los norteamericanos tendrían a su disposición una gran diversidad de recursos naturales.

El comercio agrícola es el principal obstáculo para que el ALCA, el acuerdo de libre comercio de las Américas, avance. Es el punto dónde los Estados Unidos por una parte, y los países con una potente agricultura como Brasil y Argentina, discrepan. Hay un “divorcio” entre los intereses de unos y otros que pone en peligro el proyecto de el ALCA previsto para el 2005 .

La propuesta de una área de libre comercio fue impulsada por Bill Clinton en diciembre de 1994, en la primera cumbre de las Américas, celebrada en Miami. Pero desde entonces, han sido muchas las dificultades con qué se ha encontrado este proyecto.

En invierno de 1994, los jefes de Estado y de Gobierno de las 34 democracias de la región acordaron el establecimiento de esta área dónde progresivamente se eliminarán las barreras al comercio. Estas decisiones se tomaron en el marco de la Declaración de Principios y Plan de Acción de la Cumbre de Miami.

Durante la fase de preparación del ALCA se han celebrado cuatro encuentros ministeriales: el primero en junio de 1995 en Denver; el segundo en marzo de 1996 en Cartagena (Colombia), el tercero en mayo de 1997 en Belo Horizonte (Brasil) y el cuarto, en marzo de 1998, en San José (Costa Rica). Las negociaciones del ALCA se lanzaron formalmente a partir de este último encuentro en Costa Rica: los ministros recomendaron a los jefes de Estado el inicio de las negociaciones y establecieron la estructura, los principios y los objetivos del ALCA. En el mes de abril de 1998, durante la Segunda Cumbre de las Américas en Santiago de Chile, los dirigentes acordaron que el proceso sería transparente y que se tendrían en cuenta las diferencias en los niveles de desarrollo y de tamaño de las economías en las Américas, con el objetivo de facilitar la participación activa de todos los países. En la penúltima reunión, en abril del 2001, en el Québec (Canadá), los presidentes ratificaron el 2005 como fecha de entrada en vigor del ALCA, una zona con más de 800 millones de habitantes. Pero las intenciones expresadas en el Canadá no han tenido continuidad. Los Estados Unidos han adoptado una serie de medidas proteccionistas que han cerrado el mercado norteamericano a productos latinoamericanos: se ha producido el aumento de los aranceles de importación a 510 productos comerciales sensibles “sobre los cuales no hay posibilidad de acuerdo”, según los principales mandatarios latinoamericanos. Los productos en cuestión son el acero, el zumo de naranja, el alcohol, el azúcar, la carne y el tabaco, principalmente.

En este sentido, Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente electo del Brasil, apunta que “es inadmisible” el ALCA como lo plantea los Estados Unidos. El brasileño cree que es un proceso de anexión económica más que un acuerdo de libre comercio. Pero Lula debe tener presente que los EE.UU. son los mayores importadores del mundo, donde llegan el 25% de las exportaciones brasileñas. La inversión directa de los Estados Unidos en Brasil ha pasado de 19.000 millones de dólares en 1994 a 40.000 millones en la actualidad, la mitad del total que invierte a Suramérica. Junto con Venezuela, Brasil es el país más reticente al proyecto.

Como se propone en la actualidad, el ALCA es un proceso de articulación que genera subordinación. La evidente asimetría entre los países que lo conforman, hace difícil de imaginar la suscripción de un tratado de libre comercio como el que subscribieron los EE.UU., Canadá y México. La actual configuración del ALCA está claramente inspirada en el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN): una iniciativa sólo económica, y específicamente comercial, sin contraprestaciones políticas. No tiene dimensión política o cultural. El caso del TLCAN es ilustrativo: los ciudadanos mexicanos continúan necesitando pasaporte y visado para viajar a los EE.UU. y no hay una política productiva común acordada entre los tres países. El acuerdo del ALCA es asimétrico porque las naciones de América Latina y el Caribe tendrán que reducir sus aranceles y protecciones, que ya son bajas, sin saber cuáles serán las contrapartidas de EE.UU. y Canadá en aspectos claves como la agroalimentación.

La asimetría se mantiene cuando Washington pretende conservar sus mecanismos antidumping (leyes sobre las prácticas desleales en el comercio internacional) o ampliar sus exigencias en las patentes.

Si se sigue el ejemplo del TLCAN, se otorgará mucha libertad a las empresas multinacionales, y su flujo de capitales hará recortar la soberanía de cada país para regularlas. Se impondrá una nueva manera de generar reglas y normas: las empresas transnacionales quedarán desvinculadas de su país de origen y se producirá una erosión del concepto Estado-Nación.

El ALCA es una imposición de EE.UU. sobre las naciones latinoamericanas. El proyecto es visto con recelos por parte de los partidos de izquierdas y movimientos sindicales suramericanos, que ven el ALCA como un neocolonialismo: Es un plan diseñado por los sectores empresariales y gubernamentales de los Estados Unidos para ampliar y reforzar su dominio sobre los pueblos y países del hemisferio. Creen que sí el Tratado entra en vigor el 2005, la soberanía de los países y pueblos quedará seriamente comprometida, con impactos negativos no sólo en la economía y el comercio; también en las condiciones de trabajo, el desarrollo social y cultural y el medio ambiente. Es decir, las propuestas actuales del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas no garantizan que el entendimiento comercial sirva para conseguir mejoras en las perspectivas económicas de Suramérica porque se privilegia el crecimiento económico de las empresas multinacionales por delante de las necesidades humanas básicas.

Para llevar a cabo las negociaciones del ALCA se han conformado nueve grupos permanentes sobre nueve ámbitos: el acceso a los mercados; servicios; inversión; compras del sector público; resolución de conflictos; agricultura; derechos de la propiedad intelectual; subsidios, antidumping y derechos compensatorios y política de competencia.

En cada grupo participa un delegado oficial de cada país, pero el gobierno de Bush controla las negociaciones. A parte de estos grupos, hay tres comités y diferentes departamentos específicos. Los intentos de cooperación desarrollados hasta ahora, especialmente en Suramérica no han prosperado por las deficiencias y limitaciones de los propios países integrantes. El Mercosur, por ejemplo, se encuentra realmente afectado por la crisis argentina, y los otros intentos de integración económica como la Comunidad Andina de Naciones, el Mercado Común Centroamericano y el CARICOM no tienen la fuerza ni la capacidad de influencia necesaria para cambiar aspectos trascendentales como el comercio. Según el presidente electo del Brasil, Lula da Silva, sin la articulación de un bloque sólido a Suramérica, es imposible paliar los principales problemas de la zona. Líderes de opinión latinoamericanos apoyan esta idea de Lula, y ven en las alianzas estratégicas la solución a la recesión económica de la región; y apuntan algunos interrogantes que plantea el ALCA. Sí entra en vigor el acuerdo, se deberá observar cómo se tratará la deuda de los países suramericanos, cómo se protegerán las plantas productivas y los sitios de trabajo y cómo se asegurará que los Estados puedan cumplir con sus obligaciones en cuestiones como la salud, la educación y la protección del medio ambiente. Pero en especial falta ver qué medidas concretas tomará el gobierno de Bush para no favorecer el comercio desleal de los productos agrícolas beneficiados con subsidios estatales.

 


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